lunes, noviembre 14, 2005

n+1

Sábado en la noche. Se supone que hay plan. ¿Salir o no salir? Es la pregunta. Salgo o no salgo. La verdad que estaba en equilibrio inestable, un poco cansado para salir, pero no tanto como para meterse en cama. Salir o no salir, that’s the question. Pensé en salir en taxi, y no salir en el Avispón; hubiera preferido salir en La Monstruosa, que es menos llamativa (relativamente hablando). Antes de salir, por flojera, en el Avispón, se conectó Compañero al msn, y conversamos un rato.

Me habían invitado previamente a degustar un fernet con coca, pero preferí, nuevamente por flojera, juntarnos en el pub. Entre los parroquianos estaba el desagradable Negro, un galán de pacotilla que pertenece a aquella categoría de galancetes que exhiben los contenidos de sus billeteras para lograr algo de atención. Obviamente que los contenidos de la billetera son cualquier cosa menos billetes, en este caso, diversos plectros para guitarra. Imagino que toca guitarra, y no debe ser mucho más lo que hace. El otro parroquiano, uno bastante callado y discreto, tenía más temas de conversación disponibles que el Negro.

Llegué con la idea de regresar temprano a casa, alrededor de las dos de la mañana a más tardar. No contaba con Ella. La había conocido el mismo día que conocí a las otras. Recuerdo haberlas conocido como amigas de Pía, amiga de la Caro. Se tuvo que retirar temprano, viajaba. Una lástima, me pareció guapa, y me hubiera gustado conocerla más. Pero en fin, la vida no es nunca como uno quiere, y rara vez las cosas salen como creemos sería ideal. Claro, si no hubiera cagadas, no tendríamos muchos parámetros para separar el oro de la mierda.

Así pasaron los días, las semanas, los meses. Creo que era agosto cuando la ví por vez primera. Después sencillamente pasó a estar en mis archivos como “la amiga que se fue temprano”. No me acordaba del nombre, tampoco. La otra amiga de la Pía, que reemplazó a Ella, tampoco tiene nombre en mis archivos. Quedó la Ale, buena amiga y agradable contraparte de salidas. Y después por su intermedio conocí a la Cony, conocieron a Compañero, conocí a la Chica, conocí al espumoso Patolín. Cuando manejaba el Avispón en dirección al pub, me imaginaba que el trío sería Ale+Chica+Cony. Eventualmente aparecería Patolín, a… terminar la juerga? Como todas las veces que lo he visto, hecho bolsa.

Pero estaba Ella. Quedé sentado a 180º, a un diámetro de distancia. Geométricamente, estábamos en los extremos de la cuerda más grande. Oh, la mesa era circular. A partir de entonces empezamos a intercambiar mensajes en una suerte de código Morse codificado, yendo y viniendo a lo largo de la cuerda. Lamentablemente, a mi lado Ale soportaba la corte incesante del Negro, mientras al otro lado Cony conversaba con Silent Bob quedando yo a 180º de Ella, sin poder conversar por lo fuerte de la música.

Entonces, como suele suceder, se abre la ventana: se levanta el Negro a buscar más cerveza, y yo le cambio de lugar, y quedo a 20º de Ella. Y entonces empezamos a conversar, yo a perderme como hasta ahora en sus ojos azules, brillantes. Si me gustaba de antes, ahora me gustaba más. Salimos al día siguiente, y desde entonces que venimos saliendo. Y que disfrutamos de nosotros. Tardó, pero llegó (la primavera).