sábado, febrero 18, 2006

George Brassens
1921-1981

Un día, no recuerdo de qué manera, llega a mis manos, o mejor dicho a mi disco duro, una canción de un tal George Brassens. Guitarra de palo y canciones en un francés que no sabría sino definir como parisino, donde cada letra r se transforma en ghr; canciones con aroma a baguette y a río Sena, a los Campos Eliseos, canciones que muy bien podrían sonar en el ascensor de la torre Eiffel son el estilo que caracteriza a este cantautor francés.

Año 1952. Francia empieza a salir de la crisis provocada por la Segunda Guerra Mundial, tratando de paliar la ruina económica y social en la que se sumía Europa. Un hombre, con aspecto intelectual y reservado, llamado George Brassens, llevaba unas canciones a un cabaret; una era Le Gorille, la otra La Mauvaise Reputation, dos de las canciones que más han perdurado. La dueña del cabaret quedó sorprendida, al tiempo que exigía a Brassens que fuera él mismo quien las cantara. Ahí empezaba la carrera de un gran artista, de una de las figuras del pensamiento, llamémosle anarquista, de la posguerra francesa y de todo el siglo XX.

Brassens nació en Sête, y tras un periodo en el colegio donde leyó poesía, comenzó a escribir sus propios versos. Durante 1940 trabajó para Renault, y luego de ser trasladado a Berlín a trabajar en BMW huye durante un permiso. Permanece escondido en París hasta su liberación en 1944, se une al movimiento anarquista y comienza a publicar sus poemas. Además de sus canciones, también musicalizó poemas de otros, y aunque en un principio sus canciones escandalizaban por su contenido, pronto ganó el reconocimiento y la comprensión del público, obteniendo en 1961 el premio Charles Cross y el Grand Prix de poesía en 1967.

Brassens nunca se consideró a sí mismo como un poeta y, a pesar de la calidad literaria de sus canciones, se autodenominó chansonnier (letrista y compositor). Por sus ideas huyó de la popularidad, permaneció junto a sus amigos, ayudando a fundar una organización de ayuda a niños discapacitados y apoyando a los nuevos talentos. George Brassens fue un hombre al que siempre le gustó estar solo, que nunca quiso ponerse la aureola de los triunfadores y famosos; durante su carrera grabó un total de 12 discos, aunque entre recopilaciones y homenajes, se llega a más de 60 álbumes.

Sus letras lidiaban con ironía las relaciones y los problemas sociales, que buscaban, al más puro estilo anarquista, luchar contra cualquier modelo de orden establecido, contra cualquier órgano de poder, como por ejemplo: Al ver que los pobres gendarmes/ estaban a punto de sucumbir/ me alegré, pues los adoro/ en forma de fiambre. Esa mordente ironía, contra la burguesía y el orden establecido, fue la que caracterizó la mayoría de las letras de Brassens.

Como colofón a una vida en la que prefirió la soledad, en la que no quiso medallas u honores, su muerte vino de la misma forma, produciéndose en soledad, sin nadie que le acompañara, una muerte al más puro estilo de su vida.