lunes, noviembre 14, 2005

El Worror de La Reina

Para empezar no pregunten dónde queda La Reina. Baste saber que es una comuna del populoso Santiago, mas no me pidan que la señale en un mapa sin texto. O que siquiera indique una dirección vaga del sentido en el que podría encontrarse. Obviamente no sabría regresar!

¿Y cómo comenzó todo esto? Pues como todo lo que ha pasado en TauZero hasta ahora: debido a Ygdrasil. Me avisa Rodrigo (en el marco de una llamada para saludarlo por su cumpleaños) que el fin de semana siguiente habría un asado TauZeriano al cual, en mi calidad de colaborador, estaba invitado. Vale, dije, de allá somos. Servirá también para saludar al cumpleañero.

Llegado el viernes, nos dimos cita para ir a la oficina del que sería anfitrión de la velada. Tenía, eso sí, que viajar de Rancagua a Santiago, cargando además de la ropa sucia de la semana y el inevitable libro, una botella de vino, que vaciaríamos en honor a los 27 de Rodrigo. Ahí, en la oficina, conocí a Sergio Amira, diagramador de TauZero, y a Armando Rosselot, el anfitrión. A Daniel Contreras lo había visto un par de veces antes. Nos fuimos entonces, raudos a comprar las materias primas que se convertirían en asado y ensalada.

Después en casa de Rosselot fui conociendo a los otros TauZerianos, y saludando a los que conocía de antes. Así fue que me enteré que el anfitrión, Armando, es conocido como Worror. Ya sabía que la chapa de Rodrigo es Tino. En eso llegó Zeus, Vak no apareció, como tampoco Pazuzu, aunque estuve con ellos unas horas antes. Apareció Baradit y su esposa. Llegó Gabo con su polola Nati. A mí, ¿cómo se me conocerá? me preguntaba a cada instante.

No se crea, por favor, que la reunión era una reunión de frikis, geeks, ñoños. Se conversó en español, y no en tusken o klingon. No se crea que se analizó Ygdrasil página por página, metáfora por metáfora, aunque salió a la palestra un rato. Se tocó el tema de las elecciones que se vienen, de los payasos que ya no dan risa, como el tony Joaquín. Se habló de algunas películas de reciente exhibición, vistas por algunos. Se habló, cómo no, de libros. Se hablaron instrascendencias; claro, nadie había venido a teorizar acerca de nada.

De no ser por la ausencia de dos a quienes se esperaba que aparecieran de un momento a otro, no hubiera salido tampoco el tema de Star Wars: se especuló tan largo y tendido que se habrían retirado a jugar a las espaditas (todo esto dicho con una sonrisa de entendido mientras que se entrecruzan los índices extendidos de ambas manos, frotándolos uno contra otro) que se terminó transformando en el tópico recurrente de la noche. De ahí a su análogo láser, un paso, y las respectivas carcajadas duraron hasta la despedida. En moto la familia Baradit, el resto en .zip en un taxi conducido por un bigotón canoso que me recordó a Sofocleto, pero de carne y hueso y con más años.

Pernocté en el depa de Rodrigo, ocupando la cama que dejaba disponible el compañero de depa: si yo me consideraba desordenado, me he dado cuenta de que hay otros peor. Desperté muy temprano para viajar temprano, no dormí nada en el tren, a pesar de haber viajado en los asientos más cómodos que se pueden encontrar. Llegué a casa a dormir, desperté para almorzar y volver a dormir siesta, y en la tarde, fui a ver a Ella.