viernes, setiembre 16, 2005

Mierda

La montaña rusa de mis sentimientos sigue, como siempre: aún no se termina el paseo. Después de estar en tierra firme por largo tiempo, hacerse a la mar en tiempos de tormenta marea. O por lo menos incomoda. Cuando los recuerdos se transforman en oximoron, sólo queda tratar de autoinducirse un estado de amnesia selectiva para no tropezar al caminar. Sólo queda la condena del olvido, odioso, ineludible.

Cuando se llega al destierro, se odia al pueblo que condena a partir para no regresar. Cuando llueve y el paraguas no es suficiente, la lluvia que antes se transformaba en un momento de intimidad y tranquilidad es ahora una molestia, una oportunidad para disimularse, o para justificar los ánimos decadentes e imperturbables.

Se grita en silencio bajo la lluvia, destrozando las entrañas ausentes de mis días. Con el llanto se queman los sueños perdidos, las risas dolorosas, los abrazos sin reflejo, los besos fríos y las miradas ciegas. Con el sollozo se comienza de nuevo el camino, buscando los pasos perdidos, soñando y temiendo comenzar a caminar sin muletas.

Volaba, pensaba; caminaba. Soñaba, creía; soñaba. Vivía, agonizaba? Pronunciaba un nombre como una letra muerta, manchado por lo inevitable, por lo ciego, por la ausencia. No pronuncio un nombre, por no hacerlo con una diametralidad tan opuesta que me aterra descubrir a que extremos puede llegar el daño causado. No pronuncio, pero a veces me torturo pensándolo, soñándolo, sientiendo el vacío que ocupa hoy su volumen. A veces me torturo pensando sólo el esfuerzo que costará volver a emprender el camino interrumpido.

Y digo mierda! mil veces mierda! por qué la amnesia tarda tanto? Será que de tanto revestirme con las corazas que no supe ponerme a tiempo, he dejado atrapado en los despeñaderos del dolor justamente lo que quiero expulsar? Será que de tanto endurecerme cada embate de alguno de mis oximoron resuena como campana? Será que de tanto querer que pase, he dejado atrapado el tiempo, perdido en mis cavernas?

De tanto endurecerme el olvido no puede clavar en mí sus dientes cristalinos y gélidos, tan sólo puede arrastrarme y ocultarme, dejándome de lado y continuando un camino divergente. Olvido a veces que los empates no existen, pero mi memoria es lo suficientemente buena para reconstruir de la nada un oximoron, formando una sonrisa inversa, formando una lógica contraria a la que regía mis esferas en abril.

Abril, maldito abril y mayo, que no quedan atrás, son ayer, ayer nada más, y mañana que no parece querer venir; horribles y feroces meses, de vendavales y tormentas, de temblores, de ardores. Malditos meses, maldito el año del Perro, pronto, váyanse volando al más negro de los olvidos, húndanse y piérdanse en la negrura eterna de la amnesia impasible. Malditos.

Como retribución, un golpe, un hielo terrible; la incomprensión. La incredulidad. Cuando todo parece que está bien, es que has pasado algo por alto. Escapo en un aullido a los terrenos del sueño, sin encontrar reposo, sólo obsesión por lo único ausente y lejano, perdido. De nada sirve la persistencia ante la muerte, de nada sirve el sacrificio si en retorno sólo hubo silencio y cobardía, sólo mierda.

Todos pasamos, todos morimos y todos somos nada; sólo un pasar que dura menos que un suspiro en el viento. Somos todos dispensables. Todos somos nadie, sólo sombras en la noche, difusas y heladas; fantasmas en la nada, un llanto en soledad, un dolor oculto y eterno. Todos somos gusanos esperando ser luces por un momento, pero qué sombrío es el viaje a la inversa!

Estoy cansado de viajar en la montaña rusa. Hasta cuándo? Caigo y caigo, ya no vuelo. Duermo pero no sueño, no me puedo evadir. Hasta cuándo? La risa es el instante, y no se prolonga después del fin. Hasta cuándo? Que venga la amnesia y se lleve todos mis oximoron. Soltar todo y largarse. Que venga la lluvia para darme alivio al cataclismo que reformó mi geografía. Que venga la mañana, que termine esta noche larga. Que vuelva el sueño, el vuelo. Vuelva la esperanza. Aunque la noche se instala, vuelve la vida. Y vuelve el amor. ¿Pero cuándo?