domingo, febrero 05, 2006

Soñar no cuesta nada

Cada vez que sueño despierto tengo varias temáticas recurrentes, que abarcan varios aspectos en los que me gusta perderme con los ojos abiertos. Hace un tiempo eran las vacaciones; ya las estoy teniendo, aunque no exactamente las que quisiera. También protagonizan estos sueños en vela las fantasías que eventualmente se cumplirán, así como otras que no creo se lleguen nunca a cumplir. Y otras que no deberían cumplirse.

Uno de los sueños más placenteros en los que me gusta perderme durante estas fechas es sin duda partir de vacaciones, en compañía agradable -ojalá con la mujer que no imagino- a un lugar espectacular, lleno de vegetación y pleno de cosas para capturar. Entre mi arsenal deberá estar la Canon EOS 350 D, tal vez un portátil o un Microdrive de 4GB, para guardar las fotos. Para escribir, un cuadernito puede bastar.

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A esta camarita, debe añadirse su inevitable set de lentes. A mi entender, para cubrirse las espaldas en todas las situaciones un fotógrafo aficionado como yo debería tener unos pocos lentes, lo más baratos posible sin caer en aberraciones cromáticas demasiado evidentes ni distorsiones demasiado notorias, y según he leído los objetivos Sigma cumplen decentemente este espectro para el fotógrafo aficionado. Para partir, creo que el lente que acompaña el kit de la cámara cumple, un Canon EF-S 18-55 mm f3.5-5.6. Pero eventualmente llega a quedar corto y poco luminoso.

En ese caso creo que los adecuados son un gran angular 18-50mm F2.8, luminoso para fotos con iluminación natural en interiores, jugando con la sensibilidad de la cámara y con un objetivo luminoso se evita el uso del flash. Para fotografía de paisajes, un 55-200mm F4-5.6 me parece adecuado (o tal vez un 70-300mm F4.5-5.6, no estaría mal); no hay necesidad de sacar el zoom y reemplazarlo para lograr fotografías de cerca. Y por úlitmo, para completar lo que creo la mejor combinación de lentes para un fotógrafo amateur, un macro 17-70mm F2.8-4.5. A ello sumarle un tubo extensor 2x y estamos listos.

Más de algún fotógrafo profesional podrá discrepar, pero yo en mi vida he tenido a lo sumo dos lentes, ninguno para cámaras digitales. Aún no pego el salto desde mi EOS 300 a una SLR digital, y espero poder hacerlo eventualmente, de la forma más agradable: de vacaciones, en compañía agradable -ojalá con la mujer que no imagino- a un lugar espectacular, lleno de vegetación y pleno de cosas para capturar.