jueves, noviembre 30, 2006

Viejo, obvio
...o las crónicas del aire caliente

Los viejos de El Teniente, o tal vez sólo los de la Superintendencia, tienen un especial talento para tratar de hacer conversación cuando no hay tema alguno, emitiendo a intervalos constantes frases vacías de contenido estableciendo lo obvio, obviedades del tipo ¿Cómo estamos? ¡Como día jueves! ¿Bonito día, ah? ¿Parece que va a hacer calor, ah? ¿El cielo está celeste, ah? ¡Y el pasto verde! ¿Se nota que llegó el verano, ah? ¿Y ya se acabó noviembre, ah? ¡Mañana es diciembre! ¿Se nos acaba el año, ah? ¡Y ya viene la navidad! ¡Y el año nuevo también! ¿Y se nos viene encima el fin de semana, ah?

El jefe es especialista en esto: "Hoy hace frío" y fuera el pasto está escarchado. "Es que es invierno, pues"; hasta dónde yo sé ni en Islandia los veranos son así de fríos. "Habrá que abrigarse": claro, que yo sepa nadie sale en manga corta con 0º. "Y va a caer nieve" y en las noticias los pasos cordilleranos están cerrados, y desde donde estamos se puede ver la cordillera de los Andes y la cordillera de la Costa nevadas hasta abajo. "Además está nublado", evidente, el cielo está cubierto de nubes grises, como suele estarlo en invierno. "Por suerte tenemos calefacción, je-je" y en todas las oficinas hay un radiador del porte de una parrilla, además de ser lo mínimo esperable en un lugar de trabajo. "Así pues no vamos a pasar frío"; se supone que para eso es la calefacción.

Con ese tipo de conversación no llegamos a ninguna parte. Es imposible conversar así, cuando el viejo monologa obviedades que están a la vista, y el interlocutor debe – como yo en un principio – limitarse a responder sí, así es, claro, parece que sí, por supuesto, cierto, verdad, sí, no, sí, ajá. Al menos yo he dejado de intentar seguirle la conversación, fingiendo que me interesan (como otros) sus comentarios sosos, que no son ni graciosos ni agudos ni de actualidad ni ocurrentes ni anecdóticos. Sólo son aire caliente.

Un viernes que llovía con todas las ganas y que – como todos lo viernes – iba con equipaje (la ropa sucia en el bolso, el computador a la espalda), me tuve que retrasar porque llovia muy fuerte, con calles inundadas y todo, ya que por nada del mundo arriesgo mi computador con toda la materia del MBA dentro por llegar temprano. Llegué mojado, sudado, y con las costuras pasándose, y el jefe va y me dice "¿Qué es de tu buena vida? ¡Nó-me-digas que te agarró el agua, pues hombre!" No, huevón, lo que pasa es que me gusta ducharme con ropa y equipaje. Imbécil.