lunes, noviembre 14, 2005

Ygdrasil

Fui a Conce, a mediados de octubre, a buscar un certificado de notas, necesario para completar los documentos para postular al MBA de la Universidad de Talca. Aproveché el permiso del trabajo para viajar un viernes, temprano en la mañana, de modo que a la hora de almuerzo estaba en Concepción. Un viento helado soplaba, pero a pesar de ello tenía calor.

Había dejado coordinado en la semana para encontrarnos con una amiga, almorzar e ir al cine, tal vez a bailar. Pues bien, ateniéndose al plan, me junté con Jessica, almorzamos y me acompañó después a la Secretaría Académica de la facu a buscar mis papeles. Trágicamente, mis notas del sistema decimal, que no eran nada de feas, cambiaron a unas notas un tanto modestas, al convertirse de la escala 1 al 7. Pero en fin, esta es la vida, no la he inventado yo, así que habrá que bancarse el nuevo esquema de notas.

Como no podía ser de otra forma, me encontré con algunos conocidos, que aún quedan por esos lados. Algunos iguales, otros con algunos kilos de más, producto del sedentarismo y comida de cafetería, tal vez. Después de dejar a la Jessica en su depa, me reuní con Carlos en el hogar. Estuve toda la tarde con mi amigo, molimos mucho trigo, tomamos café, fumamos, cantamos, como en los viejos tiempos. Cayó la noche y con ello se me hizo la hora de ir al hotel, a descansar los huesos.

Novela

El plan para el día siguiente era almorzar y ver alguna película en el cine, con Jessica. Y entre un ir y venir, para hacer tiempo hasta la hora de la función, entré a una librería y me encontré de narices con Ygdrasil, primera novela de Jorge Baradit, colaborador de TauZero, como yo, pero desde mucho antes. No tenía muy claro el argumento, y al hojearla, en la solapa sale una foto del autor. Sorpresa! Lo conocía de antes, cuando en Ñuñoa acompañé a Rodrigo a un evening en casa de una chica llamada Karen.

Pues bien, compré el libro (agradablemente barato) y el domingo, después de pasar por el hogar a despedirme de Carlos, almorzar con Jessica y abordar mi enlace con el tren en Chillán, me fui pensando una y otra vez en Ygdrasil. Cansado como estaba, cansado de nada he de decir – al final no hubo baile – en el tren saqué la novela y empecé a leerla. Vaya voladura!!! Interesante, pero voladura igual no más. Creo que en el iPod venía escuchando Zoolook de Jarré, y para muchas partes del libro se transformó en una banda de sonido perfecta… o ferpecta… puesto que las sensaciones de la narración muchas veces se amalgamaban con las sensaciones emanadas de la música.

Reseña

Insisto, la narrativa es barroca, y a ratos las descripciones son para mayores de 21: fuertes, brutales. Como puse en la reseña que entregué a TauZero, una mezcla de lo que no se vió de Event Horizon con las construcciones orgánicas de Alien, una mezcla de Neuromante con hentai y todo esto combinado en proporciones con el Necronomicon de Hansruedi Giger por Baradit, como un chef ciego y kitsch. A pesar de todo, no me demoré mucho en leerla: empecé un día domingo bien entrada la tarde, y terminé un jueves a media tarde sin restarle horas al trabajo, porque siempre dejé el libro en casa.

La reseña, como tenía fresco el recuerdo del libro, la saqué en un dos por tres, literalmente: cerca de una hora y listo. Una media hora o cuarenta minutos más de revisión y se fue por correo donde Rodrigo, que terminaría publicándola. Gracias a mi idea de publicar un addendum a la reseña, el texto original salió mutilado ligeramente en la edición digital, y para variar mi reseña biográfica no me representa ni cercanamente, y por si fuera poco, Rodrigo me regala dos años más: según él, nací el ’75. Después de algunos tira y afloja se corrigieron estos nimios errores y mi reseña está on line, en pdf.

En el Mapocho

El addendum que mencionaba tiene relación con mi visita a la Feria del Libro de Santiago. Se conjugaron varios factores para ello: el día martes feriado, mi cercanía geográfica, el lanzamiento de Ygdrasil, y lo más importante: capacidad monetaria, que me permitió comprar algunos libros sin tener que pegarle un mordisco demasiado profundo a mis morlacos y no meterle mano a la tarjeta de crédito. Una de las pocas veces que la usé fue justamente para comprar libros, en BAires.

En las noticias se solía escuchar, a propósito de la Feria, que era cara y variada. En realidad había variedad de libros, pero no de temática. Y no me pareció cara! De hecho hice algunos negocios ventajosos, y entre otras cosas encontré algunos libros que en Rancagua no se encuentran por nada del mundo: mucho para esta pobre ciudad. Iba con intenciones de comprar muchos comics, pero me encontré con que no quería gastar mucho en comics como no fuera en Elseworlds o Vertigo (la línea adulta/inteligente de DC). Nada de lo de Vértigo me interesó, y sólo encontré un Elseworlds: Superman Rojo (que explora comunismo vs. capitalismo desde la premisa de ¿qué hubiera pasado si Kal-El hubiera caído en Ucrania en vez de Kansas? Obviamente gana el capitalismo, no podría ser de otra forma en un comic DC).

Después de encontrarme con Rodrigo a las puertas de la Estación Mapocho, conversar un rato, reencontrarnos dentro, comprar libros, conseguir que Baradit me distinguiera autografiando mi copia de su novela, llegó la hora de la presentación en sociedad de Ygdrasil; entramos a uno de los salones empleados para tal efecto, que terminó abarrotándose de fanáticos y curiosos. Obviamente esta conferencia no deja de ser un evento publicitario, y para ello tenían invitados a un crítico muy elogioso y al calvo Dr. Zombie, al que conocía de oídas en sus programas de la radio Rock&Pop. Hablaron todos, cerrando Baradit, reduciendo a adornadas insignificancias los discursos anteriores.

Después de la conferencia, regresar al stand de Ediciones B, recorrer estanterías para encontrar los dos últimos libros que compraría, y terminar en unos sillones tomando bebidas y conversando banalidades con las amistades. Poco después, de regreso al metro, a la estación y al metrotren a regresar a la (gracias a los libros que transportaba) un poco más culta e igualmente cosmopolita ciudad de Rancagua.