martes, marzo 21, 2006

Reducción de emisiones

No entiendo mucho a los que terminan de almorzar e inmediatamente se fuman un pucho: me ayuda para la digestión, dicen; tampoco nunca entendí a los que iban al baño a hacer un ‘download’ sosteniendo un pitillo encendido: me relaja, se justifican. Es más digno de respeto el que se lo fuma sin mayores explicaciones. El papá de un compañero del colegio decía que fumaba del más fuerte, porque si fumaba light se cagaba los pulmones igual, pero sin sentir nada. Muestras de la inteligencia del fumador, que en una inconsciente candidatura al cáncer suele polucionarnos el aire a los que no lo somos.

Desde esta semana los fumadores empezarán a ver sus espacios reducirse: tenemos nueva ley de tabaco en Chile, después de un año de dimes y diretes, de presiones y de incansable lobby de las tabacaleras entre los políticos. Una ley de que restringe la venta y publicidad de tabaco en un país fumador como es Chile, donde 4.779.653 personas padecen tabaquismo y fuman unos 8 cigarrillos diarios, más de algún revuelo causa. El Estado se gasta cada año la nada despreciable suma de 1.140 millones de dólares tratando pacientes con enfermedades producto del tabaco, pero por impuesto al tabaco sólo recauda 650 millones de dólares.

El 14 de marzo el congreso despachó la nueva ley, que busca desincentivar el consumo de cigarrillos, no tanto en los fumadores más viejos, que ya están fritos, sino que entre los más jóvenes, los que aún son influenciables. De hecho la ley restringe la venta de cigarros en un radio de 100 metros (que originalmente eran 300) de los colegios y penaliza la venta a menores de edad, cosa a la que los buitres de Chiletabacos responden haciendo notar que esto sólo incentivará la comercialización subterránea y todo lo que trae asociada: evasión tributaria y contrabando, además de generar comercio informal ejercido por los famosos bandejeros, que […] no son fiscalizados por nadie, […] y lo que es peor, se lo van a vender directamente a los menores en las calles.

También se restringe el avisaje publicitario, por lo que la imagen del cancherito exitoso con un cigarro encendido en una mano y una modelo despampanante en la otra va a desaparecer, y el cigarro dejará de ser visto como símbolo de madurez, éxito y sex-appeal. Al desaparecer la publicidad del artículo en una sociedad de libre consumo se puede decir que éste prácticamente desaparece. Uno de los gerentes de comunicaciones de una cigarrera me da la razón: se deja a la industria que lo hace (el cigarrillo) […], en una situación casi de silencio total [...] cuando la ley esté en plena vigencia, el consumidor de cigarrillos no va poder recibir ninguna información de su producto.

Los huachacas asiduos de La Piojera (la más famosa picada santiaguina, que data de 1916) son quienes han aceptado de mejor forma la medida, ya que aunque la norma dice que cualquier restaurante que, como La Piojera, tenga más de 100 metros cuadrados para atender al público, debe delimitar una zona para no fumadores, herméticamente cerrada y con extractores para ventilarla. Es tanto así que ya tienen una zona para fumadores al lado del salón HIP (para Hueones Importantes). En las palabras de Dióscoro Rojas –-el guaripola de los huachacas--: […] pensando en las futuras generaciones, es bueno cuidar la salud y no obligar a fumar a los cabros que aún están sanos.