domingo, marzo 25, 2007

Soltar todo y largarse
Comienza la vida nueva - parte 5 (y final)

En cierto momento mi madre empezó a insistir debes cambiar el refrigerador, debes ya buscar un departamento más grande, comprar tu living, debes comprar un hornito eléctrico para calentar tu pancito hasta que un día le dije que no pensaba comprar nada más que lo indispensable ni cambiarme a ninguna otra parte, porque cuando tocara largarme de Rancagua no iba a dejar que unos muebles demoraran la partida.

Cuando llegó el día de la mudanza me sorprendí descubriendo que tenía más cosas de las que pensaba, más que nada ropa que no usaba hace años y que regalé. Un poco más, muy poco (una tele más grande u otro mueble) y hubieran hecho falta dos viajes para irme. Pero cupo todo en un único viaje, y al desempaquetar me tardé casi dos semanas en lograr el orden casi definitivo.

Encontré algunas cosas que tenía hace años: regalos, tarjetas hechas a mano, cartitas de amor, un diarito de vacaciones, una foto donde estoy sentado al lado de ella. Varios de esos regalos hoy hacen feliz a la hija del amigo que me ayudó con la mudanza, como el oso blanco y las pinzas de madera chiquititas y con un corazoncito pegado.

El resto, a la basura. Ni siquiera me di el trabajo de romperlos, salvo por aquella foto donde estamos ella y yo – un símbolo. No sé por qué lo hice así; alguna vez le comenté a un amigo que me hubiera gustado deshacerme a la vikinga de sus regalos, quemándolos dentro de la parrilla después de un cumpleaños: otro símbolo más.

Al volverlos a ver de sopetón, todos juntos y después de tanto tiempo, no pude evitar sentir brevemente un indescriptible mix de nostalgia o melancolía y tristeza o amargura; tampoco pude impedir que esos recuerdos fragmentarios se atropellaran y salieran a la superficie, recordándome que no existe tal cosa como la amnesia selectiva autoinducida. Finalmente me deshice de los regalos menos simbólicamente, simplemente lanzándolos por el basurero.

¿Y que fue de La Plantita? se preguntarán, curiosos por saber el destino de aquella palmerita que me regaló un cumpleaños. Aunque siempre la regaba y estaba pendiente del nacimiento de alguna nueva hojita, nunca me di el trabajo de limpiarla o ponerle abono, y siempre pensaba pobre Planta, ¿qué culpa tiene? cuando la regaba. A pesar de todo, pensaba traérmela a Santiago, pero como ya no quedaba espacio en el furgón para traérmela sin dañarla, se la tuve que dejar a un vecino. Espero que la cuide mejor y que le tome más cariño que yo; total ¿qué culpa tiene la pobre Planta?

3 Comments:

Blogger Miguel Angel Rojas said...

dan ganas de seguir leyendo...... no porque sea interesante, sino porque (Debe ser que soy muy estupido) no alcanzo a entender todo el asunto que expones...... en fin.......

te gusta esto de los blogs parece......... algun dia va a prender harto :D

saludos !

02 abril, 2007 05:50  
Blogger ACO said...

hola miguelito! no creo que sea interesante, creo que es lo segundo, por lo que dices entre paréntesis.

conocer tus defectos es el primer paso para superarlos!

06 abril, 2007 21:17  
Blogger Paola Cavaletto said...

me alegro que no te hayas deshecho de esa inocente , hasta es simpatica

jajjajajja

un abrazote

y mucha mucha suerte en tu nueva etapa de vida :)

Pola

22 abril, 2007 15:32  

Publicar un comentario

<< Home