domingo, diciembre 31, 2006

Blanco & Violeta

Bajo unas inmensas escalas mecánicas hacia el subsuelo, donde todo es gris cemento. El cielo de la escalera me parece arqueado y aunque no hay mucha gente, se nota que está diseñado para que mucha más gente circule por ahí. Los colores: el aluminio de los lados, el gris oscuro de las paredes, el negro del pasamanos, y el titanio de los escalones. No me pregunten que es lo que visto: bien podría ser la misma tenida que llevo ahora, para tratar de capear los agobiantes 30° que se dejan caer sobre Talca como un manto de plomo.


Al irme acercando al final de la escala mecánica, esto es, abajo, la veo. Va vestida de blanco por fuera, y lleva algo violeta debajo ¿una blusa, tal vez? El largo cabello castaño oscuro tomado como entonces, con unos pinchecitos negros a los lados, suelto detrás; en el cuello lleva algo dorado. Podría ser algo que le regalé alguna vez, pero lo dudo. No creo que use nada mío a estas alturas de la vida.

Reparte volantes, y cuando la veo me digo nada que hacer, no hay como esquivarla, y aunque siento que quiero esconderme para no verla a la vez quiero verla. Vaya sentimiento encontrado. Llego hasta ella, y me entrega un volante que no leo, en los mismos tonos blancos y violetas que destacan sobre el fondo casi monocromo de este consultorio que más parece una estación de metro. ¿Por qué un consultorio? No tengo idea, pero era un consultorio. Tengo una pena, me dice mientras me da el volante, tu mamá me ha contado de tu vida. No hay sonrisas.

Entonces despierto, muerto de calor en el living de la casa de mis viejos, y me doy cuenta que es la segunda vez que sueño con ese color. Es idéntico al de un sueño triste que tuve hace casi dos años en que ella misma, sentada en una playa desierta con un bikini del mismo color violeta de su blusa, miraba una puesta de sol de colores propios de un invierno, de espaldas a mí.

Hoy es casi enero y casi dos años más, y como mi subconsciente me avisa, su recuerdo no está muy refundido; de vez en cuando se las arregla para colarse con sorprendente facilidad sin que haya que excavar. No la he vuelto a ver, y supongo que cuando las circunstancias sean propicias nos vamos a chocar en algún lugar insospechado, real, y no una escala bajando a ninguna parte. Tal vez haya sonrisas.

2 Comments:

Anonymous Paola Cavaletto said...

empiezo a creer en los fantasmas...

04 enero, 2007 20:02  
Blogger Poeta said...

Oh amigo mio!; y esa mujer...¿es la innombrable?
Tan de violeta y pinchecitos, como sujetandose los pensamientos...bah.
sera pues.
oye ñato, nos vemos pal 19..ok?
figura me dijo que iba..un abrazo y no tengas sueños humedos jajajajaj
chao

08 enero, 2007 11:16  

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