miércoles, setiembre 28, 2005

Fin de semana de antiantología

El fin de semana de las fiestas patrias llegó y pasó, solamente advertido por ser un fin de semana un poco más largo. Nada especial que relatar, ni siquiera el tedio de fin de semana, que parece estar convirtiéndose en la norma.

Mi celebración consistió en ir el jueves a Concepción a un seminario acerca del nuevo Reglamento Eléctrico, más que nada un acto de marketing, ya que la exposición fue de un nivel muy básico. Esta opinión es compartida por mis amigos y futuros colegas, con los que fui. Llegamos tarde, gracias a mi poca pericia al volante por las calles de Conce, pero al parecer nos estaban esperando para empezar. Claro, llegamos 7 asistentes de golpe, completando unos 12, creo. Si no hubiéramos ido, qué triste!

Los expositores fueron dos señores, no sé si aún profesores de la Universidad de Chile, de amplia experiencia como consultores según entendí. Por lo mismo me fue extraño que se perdieran en anécdotas y clases teóricas, en cosas que no creo que el resto de los colegas asistentes hayan olvidado, y que nosotros, el público sub-30, tenemos aún muy fresco. En fin, de alguna forma justifiqué esta expedición a Conce. Y de Reglamento Eléctrico, muy poco.

Pude regresar (por lo menos hasta medio camino) con Carlos & Mauricio (amigos) el viernes, y hasta Talca con Claudia (amiga). Conversando los viajes se acortan bastante, pues. Ahí terminó mi celebración. Lo que vendría después, el verdadero fin de semana, se convertiría en un interminable tedio: ver películas, estar frente al PC, leer, comer, dormir. Más o menos hacer lo mismo que normalmente hago en Rancagua.

El lunes se me hizo insoportable. Entiendo que mis amistades tengan prioridades, el pololo, el hijo, etcétera, y de las cuales naturalmente quedo excluido. Pero que mi familia se dedique estos días que podrían utilizarse para salir, hacer alguna cosa fuera de lo común, a pasarse en cama y ver películas, no entiendo. No hubo asado (“hay tanto para comer en casa”). No hubo visita a nadie. No hubo salida al campo. Lo festivo se redujo a acompañar a los viejos a comprar jeans y a cortar el pasto por la mañana uno de esos días. Ah! Y en no ver a nadie menor de 50.

Puestas así las cosas, sólo me quedaba esperar el regreso al trabajo; por suerte pude venirme conversando hasta acá. Claro, no podía faltar la anécdota: para cerrar con broche de caca las fiestas patrias, en la estación casi me pegan. Bajando del tren me encuentro con la secretaria de Pacific Hydro, que fue secretaria de Generación para el tiempo en que hice la memoria, y de donde desarrollamos una relación amistosa y amena, en la que el buen humor por lo general abunda.

Venía con el marido, la hija y la mamá (de ella o de él, no me queda claro). Mientras esperábamos llegar conversábamos animadamente. A la bajada le digo, bromeando, “no te escapas tan fácil” ya que íbamos a salir por el mismo sitio. Instantáneamente, tenía al marido encima, con la hija en un brazo y un bolso en otro, en un agresivo despliegue de macho alfa, diciéndome “Qué te pasa, huevón!? Qué te pasa!?” Nada, compadre, nada… le dije, con un tono de voz que imagino trasuntaba el hastío concentrado del fin de semana y el cansancio que me cubría, y seguí mi camino.

Creo que más que asustado estaba sorprendido por la reacción del tipo, exageradamente agresiva ante lo que considero un comentario jocoso sin intención oculta, entre dos conocidos de hace tiempo. Mientras seguía mi camino, ya separando abiertamente las aguas con el macho alfa, escucho detrás la voz de la mamá (de ella o de él): “Es que él es celoso…” No señora, eso no es ser celoso, eso es ser idiota. Y unos pasos más allá detrás de mí siento que me dice otra cosa más, en el mismo tono fuerte y golpeado, de macho ofendido a muerte. Disculpe, amigo, disculpe… le dije, en el mismo tono de hastío, que verdaderamente sentía.

Si me salvé de la golpiza que de seguro tenía ganas de propinarme la media naranja de mi conocida se debió únicamente a que andaba trayendo a su hija en brazos, y un bolso en el otro. Y a que el andén estaba lleno a reventar. En fin, para completar las delicias de este fin de semana sólo faltó que me meara un perro.

1 Comments:

Blogger ventas-online said...

Me han interesado mucho los comentarios sobre marketing agresivo que he podido leer en su blog. Quizas encuentren interesante el proyecto sobre marketing agresivo que estoy iniciando. Un saludo.

11 julio, 2006 01:38  

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