lunes, marzo 19, 2007

Paciencia
Comienza la vida nueva - parte 3

Entre el momento de la segunda entrevista y los exámenes médicos transcurrió un interminable mes. La sensación de haber tocado techo en Teniente trabajando como contratista, teniendo la certeza de que ni siquiera una oferta de ser contratado en Codelco mejoraría mucho mis expectativas, ya que el trabajo que estaba haciendo era decepcionantemente poco técnico y con un casi nulo contacto con otras personas, pesaba un mundo.

La poca motivación que había sobrado desapareció, transformando en una odisea levantarse por la mañana a trabajar. Me justificaba diciendo que era el cansancio acumulado durante el año de estudios, pero la verdad era que no tenía absolutamente ninguna gana de ir a trabajar donde lo estaba haciendo. Empecé a llegar tarde, cada vez más tarde. Partí con unos 5 o 10 minutos, pero después llegaba casi 35 minutos tarde, y la verdad es que no me importaba un carajo llegar atrasado. Tal vez era producto de ver que los colegas tenientinos se ufanan en que son eficientes y productivos porque llegan veinte minutos antes de la hora de entrada y se van una o dos horas después de la hora de salida. Porque pasan el día en reuniones y reenviando correos, cuando tras aplicar un poco de sentido común es posible ver bastante inoperancia donde se pregona eficiencia.

Hubo días en que me quedaba dormido, más por cansancio que por evadirme, pero algo de eso también había. Sentir que después de esto no había otra cosa que lo mismo que caracterizó al 2006 me cansaba, me agotaba. Sumarle a ello lo incierto de mi futuro, la desazón de ver que no tenía vida social, cultural o romántica, y que tampoco había posibilidades para cambiar la situación. La vida se había detenido, y para moverla había que tirar la cadena.

Claro, entre tanto me hubiera gustado salir de vacaciones, pero conociendo la mecánica de permiso de vacaciones para los trabajadores contratistas (colaboradores como se les dice para que no suene feo) no me hacía ninguna ilusión. Por si no saben, es raro que a un contratista le den 15 días, aunque le corresponda; sólo una semana, pues hombre, porque te necesito suele ser la respuesta del jefe tenientino, que después sale de vacaciones un mes completo. Un descaro. Tal vez debí darme cuenta de una tendencia al cambio cuando me dieron permiso para salir de vacaciones entre navidad y año nuevo.

El último jueves que pasé en Rancagua me llaman del Hospital del Trabajador: en una semana más tenía programados los largamente esperados exámenes médicos. El viernes, montado en el tren, la sonrisa era notoria, a pesar estar cansado y recién empezar a pensar en que la salida soñada de Rancagua estaba más cerca que nunca, viendo con algo parecido al cariño los letreros de vía de escape o EXIT que se ven por todos lados. Una mañana, ya de vacaciones, me llaman de Recursos Humanos de Siemens avisándome que el 29 me tenía que presentar.

A pesar de ello, no me alegré del todo. Tal vez he ido desarrollando una reacción alérgica a hacerme ilusiones, tal vez estoy más maduro, o soy mucho más cauto o qué se yo; no quería armar castillos en el aire para decepcionarme después, no quería sumar otra desilusión más a mi colección, que ha ido creciendo en los últimos dos años.

Finalmente me lo creí cuando, tras una espera larga en el Hospital del Trabajador, y en ayuno además, me llaman al mesón para tomarme los datos y el tipo que los ingresaba me dice ¿así que estás entrando a Siemens? Sí, le dije; la evidencia era demasiada como para seguir diciendo que mientras no hubiera nada seguro no me iba a hacer ilusiones.