viernes, febrero 24, 2006

Dragobete

Hoy, 24 de febrero, en Rumania se celebra la fiesta tradicional Dragobete. Probablemente el 24 de febrero significaba para el hombre antiguo el comienzo de la primavera, el día cuando despertaba la naturaleza, el oso abandonaba su madriguera, las aves construían nidos y el hombre también participaba de la alegría de la naturaleza.

Dragobete es una entidad mitológica similar a Eros o Cupido; se diferenciaba del bonachón San Valentín de la tradición católica siendo un hombre guapo, inquieto e impulsivo. Retomado por los antiguos dacios, donde el Dragobete era un mendigo y padrino de los animales, los rumanos transfiguraron al Dragobete en el protector del amor de aquellos que se encuentran en el día de Dragobete, amor que durará todo el año.

En este día los pueblos rumanos resonaban de la alegría de los jóvenes y del dicho: Dragobetele săruta fetele (Dragobete besa a las jovencitas). Son muchas las creencias populares con referencia a Dragobete. Así se decía que quien participa de esta celebración iba a estar a salvo de las enfermedades del año, sobre todo de fiebre, y que Dragobete ayudaba a los dueños de casa a tener un año provechoso.

Vestidos de fiesta, los jóvenes se daban encuentro frente a la iglesia y partían a buscar por los bosques y valles flores de primavera. En el sur de Rumania las chicas se regresaban corriendo al pueblo, seguidas de un muchacho al que le gustaba. Si el muchacho era rápido y la alcanzaba, y si le gustaba a la chica, ella lo besaba delante de todos. Este beso significaba el noviazgo del parcito por un año o tal vez más, el Dragobete siendo una oportunidad para la comunidad de enterarse que bodas se preparan para el otoño.

Ni los más ancianos perdían el tiempo, siendo el día de Dragobete aquel en que debían cuidar de todos los animales y de las aves del cielo. En este día no se sacrificaban animales porque de esta forma se echaría a perder la razón de ser de los emparejamientos.

Las mujeres acostumbraban tocar un varón de otro pueblo, para ser cariñosas todo el año. Las niñas mayores juntaban los últimos restos nieve con el atardecer, llamados la nieve de las hadas, y el agua del derretimiento se usaba en el transcurso del año para embellecerse y para diversos hechizos de amor.