miércoles, junio 13, 2007

Pensando pavadas al filo de la madrugada
...O "Mejor fúmate un caño"

Esta es una reflexión trasnochada de fin de día, a una hora en la que debiera estar en cama hace rato aprovechando que pude haberlo hecho. Sin embargo, me he puesto a pensar de la nada que cada año tiene una personalidad que lo marca, aunque no siempre me haya dado cuenta sin hacer el recuento a fin de año. Así como 2002 fue de enamorarse, 2003 de amor, 2004 de partidas, 2005 de mierda y 2006 de comienzos (y bastante mierda), hasta ahora el 2007 es un año de cambios.

Empecé el año con nueva ciudad, nuevo trabajo, nueva vida, nuevo depa. Nuevo sueldo. Vamos, lo clásico: año nuevo, vida nueva, pero esta vez de verdad. Un borrón alevoso y cuaderno en blanco.

Sigue la cosa: mi nuevo jefe se cambió de empresa, así que ahora tengo otro nuevo jefe. Tengo nuevos compañeros de trabajo (más nuevos que yo, que apenas tengo cinco meses), y tengo compañeros de trabajo que perdieron a sus hijos y madres en este ratito. Un compañero de trabajo fue padre y dentro de poco parte por dos o tres años a Alemania a trabajar. Otro ha estado yendo a entrevistas de trabajo, así que es probable que parta antes de que termine el año. Una compañera se cambia de empresa, al igual que uno de nuestros jefes de proyecto. Algo así como cuatro colegas han cambiado también de trabajo en este tiempo.

Una amiga casi pierde la vista por un glaucoma insospechado. Dos de mis amigos más cercanos se casaron, otra amiga se casa en menos de un año, otra fue madre, un compañero de curso fue padre, la hija de un amigo vuelve a ser madre.

Dos amigas terminarán pronto sus carreras, un amigo ya se tituló, otra amiga está pronta a titularse también, y tendremos un nuevo farmacéutico e ingeniero antes de que termine el año. Otro amigo comenzó su diplomado y probablemente se cambie de trabajo en los próximos meses.

Mi viejo cambió el autismo mercurial por la más sana convivencia familiar.

Es bastante para cinco meses, ¿no creen? Digan lo que digan, las grandes cosas siguen igual; son las cosas pequeñitas las que han ido cambiando, y la diferencia es la misma que hay entre tomarse un café cargado sin nada y uno con una cucharadita rasa de azúcar.