miércoles, mayo 16, 2007

Adiós al Mercurio

Cuando me puse la soga al cuello matriculé al postgrado, por pagar antes de cierta fecha regalaban una suscripición de un año al Mercurio. Valga decir, una gran cantidad de páginas, un sesgo marcado, un 60% publicidad, uno que otro artículo interesante. La sección Economía y Negocios, que se supone serviría como material de investigación para los ramos, creo que nunca cumplió su verdadera utilidad. En casa no se hacen asados desde hace años, así que tampoco sirvió para prender la parrilla.

De primera direccioné la suscripción a mi depa en Rancagua, pero como tenía un vecino mala clase (además) que solía robarse mi diario del sábado (que era cuando yo no estaba) además de abrir los sobres con ofertas de las tiendas, me vi obligado a cambiar la dirección. Vamos, no era que me interesaran las ofertas ni que me leyera de un viaje el diario del domingo y del sábado, pero de todas formas ese vecino era un patudo de mierda.

La solución fue cambiar la entrega a la dirección a la casa de los viejos, lo que pareció en su momento una excelente solución. Las consecuencias no lo fueron tanto: la casa de los viejos se empezó a llenar de diarios viejos, las ediciones atrasadas iban a dar a cuando espacio vacío había, entre ellos la estufa de mi habitación/biblioteca/bodega/ropero n°2 de mi viejo.

La otra consecuencia fue la de mi viejo sustrayéndose a la vida familiar para leerse los fines de semana el diario de cabo a rabo, y se notó en mi viejo empezando a citar a cada rato artículos del Mercurio en vez de Le Monde en las tertulias yo-sé-más-qué-tú con los amigos. El ánimo de mi viejo cambió, o se acentuó, podría decirse. Más acidez en los ya normalmente ácidos comentarios. Más voladas del tipo yo, Confucio.

Me da la impresión que los rasgos menos agradables de la personalidad de mi viejo se marcaron más. Como es un polemista incansable, le encanta ir en contra de la corriente, adora tomar siempre la posición contraria para dar pie a un debate, no importa sobre que tema, no importa si es un tema trascendente o intrascendente. Importa polemizar. Ya mi viejo tiene la capacidad de sacarle un tratado de filosofía a una cajera de supermercado (a la que le importa un bledo la filosofía, dicho sea de paso) a partir de la pregunta de si tiene tarjeta Lider, capacidad que ahora se veía acrecentada por la gran cantidad de información almacenada producto de una lectura minuciosa del Mercurio y a la que no se le daba ningún uso.

Finalmente llegó el momento esperado, el momento del vencimiento de la suscripción. Ya pensaba en suspenderla o directamente cortarla, cuando me llaman del diario para preguntarme si quiero renovar la suscripción. Un rotundo NO fue la respuesta. Nunca más. Ojalá el cambio en el ánimo y la acritud de mi viejo sean reversibles.

1 Comments:

Anonymous DVj said...

Bastante acido tu comentario... al parecer el hijo sacó bastante del padre...o simplemente el padre aprendió del hijo.
Suerte que no renovaste

21 mayo, 2007 20:30  

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