miércoles, mayo 16, 2007

Five

Y van casi seis meses en Santiago. He aprendido cosas nuevas, he conocido mucha gente interesante, me he reencontrado con amigos que no veía hace 10 años, veo a amigos queridos más seguido que antes, mucho más seguido. Ando más contento que antes y con más entusiasmo, con más ganas que antes de regresar cuando estoy fuera.

Hago deporte todas las semanas siempre y cuando el postgrado lo permita. Eso es otra cosa; entre el trabajo (que es más demandante que pasarse el día refundido en una oficina calentando una silla por 10 horas como antes) y los estudios, salir con amigos a tomarse alguna cosa en semana es siempre con sentimiento de culpa.

Por otro lado los estudios no me dejan tranquilo ni un instante, y entre tener varias ofertas en proceso en el trabajo, tres cuentas para pagar, y tres ramos con dos trabajos que entregar y estudio siempre pendiente, he empezado a anotar todo lo que puede olvidarse fácilmente, es decir, casi todo. ¡Está la locura! Claro que no al extremo de necesitar una Palm o un Blackberry.

Por primera vez en la vida siento que el día podria tener un par de horas más, que me permita descansar como corresponde esas dos horas extra, para después estudiar sin bajar horriblemente el rendimiento. Por primera vez siento que la semana tiene muy pocos días. Varias veces he llegado en las mañanas del jueves o del miércoles pensando en que sería bueno que fuese martes. Ni siquiera cuando estaba en pregrado me pasó algo parecido.

Además de la mochila física de andar con sueño atrasado y con más kilómetros en el cuerpo que el papa, existe un proceso que corre en mi mente en segundo plano, permanentemente, que siempre está repasando lo que queda por hacer del postgrado, el tiempo que falta, las más bizarras planificaciones para no tener que quitarle aún más horas al descanso, que no he hecho orden, que tengo platos sin lavar, que ya es tiempo de volver a hacer aseo (no hice la semana pasada?), que estaría bueno cambiar las sábanas, que tengo tirado el blog.

No sé que va a pasar cuando termine este cuento, cuando no tenga en la submente corriendo un proceso llamado MBA y no tenga que viajar impajaritablemente todos los fines de semana. Me voy a sentir tan desocupado que probablemente empiece a hacer otras cosas que hace tiempo queria hacer (y que en la culta y cosmopolita Rancagua en la perra vida iba a poder).

No importa que tan grande sea mi impaciencia por terminar y ver para dónde avanza la vida, si este año corre a la misma velocidad del año pasado, mejor que parta ya poniendo al frío la champaña. Con lo ocupado que estoy, cumpliré 31 antes de poder darme cuenta.

2 Comments:

Anonymous Pola said...

Peor seria sinotuvieras nada ue hacer uno se acusttumbra al ritmo santiago y como dices una vez que termines lo del magister de seguro embarcaras otra empresa, quien sabe desde potenciar tu faceta de escritor hasta la de cheff, o todo junto mezclado ademas con pizcas de boemia santiaguina jejjejjeje

saludos

02 junio, 2007 11:22  
Blogger Sergio Alejandro Amira said...

Ese cuadro con el numero 5 es uno d emis favortios y se llama I saw the number Five in Gold o algo así. Lo vi en la Tate Gallery en la restrospectiva del Pop Art. Notable.

la vida es eterna en 5 minutos...

17 julio, 2007 23:24  

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