martes, enero 10, 2006

Multinombre

En estos dieciséis meses que llevo trabajando en Rancagua no he dejado de sentir a la ciudad como un ente extraño, odioso, podrido. Se suelen justificar sus escasos atributos culturales y sociales con el manido argumento de estar cerca de la capital; el que esta ciudad sea un satélite de Santiago no justifica la rancagüinidad que la impregna.

No se me malentienda, mi trabajo no me molesta, y la única queja que tengo es que me veo obligado a pasar la semana acá. Por ello me lo he tenido que tomar por el lado amable y le he inventado nombres, que de a poco se me van ocurriendo; a fin de año podré tener una colección de adjetivos para esta hermosa y acogedora ciudad (oh, ahí va otro).

    La culta y cosmopolita
    El paraíso en la Tierra
    Pueblo hundido
    El vergel de la sexta
    El Dublin chileno
    La moderna y activa
    La gran ciruela
    La hermosa y acogedora
    La vanguardista y refinada
    La pujante urbe
    La cautivante metrópolis