viernes, setiembre 16, 2005

9.2004 - 9.2005

He cumplido el primero de septiembre un año trabajando. Pasó de forma tan discreta que no me acordé sino algunos (varios) días después. O a lo mejor fue que no me quise acordar, tal vez para evitar la celebración. Los ánimos no están como para celebraciones.

¿Qué he logrado en este tiempo? Laboralmente trabajo en dos partes de la División, he asistido a dos cursos internos y me tienen considerado para un tercero; planeo (al igual que cuando entré) hacer un MBA para darme uno que otro bono adicional, tal vez para futuras promociones o aumentos o tal vez en un tiempo más quedar contratado en la División, con los beneficios que ello acarrea.

¿Qué me falta? Me falta un círculo social en Rancagua. El ambiente para hacer algo después de trabajar con coetáneos/as es inexistente. Sigo quedándome sólo después de trabajar. ¿Cómo lo soluciono? Arriendo una que otra película, leo, trato de tocar guitarra, de cantar, de escribir, y más recientemente me he preparado almuerzo para traer a la oficina y ahorrarme el almuerzo que normalmente perpetran en los casinos de la empresa. A veces llamo a una que otra amistad – que invariablemente está a más de una hora de camino – pero por lo general el teléfono se comporta igual que antes: ausente. Y los viernes, de regreso a Talca, aunque no siempre hay panorama.

Sigo echando de menos Concepción, por las amistades que he dejado allá. El clima. Eventualmente regreso, pero solamente de pasada. A Santiago voy también, pero también de pasada. A Talca voy, aunque de pasada, los fines de semana. Y en Rancagua, por la vida que tengo acá, sin amistades ni espacio social post-trabajo, y porque bien se puede decir que pernocto en la ciudad solamente, también parece que estoy de pasada.