sábado, febrero 18, 2006

Multi-Touch Interaction Research

Aunque detectar toques en una pantalla es un lugar común para puntos de contacto únicos (como en las cajas registradoras más modernas), la detección de múltipoles toques permite a un usuario interactuar con un sistema con más de un dedo a la vez, por ejemplo en acordes o en operaciones bi-manuales. Tales dispositivos sensibles también son inherentemente capaces de permitir multiples usuarios simultáneamente, lo que es muy útil en escenarios de interacción mayores, tales como murallas y tableros interactivos.

La técnica empleada para detectar los toques es sensible a la presión y se la conoce como FTIR (Frustrated Total Internal Reflection), y permite resolución y escalabilidad de modo de crear pantallas lo suficientemente grandes para acomodar ambas manos o varios usuarios. La implementación mostrada mide 36x27 pulgadas, es retroproyectada y tiene una resolución mayor a un décimo de pulgada.


Para descargarlo, hacer click aquí.


Los potenciales usos que podrían dársele a una interfaz como la que se muestra: modelado en tres dimensiones, vista de resonancias magnéticas en 3D, trabajo sobre una mesa de diseño en forma simultánea con varias otras personas, control intuitivo de aplicaciones de control industrial, diseño de moléculas en tiempo real, con rotación espacial. Imaginarse el uso que podría tener reemplazando un pizarrón en clases o sustituyendo controles en un avión o un barco.

Claro, este display debe ser el primero en tener una pantalla de este tamaño, que además permita usar varias aplicaciones como muestra el video. Sin embargo en el mercado existen otros productos como el Lemur de JazzMutant, que es una interfaz para controlar un vocoder, por ejemplo, y debe funcionar conectado a un computador.

Mientras que el display FTIR que muestro lo veo en centro de alta tecnología, como la NASA, rodeado de varios científicos y algunos militares representando a la NSA, NRO, DOD y cuánta otra sigla tenga el aparato de defensa gringo, al Lemur lo veo bajo los dedos de Jonny Greenwood, sentado a un costado del escenario y rodeado de muchos pedales de efectos, una tele y una radio prendidas detrás suyo, mientras en otra parte Thom Yorke toca el piano en un concierto en uno de los meses más fríos de Oxford.