martes, enero 10, 2006

Navidad, año nuevo, otras yerbitas

Este es el segundo intento de escribir; el primero lo frustré sin querer queriendo cuando estiré las piernas el fin de semana y apagué el computador, sin haber alcanzado a guardar nada de lo escrito, obviamente. La cookie que planta Blogger para recuperar una cierta cantidad del texto escrito no funcionó cuando debió hacerlo, así que acá estoy, sentado como una gárgola con camisa amarilla, tecleando furiosamente para hacer calzar un martes las ideas que perdí el viernes.

Desde la semana antes de navidad que estoy trabajando en Rancagua, ocasionalmente subiendo al área alta. Supone esto una mejora en la calidad de vida, porque ya no me tengo que levantar con los panaderos: entro a las 8, y no me toma más que 15 minutos para llegar al trabajo, llego mucho antes también a casa. Tengo un escritorio amplio en la oficina que me dieron en la Superintendencia, pero en cambio tengo un asiento poco cómodo e inergonómico. Hace calor acá abajo, más que arriba, y el verano ya se está poniendo odioso.

Navidad llegó y pasó como un fin de semana cualquiera, mi papá durmiendo antes de las 11:30, yo durmiendo antes de la una. Como la familia es pequeña, pocos regalos; no puedo quejarme, fueron buenos regalos. Año nuevo lo pasamos, como es costumbre, en casa de Lucas con la familia reunida, con un asado bajo el naranjo y champaña apiñada para brindar a las doce. El incidente del día fue el corchazo que recibí en el ojo, ya que una de las botellas de champaña decidió dar la bienvenida al 2006 sincronizada con el horario argentino.

Como siempre los buenos deseos, las esperanzas para el año que se empieza a usar, en fin, todas las cosas que se suelen decir para esta fecha. Mi secreta esperanza es que el 2006 no sea peor que el 2005, y que resulten mis proyectos inmediatos, que espero fructifiquen a futuro. Que se abran las puertas de salida!