jueves, febrero 19, 2004

A la caza del Santo Grial
Reseña de la novela El Código Da Vinci, de Dan Brown

Esta novela había estado en las estanterías de cuanta librería he recorrido en este último tiempo. Algunas en la capital, otras en Concepción, en Rancagua y en Talca, dónde finalmente me decidí a comprarlo. Todo ello gracias a los curas católicos conservadores. Fue tanto el polvo que levantaron los señores de las sotanas negras (no tanto como el que se levantó al saber el gusto de estos bueyes viejos por el pasto tierno), criticando sin haber leído, alzando sus rosarios y cruces al viento para impedir que leyéramos, que me dije: El escritor tiene que haber puesto el dedo en la llaga. Y con sal.

Para ser honesto, no me había llamado la atención, al extremo de ni siquiera levantarlo para leer las solapas. El nombre no me decía mucho, así como tampoco el nombre del autor: Dan Brown, hijo de un matemático y una cantante de música sacra, un perfecto desconocido para quien, como yo, no es muy amigo de los best sellers. Algunos he leído, pero prefiero obras un poco más demandantes: algún clásico, algo de Chomsky, algo de ciencia ficción dura (Greg Bear) y reciente/tardíamente he descubierto a Sagan transmitiendo en frecuencias que hace ya un tiempo escucho.

El libro


La portada del libro no dice mucho: unas puertas cerradas sobre un fondo rojo con facsímiles en bermellón de la escritura invertida de Leonardo Da Vinci, y bajo ellas, la intrigante mirada de la Giocconda. Nada. La versión en inglés contiene un secreto oculto en la tapa, en forma de unas coordenadas, las que puestas en un buscador, entregarán una pista para la siguiente novela de Brown, que se cree verá la luz en 2005. No me he fijado si la edición de Umbriel (la que se vende en Chile) o la pirata tienen esta misteriosa clave oculta en su portada.



El día en que compré el libro leí finalmente las solapas, en las cuales pude informarme que Dan Brown ya ha escrito (con éste) cuatro best sellers, todos ellos basados en investigación para representar hechos y lugares con acuciosidad. En mi opinión, investigación para poder relatar acertadamente la forma en que los curadores de los museos marcan las obras que van a ser restauradas, o la ubicación de las calles en París o Londres, de forma que si un curador o un parisino/londinense leen el libro no hallen divergencias con la realidad. Pese a lo anterior, Brown escribe best sellers, al fin y al cabo.

La novela es un buen thriller. Entiéndase que thriller es sinónimo de acción y suspenso, no actividad intelectual. Brown trata el misterio mediante el recurso de ocultar/reterner información al lector, aunque no es necesario un CI muy elevado para adelantarse un poco a los acontecimientos.

No es Dan Brown un Arthur Conan Doyle moderno, ni tampoco un Hitchcock en términos del suspenso de su historia, o Neruda, en el lirismo de su pluma. El final puede ser dual: imaginado/inesperado. No es un mal final, aunque podría ser mejor; si consideramos que la próxima novela de Brown partirá donde termina El Código Da Vinci, el final tiene otro aspecto dual: final/principio.

El Código Da Vinci es pródigo en persecuciones, y bastará decir que los personajes principales son una criptóloga y un simbólogo, para entender que hay códigos, y hartos. A lo largo de la historia se tienen que ir resolviendo, entregando un acertijo que contiene en si mismo la pista para su respuesta. Invariablemente.

Casi todos los acertijos son duales: acertijo/respuesta. Las respuestas en si mismas son duales: respuesta/pregunta. Este es un aspecto de la novela que Dan Brown explota muy bien: la dualidad de las cosas. No es que los símbolos/claves/pistas sean ambívocos: por lo general su significado es uno solo, pero el símbolo/pista/clave es a la vez otra cosa, así como algunos de los personajes también son duales.


Sin embargo, y aquí empezaré a referirme al fondo, las pistas para resolver los acertijos/códigos/claves son milenarias, centenarias, y están en las obras de Da Vinci (La Virgen de las Rocas, la que está expuesta en el Museo del Louvre, y no la Galería Nacional de Londres, o La Última Cena, por ejemplo), de Newton, Disney (sí – sale mencionado), Botticelli y Victor Hugo, entre otros.

La historia


La trama del libro gira sobre la existencia del Priorato de Sión, organización que tuvo como tropas de choque a los Caballeros Templarios, y cuya misión es proteger un secreto que los hace muy poderosos; secreto que la iglesia católica quiere para sí, para proteger la integridad de una fe que hace agua por todos lados.

Esta organización secreta europea, fundada en 1099, ha sido presidida en tiempos antiguos por los notables que he mencionado anteriormente, amén de otras figuras no tan notables pero por ello no menos importantes. Sus nombres fueron conocidos cuando, en 1975, la Bibliothèque Nationale de París descubrió los documentos llamados Les Dossiers Secrets.



El secreto del Priorato es la identidad del Santo Grial, que no es un cáliz (aquel en que se supone Jesús bebió vino durante la última cena) sino una persona: María Magdalena. Y aquí es donde las sotanas se agitaron, los curas alzaron sus breviarios, y no me cabe duda que algunos incluso convulsionaron en un éxtasis paranoide, temiendo una conspiración (ya que está de moda) del ateismo y laicismo internacionales para desprestigiar a la iglesia católica. Nótese que la escribo con minúsculas.

María Magdalena fue la esposa de Jesús, y con Jesús tuvo hijos e hijas. María Magdalena no era puta, sino que la iglesia católica desprestigió de esta forma la imagen femenina, desterrando de esta forma a la mujer en la nueva (en ese entonces) religión, hasta los días de hoy. Esta religión, creada por un emperador romano, amalgamando ritos y creencias de religiones mucho más antiguas y de distinta procedencia, fue diseñada a medida para unificar un imperio que se caía a pedazos.


Paréntesis


Tengo que hacer un paréntesis, y referirme al satanismo. Todos conocen la iconografía del satanismo: pentáculos, altares de piedra, personas en túnicas negras, antorchas, ritos circulares. Todos se imaginan que el diablo tiene pezuñas, y cachos, y barba, y porta un tridente. Todo esto es, para resumir en una sola palabra todos estos conceptos, pagano.

¿Qué es pagano? Pagano viene de la palabra latina pagan, que significa campesino; éstos tenían sus rituales, todos centrados en la divinidad de lo femenino, en la fertilidad de la tierra, y sus símbolos son los que la iglesia desprestigió asociándolos a la máxima expresión de maldad: Satanás, también llamado Baphomet (nombre original del dios pagano de la fertilidad). El tridente pertenece a Neptuno/Poseidón, por si acaso: no es inventado.

Así, desprestigiando la imagen de la religión que adoraba a la mujer como divinidad procreadora de vida, desprestigiando a la mujer de Jesús, la religión católica se formó en base a la premisa de que Jesús era un ser divino; la existencia de María Magdalena, casada con Jesús, y madre de sus hijos echaría por suelos la teoría del Jesús hijo de un dios, y daría pie a la más racional idea de un Jesús muy especial, pero humano al fin y al cabo, y no divino.

Reflexiones


No sé cuánto del libro es realidad y cuánto fantasía: los mismos sacerdotes (y sus respectivas alimañas) que denostan esta novela ni siquiera la han leído antes de decidir que sus corderos no deben leerla, antes de vetarla porque pareciera que el contenido no les gustará (o podría descorrerles el velo). La verdad es que esta novela no provocará que un creyente convecido o un fanático deje de lado sus creencias ni que un agnóstico sea más ateo; simplemente entrega una visión de Jesús, distinta a la monopolizada por el Vaticano. Y la tomas o la dejas.

El gran elogio que puede hacérsele a este libro, al margen de las obvias críticas, es que expone en forma amena y cautivante la existencia del Priorato y la historia de los Caballeros Templarios, la existencia de una imagen de Jesús alternativa a la que venden los curas, se da vueltas por los terrenos de la simbología en las obras de Da Vinci, la verdad de las Cruzadas (tal vez) y los diversos mitos que rodean al Santo Grial y su búsqueda. Es decir, expone un conocimiento existente y soterrado en forma accesible al pueblo.

En esencia, la historia que relata Dan Brown resulta ser una moderna búsqueda del Santo Grial, que empieza en París, se extiende a Londres y regresa a París. Insisto, no sé cuánto de lo contado es realidad, y cuánto es ficción; da la impresión de estar bastante documentado, pero para creerle completamente, falta algo muy importante: las referencias. Así que se me ocurrió mirar en el sitio web de Dan Brown: los resultados los presento al final. De hecho, las pinturas, ubicaciones, los documentos históricos y las organizaciones descritas en la novela existen realmente.



Es interesante la dualidad del libro, como vehículo de entretención/difusión, libro/puerta. Puerta para que quienes se sientan interesados por lo que los personajes del libro relatan, puedan adentrarse por su cuenta a profundizar en textos que investigan a los Templarios o que profundizan en la simbología presente en las distintas obras artísticas contemporáneas o pasadas. Incluso puedan llegar a encontrar textos acerca del contenido de los pergaminos del Mar Muerto, que también son mencionados, aunque de pasada, en El Código Da Vinci.

A pesar de (o tal vez debido a) las quejas de tanto religioso de sotana y capello, El Código Da Vinci se está volviendo un éxito de ventas. No hay que olvidar que es un producto de la imaginación del autor, y que como tal puede tener imprecisiones o errores; sin embargo es un texto que cautiva desde las primeras páginas, y se lee como una adicción. Léanlo, que nadie va a excomulgarlos por ello.

Bibliografía parcial de El Código Da Vinci

  • The History of the Knights Templars, Charles G. Addison

  • Rosslyn: Guardians of the Secret of the Holy Grail, Tim Wallace - Murphy

  • The Woman With The Alabaster Jar: Mary Magdalene and the Holy Grail, Margaret Starbird

  • The Templar Revelation: Secret Guardians of the True Identity of Christ, Lynn Picknett & Clive Prince

  • The Goddess in the Gospels: Reclaiming the Sacred Feminine, Margaret Starbird

  • Holy Blood, Holy Grail., Michael Baigent, Richard Leigh & Henry Lincoln

  • The Search for the Holy Grail and the Precious Blood, Deike Begg

  • The Messianic Legacy, Michael Baigent

  • The Knights Templar and their Myth, Peter Partner

  • The Dead Sea Bible. The Oldest Known Bible, Martin G. Abegg

  • The Dead Sea Deception, Michael Baigent, Richard Leigh & Henry Lincoln

  • The Nag Hammadi Library in English, James M. Robinson

  • Jesus and the Lost Goddess: The Secret Teachings of the Original Christians, Timothy Freke & Peter Gandy

  • When God was a Woman, Merlin Stone

  • The Chalice and the Blade. Our History, our Future, Riane Eisler

  • Born in Blood, John J. Robinson

  • The Malleus Maleficarum, Heinrich Kramer & James Sprenger

  • The Notebooks of Leonardo da Vinci, Leonardo da Vinci

  • Prophecies, Leonardo da Vinci

  • Leonardo da Vinci: Scientist, Inventor, Artist , Otto Letze

  • Leonardo: The Artist and the Man,Serge Bramly & Sian Reynolds

  • Their Kingdom Come: Inside the secret world of Opus Dei,Robert A. Hutchison

  • Beyond the Threshold: A Life in Opus Dei, Maria Del Carmen Tapia

  • The Pope's Armada: Unlocking the Secrets of Mysterious and Powerful New Sects in the Church, Gordon Urguhart

  • Opus Dei: An Investigation into the Secret Society Struggling for Power Within the Roman Catholic Church, Michael Walsh

  • I. M. Pei: A Profile in American Architecture, Carter Wiseman

  • Conversations With I. M. Pei: Light Is the Key, Gero Von Boehm

Esta reseña me la encargó mi amigo Rodrigo para el e-zine TauZero, de cuyo consejo editorial forma parte. Cómo hace algún tiempo me pidió que colaborara para TauZero, y hasta ahora, por tiempo e inspiración, no había podido presentarle mi colaboración, acepté. Repentinamente se dio la concordancia de varias circunstancias: inspiración, entusiasmo por el tema, y lo más importante: ya que este fin de semana leí la novela, tenía la materia fresca en mi cabeza.

miércoles, febrero 11, 2004

El origen del gadget

Son varias las teorías acerca del origen de la palabra gadget, que, como cualquier palabra de uso común, es extraño y a veces inverosímil. Una de estas teorías dice que un francés de apellido Gadget llegó a Estados Unidos trayendo unas pequeñas torres Eiffel, para venderlas. Como su nombre estaba escrito en la base de sus miniaturas, las que tuvieron bastante éxito, la gente empezó a llamarlas gadgets, según la marca.

Desde entonces, todo aquel objeto que es atractivo y que despierta interés por tenerlo, pero que no es indispensable para vivir es conocido por el nombre de gadget.

También se dice que viene de la palabra francesa gâchette, que significa cerrojo, pero más tarde, a fines del siglo XIX se utilizó para designar a las herramientas en general.

Hoy el término gadget es sinónimo de chiche o cachivache, siempre y cuando sea electrónico, y no sea indispensable para vivir, como un handheld, un smartphone, un cargador a manivela, solar o a viento, un lector de tarjetas múltiple, un cuchillo eléctrico con GPS, unos audífonos de cono de titanio activado por el calor del cuerpo humano o lectores de huellas digitales de bolsillo, reproductores de audio digital del tamaño de una moneda o caja de fósforos...

Para ser un gadget es necesario ser electrónico y diminuto, copado con funciones, integrado (que integre una cámara de video y de fotos, reproductor de mp3, conectividad inalámbrica, agenda, libreta de direcciones, teléfono y GPS, juegos y despertador, y que además la batería dure una semana por cada carga de 5 minutos) y caro.

domingo, febrero 01, 2004

Ecuador cobija los nombres menos comunes
por Gonzalo Guillén

Si las personas contemporáneas nacen cobijadas con el derecho a tener un nombre, de acuerdo con la Carta Universal de los Derechos del Hombre, ¿podrían entonces los ecuatorianos: Primera Comunión Bastidas, Martes Trece Santana o Cabalgata Deportiva Vera alegar ante tribunales internacionales que sus padres les causaron perjuicios de lesa humanidad?

¿Quién podrá defender a Vick Vaporoup Giler, a Osa Mayor Medranda, o a Puente Vacacional Alcívar? La respuesta podría serles de utilidad a Land Rover García, a Canegunda Isaura Santos, a Obras Portuarias Sánchez, a Chispa de la Vida Alava y a tantos otros ecuatorianos que llevan nombres que han puesto en aprietos al Registro Civil y que en ocasiones son tan estrafalarios como el más feroz de los apodos.

Algunas veces un nombre inesperado le concede fama a una persona. Pero, a primera vista, no parece favorecer mucho a doña Estatua de la Libertad Murrieta, a don Año Bisiesto Owen o a don Conflicto Internacional Loor. Los nombres estrambóticos en Ecuador proliferan en la provincia costera de Manabí, aunque en todo el país pululan, por ejemplo, los Lenin o los Estalin, las Italias, las Maribí, los Washington o los Darwin.

El periodista de Guayaquil Marcelo Marchán se ha dedicado a rebuscar centenares de nombres insólitos, esencialmente en los directorios telefónicos, y optado por realizar concursos cuyos resultados ha recopilado y editado en publicaciones de humor. No existen estudios confiables sobre la costumbre ecuatoriana de bautizar a personas con nombres como Osa Mayor Medranda, Calcomanía Pico, Aeropajita de Morcillo, Pura Gloria Alemana Ayala, o Perfecta Circunsición Hidalgo.

Algunos creen que podria existír relación con las tradiciones indígenas. Los pieles rojas de Norteamérica, por ejemplo, solían llamarse Toro Sentado o Pluma Blanca, que, en todo caso, asombran menos que Perfectísimo Dios Vera Alcívar, Alí Babá Cárdenas, Houston Texas Ponguillo Loor, Cristo Crucificado Cañarte San Andrés, Underwood Escríbano Pita o Unidad Nacional Centeno Gómez.

Muchas personas en Ecuador llevan por identidad lo que para sus padres fueron momentos inolvidables. Es el caso del señor Dos a Uno Angulo; el domingo que nació, el equipo de fútbol Real Madrid de la provincia de Esmeraldas, del que su padre era dirigente triunfó 2 - 1 sobre el San Lorenzo. La pasión ecuatoriana por el fútbol se refleja en los nombres de Justo Empate Enríquez, Campeón Invicto Rodríguez Aspiazu o Victoria Apretada Obregón Carrera.

El patriotismo se adivina en los nombres de don Ecuador Janulvomán Loor A. o su ya mencionado hermano, señor Conflicto Internacional Loor, o en don Himno Nacional Salgado Pólit. La fuerza incontenible de la publicidad subyace en doña Eveready Pilar Valencia Changa o en Burguer King Herrera Suárez. El apego a la democracia lo carga don Cabildo Abierto Guzmán Conguillo y la majestad de la justicia se enseñorea en la identidad de la señora Cadena Perpetua Vázquez Gijón.

Un incuestionable, aunque incómodo amor paterno quedó declarado en el Registro Civil con el nombre de Niña de mis Ojos Loor Chávez. A este género de afecto paterno rebosado corresponde el nombre de doña Amor de mi Vida Santana García. La jactancia varonil y el envanecimiento paternal fueron inocultables en el día del bautizo del señor Semen de los Dioses Bazurto Quezada, natural de la población de Jipijapa.

Está por verse, sin embargo, si la señora Exquisita Bendita Sánchez Navarro, y los señores Emporio Musical Viteri, Buen Amigo Moscoso Escandón y Cemento Rocafuerte Preciado han hecho honor a sus nombres. La legislación ecuatoriana no pone límites para el registro oficial de nombres, pero exige que éstos no falten al respeto y la dignidad humana.

Empero, hoy los funcionarios de las oficinas del Registro Civil gozan de plena autoridad para rechazar nombres que, en su leal saber entender, estimen inapropiados. En fin... no sería de extrañar que Ecuador haya sido la patria originaria de los eternamente mencionados Zutano, Mengano o Perico de los Palotes. Es cuestión de buscarlos en el directorio telefónico.

Texto extraido de la edición 121 de The Clinic, 22.1.2004, página 37.