martes, agosto 22, 2006

Hay que tener EOS

Me enamoré! Es un amor viciado e imposible aunque ella tenga su precio, como todas. Es una negrita, pero no es africana, ni gringa, ni europea. Es japonesa! Si fuese mía, saldríamos siempre juntos, de vacaciones o al campo, la tendría siempre colgada del cuello o en mi mano, y pasaría muchos ratos de intensa concentración apoyando mi ojo y mis manos en sus protuberancias y orificios; mi nariz estaría siempre pegada a sus espaldas. La mostraría a mis amigos, pero a diferencia de otros, creo que no se la prestaría a nadie, al menos a nadie que no sepa usarla. Sería sólo mía! Y sólo yo gozaría tocándola con las manos.

El sábado, como todos los años, participé del aniversario del Fleming, por un año más de éxito. Hace un tiempo que el hoy Centro Médico Alexander Fleming se cambió con sus petacas de un lado a otro, habiendo tomado precauciones para tener bajo flujo de pacientes durante unos seis meses, y el cambio no se notó en lo absoluto. Ese sábado nublado puse el hombro con todos para trasladar los ataúdes cardexes de Néstor, las frágiles pipetas y placas Petri del laboratorio, los diversos cachureos que durante tantos años solemos acumular cuando no nos movemos. Si no me creen, miren sus cajones o su ropero. Visiten mi habitación de la casa paterna.

En fin, no era de esto de lo que quería hablar. Con motivo de este pequeño festejo se reunió lo que internamente se conoce como La Familia Fleming en uno de los centros de eventos que se encuentran en toda ciudad que se precie de serlo. Uno de los amigos, Ramiro, trajo su cámara, una Canon EOS 350D… mi sistema de salivación se volvió loco, y no cuando trajeron las parilladas, sino que cuando Ramiro, que estaba sentado al lado mío, puso su instrumento encima de la mesa (por favor, me refiero a la cámara, mentes sucias que son). Rápidamente tiré las manos, tímidamente primero, con algo más de confianza después, y luego me la eché al pecho (la cámara) y me puse a sacar algunas fotos, con timidez.


Fue extraño sentir el chasquear de las cortinillas sin el acompañamiento del ruidito que hacen los motores de mi vieja EOS 300, al arrastrar la película. Era más chica que la mía, y casi tan pesada. Mucho más sensible, y mucho más veloz. Al poco andar me metí dentro, bucee por los menús como un improvisado Cousteau fotográfico, me puse a jugar con los filtros y dejé en blanco y negro. Un poco más allá, cambié del clásico ISO 400 al más sensible ISO 1600… y vamos tirando fotos. Y sin flash, que para eso era el 1600; sólo con la luz de las mortecinas ampolletas que pendían del techo como unos cilindros polvorientos y art-decó. Igual que en Rancagua.

Después salió – de alguna parte – una peluca que se paseó por varias cabezas (cráneos, debería decir) mientras que yo, que en ese momento me había apoderado de la cámara, acribillaba al empelucado del momento: era como tener una Uzi que en vez de tirar balas tirase fotos. Claclaclaclaclaclaclaclaclaclaclaclaclaclaclaclaclaclac! Y en un periquete doce o quince fotos. Del montón de fotos, borré una buena cantidad pero quedaron las mejores, las más espontáneas, las risas del empelucado, las risas del resto, los cantos del fin de juerga y unas en blanco y negro que tenían un aire bohemio que ya se lo quisiera cualquiera de los personajillos faranduleros que viven de la faramalla diarera y copuchenta.


Fueron tantos los disparos con los que ametrallé a los concurrrentes, camuflado como guerrillero fotográfico en las risas y oculto por las espaldas de alguien que pudiera servir de improvisado biombo, saltando de un escondrijo a otro para capturar a quienes estaban siempre pendientes de la cámara y poderlos sorprender en una sonrisa despreocupada, que si la cámara no hubiera sido digital seguramente hubiera tenido que cambiar de rollo varias veces (con la consiguiente disminución del volumen de mi bolsillo)… en fin, todo el cacho usual de ir a Kodak y dejar que te roben revelen tus fotos.

En cambio pude sacar tantas fotos como quise, quedarme con las mejores, repetir las tomas que salieron mal, experimentar con la fotografía blanco y negro, tomar fotos con poca luz ambiente y quedar con un terrible dolor de brazo, de tanto tenerla pegada a mi mejilla en un inesperado romance, breve pero intenso.

4 Comments:

Blogger Gabriel said...

es en serio?
o eres fan de un nuevo ídolo?

saludos, ahora estás en mis links ACO


G

01 setiembre, 2006 11:03  
Blogger LoretoMarin said...

Cesar,

Estubo bueno tu cuento de la cámara...nos confundiste a todos con el principio, jaja.

Ya sabemos que regalo que te podriamos regalar para el cumple, pero tendriamos que ponernos de acuerdo entre todos tus amigos por que el precio me lo imagino un poco alto.

08 setiembre, 2006 19:06  
Blogger Miguel Angel Rojas said...

jajaaj asi que enamoradizo el hombre... jajaj....

siempre que me fijo en una niña, me acuerdo de ti...
que no vaya a ser una niña de una actitud tan desagradable como lo poco que conoci a la tuya...

saludos !

27 setiembre, 2006 20:57  
Blogger Miguel Angel Rojas said...

me quedo con la camara !!! jajaj
con tal que no se trabe...

:)

27 setiembre, 2006 20:57  

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