sábado, setiembre 13, 2003

Coya & Pangal

Decidí­ esta semana de romper la inmovilidad, y después de conversar con el jefe de la Unidad de Generación, partí­ para Rancagua. Existí­an algunas incertezas acerca de dónde iba a alojar. Porque, claro, sale más a cuenta alojar en arriba, en el campamento que en la ciudad, desde diversos puntos de vista.

Uno de ellos es aquel, importante, del sueño: en menesteres como éste - hacer la memoria - es primordial un buen descanso. Al vivir en la ciudad uno tiene que transar algunas horas de sueño en cama por algunas horas de sueño en un asiento de los buses de Pullman Chile, empresa que transporta el personal tenientino. Además se pierde tiempo valioso en el traslado.

Otro de los puntos, importante también, es la tranquilidad casi absoluta, propia de la cordillera, que invade las noches, unicamente rota en forma constante por el zumbido de la central.

Otra de las ventajas de hospedarse en la cordillera es que, debido a la altura, se puede disfrutar de un mayor número de dí­as soleados que en la ciudad. A veces la ciudad puede estar nublada, pero el manto de nubes no alcanza las alturas de las centrales.

Coya y Pangal son las centrales hidroeléctricas del subistema de generación del sistema eléctrico Teniente, que provee parte de la energí­a necesaria para mantener operando los procesos mineros. Ambas son centrales antiguas, de entre los años '10 y '20, verdaderas piezas de museo en perfecta operación, mantenidas con ciertas modificaciones. Cabe destacar que aún siguen en operación después de soportar dos inundaciones.

Con esto queda claro que a pesar de las desventajas de estar arriba prefiero el alojamiento en las alturas al hospedaje en Rancagua. Por ello conversé con el jefe para que me consiguiera alojamiento en Coya, de preferencia en la misma habitación que ocupé durante mi práctica en el verano.

No se pudo en Coya, y tuve que alojar en la casa de huéspedes de la central Pangal. Yo habí­a estado en Pangal en el verano, durante la práctica, y me pareció entonces bastante inhóspito y agreste. Me imaginaba el alojamiento pangalino similar al de Coya: mobiliario antiguo ('60s) y espartano, un baño antiguo y limpio.

Me dí­ con la sorpresa de que no era así­: entre las comodidades se contaba la televisión satelital, por lo que me pude mantener al tanto de los sucesos cotidianos. Otras comodidades consistían en calefacción (que también debe haber en Coya), una persona a cargo del comedor siempre presente (en Coya, en el verano, a veces no había nadie que atendiera en el comedor después de una cierta hora), mobiliario cómodo para ver televisión y una calma perfecta.

Para trasladarme por las tardes a Pangal lo debía­ hacer en el transporte que llevaba al operador y el turbinista de turno; en la realidad me trasladé siempre en vehí­culos de Teniente manejados por viejos que aprovechaban mi subida a Pangal para dejar documentos. La bajada a Coya por las mañaanas fue siempre en el transporte de cambio de turno.

A pesar de la poca información que pude recolectar en tres días, de lo desordenado y poco actualizado de los documentos a los que pude echar mano, algo avancé, necesario para presentar algún avance en la universidad, para hacerme un esquema relativamente general del trabajo que me espera, para regresar a la vuelta del 18 con renovado entusiasmo.

jueves, setiembre 11, 2003

30 años

11 de septiembre. Una fecha compleja, con un amargo regusto para algunos, para otros una fecha de alegría y casi milagro. Para el nefasto tío Sam esta fecha sirvió de perfecto pretexto para limitar los derechos civiles de sus propios ciudadanos e iniciar una cruzada, ya no con cruz y espada, caballos y relucientes armaduras y cotas de malla, sino que con la más moderna tecnología, marines, tanques y misiles.

Hace 30 años, en Chile, se vivió una transición. No una transición como ésta, la que se supone que estamos viviendo, la que los políticos, evidenciando una miopía (o tal vez una catarata, o glaucoma) pensaron que duraría 4 o 5 años. La transición entonces vivida fue de la democracia a la dictadura, y como todas las transiciones de este tipo fue abrupta, de golpe.

Cayó la noche. Por años, chilenos fueron asesinados impunemente, hechos desaparecer; algunos de ellos yacen aún en el fondo del mar o en profundos piques en el norte mineral de Chile. Muchos de nuestros compatriotas fueron exiliados o se exiliaron para no tener un futuro incierto en brazos de la DINA. Pero el destino de estos exiliados no fue un crucero de lujo.

Los exiliados, como todos los exiliados por todas las dictaduras del mundo, pasaron mil pellejerías para poder vivir en el extranjero. No poder vivir con la familia, no poder ejercer la profesión, o qué sé yo. Es común oír en boca de alguna persona poco reflexiva que los exiliados debieran agradecer al dictador por haberlos enviado al extranjero a que estudiaran o a que aprendieran un idioma, o más de uno en algunos casos. Quizás la única proeza del dictador, inciertamente alabable, es el haber repartido chilenos a la fuerza por el mundo.

Sin embargo los que se quedaron no la pasaron bien tampoco. Crisis económica, libertades coartadas, campos de concentración, centros de tortura, soplonaje, terrorismo de estado. Además por muchos años, casi 15, los chilenos que se quedaron fueron exiliados dentro de su propio país por el toque de queda. No sé exactamente de cuánta duración, pero me parece que bordeaba las 12 horas. La dictadura expropiaba el país a sus habitantes, y sólo unos pocos elegidos por los dioses castrenses gozaban del salvoconducto para poder circular a placer por el país cerrado para todos.

Esta dictadura nuestra nació violentamente. No nació de la nada, claro que no. Pero al margen de las presuntas causas nacionales que puedan haber propiciado el terreno a una dictadura, esta tuvo sus padres: Nixon y la CIA. El mismo día del golpe, el presidente Allende iba proponer a las 13:00 un plebiscito para que el pueblo chileno decidiera si seguía o no en el gobierno. Nunca sabremos el resultado, el cual quedará para siempre en los terrenos de la conjetura. Como podemos ver, ante un problema democrático, una solución democrática.

Como decía, la dictadura nació violentamente, y el bombardeo del Palacio de la Moneda, del arquitecto Toesca, fue un símbolo, anunciando que nada sería igual de ahí en adelante. Allende se suicida, y con la visión de futuro que lo caracterizó siempre, desde que era un estudiante, pasó a la historia, convertido a su vez en un símbolo. Hasta el día de hoy podemos ver que Salvador Allende se volvió inmortal a través de la muerte, o a pesar de ella.

La dictadura también tuvo sus símbolos, más allá del bombardeo del la Moneda: clausuró la puerta de la callé Morandé 80, puerta por la que solía entrar a la Moneda el presidente. Clausuró esta puerta en un intento inútil de clausurar el recuerdo de una democracia que venía del siglo XIX, inmaculada. Bueno, con una que otra manchita. El golpe de estado del '73 cambió el concepto de mancha.

Y es a esto que me quiero referir ahora. En una ceremonia sencilla, el actual presidente, Ricardo Lagos, reabrió esta puerta, clausurada hace 30 años. En un programa televisivo puede verse politicos de gobierno y opositores contrastando sus deseos de cambiar la constitución que nos aqueja, la constitución cuasidemocrática del '80 para convertirla en una constitución democrática: adiós desginados, adiós vitalicios e institucionales, adiós binominal. Adiós amarres.

En este día de compleja lectura sendas ceremonias escarapelan lado y lado. Más masivas las manifestaciones de los golpeados, más discretas las de los golpistas. Por un lado actos culturales conmemorando al presidente Allende, por otro lado un puñado de viejos canijos de cabezas canosas visitan y felicitan al dictador, mientras un grupo de viejas fanáticas quedan afónicas gritando tras las rejas. Por un lado se condena con justa razón la dictadura; por otro lado los mismo viejos carcamales en retiro elevan sus loas al segundo libertador de Chile, negando una verdad incontrastable. Como si por el hecho de negarlos, desaparecieran los muertos.

Debo ser honesto con la verdad: pensaba que hoy iba a quedar la tendalada, y sin embargo me he equivocado, al parecer. Pude ver en las noticias que no fue así, casi en lo absoluto. Manifestaciones pacíficas (aunque no falta la garra verde que para no perder la costumbre moja a algunos y detiene a otros, que en este caso estaban viendo un video en las afueras del estadio Victor Jara, sentados en la calle, en una velatón autorizada), excepto por unos adolescentes en algunos sectores de Santiago que prendieron fogatas con neumáticos... esto demuestra que los desmanes no son causado por quienes se manifiestan pacíficamente, sino por quienes aprovechan esta fecha de profunda insignificancia para ellos para portarse mal.

Finalmente, después de años de espera, el Estadio Víctor Jara recibe este nombre oficialmente, el comandante en jefe del Ejército dice nunca más, la izquierda se empieza a hacer autocrítica (tarea pendiente para la derecha, los milicos y civiles que participaron de la dictadura), se hacen reportajes y documentales sobre la dictadura y el golpe de estado, se discute acerca de este reciente hecho histórico, se reabre la puerta de Morandé 80, se ve cercana una constitución democrática. Aún hay esperanzas.

La tan nombrada y manoseada transición a la democracia está a punto de empezar. Se están abriendo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

sábado, setiembre 06, 2003

Status Report

3.8.2003 Entregué mis papeles para inciar los trámites de inscripción de la memoria.
22.8.2003 Recibo documentos que son necesarios para confirmar la inscripción del tema. En este instante soy oficialmente un memorista del DIE. Cosa curiosa: figuran como entregados el 21.8.2003 y que la memoria se inició el 15.8.2003. La entrega del informe está fijada para el 15.12.2003.
6.9.2003 Espero aún por la confirmación de El Teniente para iniciar el trabajo.

Se supone que el nuevo jefe de carrera de Ingeniería Eléctrica quiere eliminar las usuales irregularidades en las que caemos los estudiantes (nótese que somos los estudiantes quienes caemos en irregularidades y no nuestros docentes, siendo usual que ellos también cometan irregularidades más o menos descaradas, más o menos frecuentes para bypassear el légamo reglamentario del DIE) aumentando para ello el número de memorandos e informes curriculares adjuntos a cualquier solicitud, por banal que sea.

Sin embargo, ¿qué más irregular que fijar fecha de inicio de trabajo días antes de la resolución de la comisión sobre el tema? Como puede verse, yo aún no empiezo; y si hubiera empezado, pues, no ha habido nadie con algún poder de toma de decisiones del DIE que se haya interesado por mi avance, como para decir que ya empecé el 15.8.2003.

Más irregular será que una vez vencido el plazo fijado para la entrega del informe, además de extenderme durante el periodo de vacaciones (lo que es aceptado de forma natural como parte del desarrollo de la memoria), tenga que pedir una prórroga para poder concluir el trabajo que inicie próximamente. Como ven, irregularidades llaman a irregularidades.

Así nos (mal)formamos, en un ambiente lleno de irregularidades: copiar en las pruebas no es mal visto, inclusive a veces es admirado (momentáneamente) quien logra la proeza de copiar en pruebas de alto riesgo (vigilancia estrecha). La ubicación durante una prueba es esencial para maximizar las posibilidades de copiar, ya sea de los torpedos (plages, en Perú; acordeón, en México), del cuaderno o de los compañeros. Se habla de compañeros mitológicos que están terminando la carrera a punta de copia. Hay quienes gracias a la copia logran aprobar el ramo (y se habla de profesores ex-alumnos que habrían hecho lo propio en este terreno).

Existen diversas formas de copiar en una prueba: la más popular, la más socorrida y universalmente empleada es la calculadora. Esta calculadora no es una calculadora propiamente tal; podría decirse que es un microcomputador dedicado a las operaciones matemáticas. Es programable y versátil, como toda buena herramienta para ingenieros, y es gracias a la profusión de programas que se han desarrollado y que son de libre acceso que es posible transcribir los torpedos a la memoria de esta calculadora.

Otra de las formas de copiar es el clásico papelito; variantes de este son los torpedos escritos con lápiz sobre la superficie de la mesa, sobre la pared vecina y una combinación del papelito con la calculadora consiste en el papelito disimulado en la tapa de la calculadora o el torpedo garrapateado con lápiz en la tapa.

Como dicha calculadora puede transmitirle datos a otra mediante el puerto de rayos infrarojos, en las horas y minutos previos al inicio de la prueba toma lugar un tráfico de torpedos; el que tiene le pasa al que no tiene, el que tiene pero no cree tenerlos todos pide a otros que le transmitan sus torpedos y así. Claro, la memoria es limitada; cuando esta se empieza a agotar la estrategia es borrar archivos que ya no se usarán o transmitirle los datos importantes a un compañero con más memoria disponible.

Soy contrario a recolectar torpedos de otros autores, debido a que suelen coexistir varias versiones del mismo torpedo en la misma calculadora, cada una con su respectiva ordenación, nomenclatura y estilo de confección. Por otro lado, al recolectar torpedos de otros autores existe el riesgo de recolectar también las omisiones o errores cometidos por el otro autor.

Muchos, como estrategia para evitar esto, copian sus torpedos desde varias calculadoras, esperando así lograr un compendio completo. Aquí el problema es la escasez de tiempo, ya que este comportamiento está motivado, en mayor o menor parte, por la desesperación (de ver que se viene encima la prueba y no estar lo suficientemente preparado) y se empieza a pedir torpedos en los 20-30 minutos anteriores. Después no alcanza el tiempo para revisarlos, y con ello se pierde tiempo durante la prueba tratando de ubicar el torpedo necesario.

¿Qué se torpedea tanto? Lo que haga falta para desarrollar una prueba. Esto puede ser desde una escurridiza fórmula multivariable hasta problemas tipo completamente desarrollados, pasando por recetarios y extensos formularios. Desde luego es muy útil en una prueba tener en los dedos de la mano la fórmula que a uno siempre se le olvida, o la fórmula que uno sabe deducir pero cuya deducción es extremadamente larga o enredada como para hacerla durante el tiempo de la evaluación. Un formulario a una distancia de una tecla es bastante cómodo, sobre todo cuando el problema tipo requiere de no menos de 25 - 30 fórmulas para su completo desarrollo, y cada fórmula es multivariable. Un compendio de problemas resueltos, con la esperanza de que aparezca uno similar o (ojalá!) igual en la prueba, sobre todo para aquel que no es el autor, suele ser un engorro.

Creo que las diversas clases de torpedos indican la preparación de cada uno. Un formulario (que al ser tan extenso, y tan multivariable, debiera en algunos casos proporcionarse con la prueba) indica que el estudiante desconfia de su memoria para recordar las fórmulas, o que sabe el procedimiento y los pasos para resolver el problema, pero no las fórmulas; un apunte con la receta para resolver el problema indica lo contrario. Un pequeño apunte con la escurridiza fórmula indica justamente eso: que no se recuerda esa maldita fórmula; un completísimo compendio de problemas resueltos indica lo contrario. Todas las clases de torpedos indican un hecho indiscutible: preparación insuficiente.

Preparación insuficiente ¿por qué? Son diversas razones, muchas de corte personal, otras de corte intelectual. Las razones de peso, las válidas (académicamente) son las razones académicas. Antes que todo, los fundamentos son insuficientes. En algunos ramos fundamentales, con docentes puntuales, la mortandad es de alrededor del 50%. En otros ramos las notas son infladas, para mejorarle la cara al ramo. Resumiendo, los fundamentos se hacen insuficientes.

En otros casos, los intervalos (reducidos) entre pruebas y la carga académica en el periodo de evaluaciones impiden una adecuada preparación del estudiante con vistas a rendir en forma adecuada. En otros casos, las coincidencias, forzadas de pruebas de un ramo con pruebas de un ramo de semestres anteriores (dependiendo del número de estudiantes afectados o de la solidaridad entre compañeros) obligan a que se postergue una evaluación. Y se forma un círculo vicioso: al reprobar ramos, se tiene superposición de las evaluaciones, se estrechan los plazos para preparase, y se reprueban ramos. De esta forma es relativamente escaso el estudiante del DIE que vaya al día, que no haya reprobado nunca un ramo.

Esto como razones internas al funcionamiento intrínseco del DIE; como razones inherentes al estudiante, pues, descuido, cansancio, flojera, incapacidad, enfermedad, problemas familiares o románticos o postalcohólicos o postjaraneo, lo que podría resumirse como mala distribución del tiempo, mala organización, mal/inexistente método de estudio, mala priorización de responsabilidades y mala preparación previa al ingreso a la universidad.

No voy a rajar vestiduras diciendo que jamás he copiado y satanizando a los copiones; he estado en ambos lados. Sólo una vez recuerdo que me haya empujado la desesperación a hacer acopio de un compendio de problemas resueltos, que después probó ser inútil (por ser un engorro); el resto del tiempo, elaboré mis propios formularios y/o recetarios: siempre torpedos de fórmulas, jámas de teoría. Total, mi mejor torpedo para la teoría es mi memoria.

Las fórmulas no siempre las recuerdo, aunque más de una vez subestimé el poder de retención de mi disco duro. Las veces que estaba prohibido el uso de calculadoras programables, por ende, torpedeables, me lancé al agua sin salvavidas, sobreviviendo la experiencia con resultados alentadores. Las conversaciones durante la prueba por lo general se limitaban a contrastar resultados, si el ambiente lo permitía.

Esta institución, la copia, desaparecerá en la medida en que la preparación de los estudiantes que ingresan a la carrera se uniformice, y que la exigencia vaya realmente a la par con el contenido entregado, además de entregar sólidos fundamentos y desaparezca el maquillamiento de los ramos para poder presentar resultados mejores, en la medida en que se entregue algo de ética (ya sea para enseñarla a los estudiantes o para reforzar la existente). Mientras tanto, recibimos material de estudio de un profesor conteniendo párrafos completos de los apuntes de otro docente sin siquiera una cita; probablemente los haya elaborado algun estudiante-esclavo (quizás como un trabajo para aprobar un ramo), arrogándose la autoría de estos el profesor.

Cuando nosotros mismos, los estudiantes, reprobemos el acto de copiar, como un plagio (presentar un trabajo ajeno como propio, acto usual, me temo que inclusive entre profesores), como una trampa (sacar mejor nota con torpedo que un compañero sin ayudamemoria), como algo ilegal, tendremos hecha la tarea.

martes, setiembre 02, 2003

Rayuela, capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



Rayuela debe ser la obra más críptica, la rayadura máxima de Julio Cortázar. A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero se deja leer en forma corriente, y termina en el capítulo 56. El segundo parte en el capítulo 73 y sigue así: 73 - 1 - 2 - 116 - 3 - 84 - y un largo etcétera.

Alguna vez traté de aventurarme y leer esta obra tan confusa, tan enigmática. Confieso que al poco andar me ví sobrepasado por una afluencia de situaciones y personajes, y tras perder el sentido de la historia, por ahí por el capítulo 13, 15, 16 o 18 (no estoy muy seguro, pero nunca pasé el capítulo 20) me dí por vencido, y cambié a otra obra, casi tan confusa y enredante como esta, pero que puede seguirse con bastante atención o con ayuda de un árbol genealógico: Cien Años de Soledad. Después de leer un número considerable de las obras de García Márquez, y de repetirme el plato un cierto número de veces, las macondidades me resultan familiares, aunque no hay vez que relea los Cien Años que no tenga que recurrir en algún instante a la ayuda del árbol genealógico. Pero Rayuela es otra cosa.

Quizás debí haber sido un poco más valiente, y al verme sobrepasado por el primer Rayuela, haber probado suerte con el segundo Rayuela. No lo hice a su debido tiempo, y la verdad no sé si el Rayuela que termina en el capítulo 56 tenga alguna relación con el que empieza en el 73 o viceversa. Tarea para la casa.

¿Por qué Rayuela, por qué el capítulo 7, y no otro?

Resulta que la primera vez que tuve una copia de Rayuela en mis manos, lo abrí al azar y fue éste, el capítulo 7 el que cayó bajo mis ojos. No supe cómo explicarme la sensación que me causó este texto. Hoy puedo decir que es la sensación de un espacio cálido, sereno, aislado; dos personas lo comparten, dos personas se besan. Algo tan sencillo como eso.

Sin embargo leído el domingo recién pasado, el 31 de agosto, me invadió la nostalgia. Y como antes Neruda, y como lo dijera Mario Ruoppolo (el cartero que llevaba las cartas a don Pablo en Il Postino, la adaptación cinematográfica de la Ardiente Paciencia de Antonio Skármeta), la poesía no es de quien la escribe sino de quien la usa, este capítulo en particular parece haber estado esperando a que yo, como muchos otros antes, lo hiciera mío, para poderlo regalar.

¿Cuántos, a través de los años, no alimentaron las hogueras de sus propios romances con poesías sustraídas a sus autores? ¿Cuántos no han tenido alguna vez a un Neruda como un providencial Cyrano de Bérgerac, soplando las poesías desde las páginas de un libro? Más de alguno leyó alguna vez algo que se correspondía plenamente con la metereología íntima de su corazón. Muchos se pueden haber sentido tocados por frases o textos empapados de dicha, de melancolía, nostalgia, estática plenitud.

Así siento yo este capítulo, breve pero con la propiedad de ralentizar el tiempo, de sustraerme hacia una esfera de lentitud y dicha. Así, cada vez que te beso, Viviana, es como escribir de cero este capítulo 7.