sábado, diciembre 17, 2005

11/D

Un par de semanas antes del 11 de diciembre me llega una cartita certificada a casa. Más que carta era una hoja doblada en tres, lacrada con sendas tiras de scotch. Me habían designado vocal de mesa para las elecciones presidenciales. En mi propia mesa, claro está, la 162.

A diferencia de lo que muchos pueden pensar, no me molestó. Tampoco me alegré, pero como nueva experiencia estaba muy bien, nunca había estado en la mesa, sino al lado, como apoderado, el '99. La carta ordenaba que los vocales deberían presentarse el día 4 en el local asignado de votación para constituir la mesa. Con menos de tres miembros la mesa no se considera constituida, y llegamos sólo dos.

Nos despedimos con Pascual, el otro vocal responsable, y nos volvimos a encontrar el 11 un poco después de las 7 de la mañana. Ya había aparecido un tercer vocal, por suerte, que ya me veía llegando como el único vocal, abriendo la mesa a las 10 de la mañana. Considerando que las mesas deben abrir nueve horas, no era una perspectiva muy agradable. Se echaron las suertes y fui elegido presidente de mesa. No me quedaba otra que hacerme cargo, cosa que hice.

Abrimos cinco minutos pasadas las ocho, y con sólo tres personas en la mesa dimos inicio. La ley permite pedirle al delegado que se designen vocales entre los votantes que vayan llegando, pero como anduvimos bien no fue necesario; más tarde, eso sí, nos asignaron un vocal: un muchacho, apoderado por la candidata. Afortunadamente, este muchacho llegó un poco antes de que se produjera el peak de votantes, por lo que aunque estuvimos a punto de vernos sobrepasados, nos quedamos en casi.

A pesar de todo ello, nunca llegamos a tener más de 6-8 personas en cola, aún cuando las otras mesas (en especial la 174) llegaron en algún momento a tener colas que atravesaban el gimnasio y regresaban al otro lado. Muchos de los votantes de nuestra mesa venían preguntando cuál es la cola? pero no había cola: éramos la mesa express. Claro que hubo momentos que no se podía hablar, no se podía hacer más que atender un flujo constante de votantes.

A pesar de que la cartilla que se entrega a los vocales recomienda tener unos 20 votos doblados y vuelta a estirar, para dejar marcados lo pliegues, en teoría para facilitar la labor de los votantes, nosotros doblamos y dejamos doblados los votos, en gran cantidad, así que la labor de entregar los votos no se complicó. En el momento más álgido tuvimos dos votantes en la cámara secreta, dos esperando entrar, y dos a los que se les tomaba los datos. Además, al recibir el voto doblado, el votante lo desdoblaba y lo volvía a doblar, así que no hubo más dos o tres despistados.

Problemas? Nada de otro mundo, alguien se llevó la cédula de otro, alguno que tenía la inscripción cancelada... llamen al delegado! decía yo cuando aparecía un incidente. Inconvenientes? El calor, que en cierto momento debe haber superado los 38 grados, ya que el gimnasio tiene un techo de zinc que es un primor. A esa hora el gimnasio era un horno del tamaño de un gimnasio: todo estaba caliente, las sillas, los papeles, las cortinas de las cámaras de votación, la ropa, todo.

Cerramos de entre las primeras mesas, pero ya estaba exhausto, más que nada por el calor brutal: no es secreto para nadie que prefiero el frío. Me pasé catorce horas en el local, lo que significa que salí alrededor de las nueve de la noche, con náuseas, y cuando me acosté a dormir, lo hice con frío en el cuerpo y calor en la cabeza. Una frazada para las piernas y una compresa helada para la cabeza.

Los resultados mandaron: habrá segunda vuelta! Entre la primera candidata a presidente (y muy probablemente la primera presidenta de Chile), y un empresario, multimillonario, que tiene entre sus activos un 27% de la propiedad de LanChile. La verdad es que no entiendo por qué tiene que haber una segunda vuelta (obvio, la ley así lo manda, pero es una mala ley): la candidata ganó al segundo aspirante por cerca de un millón y medio de votos, algo más de 21% de la votación. considerando que más o menos la mitad de la población chilena se ha puesto la soga al cuello para votar siempre, el 25 y algo por ciento del segundo lugar se transforma en algo ínfimo. En cualquier país del mundo tendríamos presidente electo, acá no. Por lo tanto, nos veremos las caras el 15/E.