lunes, agosto 29, 2005

Coming Soon

Estamos a fines de Agosto, llega dentro de poco el feriado más esperado en Chile, después del San Güích, que se celebra varias veces en el año, y del que me beneficié muchas veces como estudiante: el Dieciocho.

El dieciocho de septiembre chileno es el análogo del 9 de julio argentino o 28 de julio peruano. El día de la independencia. En todos nuestros países salen a relucir los bailes llamados nacionales, que curiosamente, pocos saben bailar; las comidas nacionales o llamadas típicas, el alma chovinista colectiva crece algunos puntos más en la escala de los valores patrios.

Acá en particular se elevan volantines, no sé si porque es costumbre de esa fecha o porque coincide que el mes es uno con buenos vientos para elevar volantín. En la radio se acuerdan de que existe el folklore, o lo que la gente de la capital considera que es: unos conjuntos musicales de señores y/o señoras de la tercera edad (o casi cuarta), forjados en los barrios mas tradicionales de la capital, que se disfrazan de huaso, y que en su vida han puesto la mano en un cuchillón o un garabato, menos en un arado.

También se desempolva la cueca, el baile nacional derivado de la zamacueca, que llegó de España. No es difícil ver a alguna “autoridad” bailar cueca en cuanta inauguración de fonda hay, haciendo el ridículo la mayor parte de las veces.

Aparecen los fonderos, con sus esperanzas de que no llueva y se les arruine el negocio: si llueve, no va nadie a las fondas, que a esas alturas se transforman en barrial; sólo llegan los curados usuales, sedientos de chicha y rosca. Y se quedan con la carne! Que desperdicio, en un país carnívoro por definición como es Chile.

En esa época se ve a las autoridades sanitarias fiscalizando cuanto boliche se instale con una parrilla y una garrafa; se pueblan las calles de vendedores de volantines que han trabajado varios meses fabricando volantines para venderlos en ese mes y sobrevivir hasta el proximo año; los descampados se cubren de volantineros y es común ver cuadrillas de niños a la caza de algún volantín que se fue cortado.

¿Y para mi? El seminario en Conce. Y si el pastel cuaja, volveré acompañado a Talca.

Los dominios del Perro

Tuve la fortuna de poder saltarme la subida a Colón el miércoles: el día antes había nevado y no se sabía el estado de la carretera, y yo tenía permiso para asistir a una conferencia en Santiago el miércoles. Este inesperado espacio me dio tiempo para limpiar, ordenar, lavar loza atrasada y aprovechando el sol radiante que ese día inundaba la ciudad, ventilé el depa. Y para levantarme más tarde.

La conferencia no era larga y me dejaba algo de tiempo antes de regresarme a Rancagua, y me puse en contacto con mi amigo Rodrigo, a ver si nos podíamos tomar un cafecito. Nos reunimos en una estación de metro, y fuimos a su departamento a tomar once. Casualmente, vive relativamente cerca de algunos lugares que sí conozco en Santiago y por los que no andaba hace tiempo.

Compartimos un té con tostadas, y la conversación la monopolizamos Panes, su compañero de departamento, y yo. Yo era la parte minoritaria de este duopolio, si se quiere; este colega, también compañero de la facultad, está terminando un magíster en ingeniería industrial, y al parecer debe ser uno de los buenos estudiantes. Lo que pudimos conversar con el Perrito Mundaca lo conversamos casi por completo en el metro cuando me acompañaba de regreso a la estación, a pillar el metrotren.

El departamento es tan acogedor como sus habitantes. Nunca me he fijado en las materialidades de las casas que visito, sino en el ambiente que las invade. Es por eso que me sentí cómodo en la casa de mi amigo, aunque carezca de las comodidades que, estoy seguro, llegarán después. Es por eso que puedo estar tan cómodo sentado sobre un banco de madera con piso de tierra en el campo como incómodo en un sillón de diseño, con una hermosa vista y pisando una alfombra de angora. La hospitalidad fraterna de mi amigo y colega bastan para vestir cualquier pared o piso desnudo y para llenar cualquier carencia. Hay que decirlo: Mundaca tiene mucha potencialidad de anfitrión.

El número Omega

De alguna parte llegó a manos de mi papá un reloj de bolsillo, de esos antiguos, con una de las agujas cortadas, con machucones en la carcasa, algunas fisuras en la esfera... obviamente no funcionaba, le faltaba la cadena típica que solía unir estos relojes a sus dueños en la primera mitad del siglo pasado.

Como estaba sucio y descuidado lo miré en menos, hasta que me pude fijar con atención y me di cuenta que no era cualquier reloj, era un Omega. Claro, un Omega venido a menos, pero un Omega al fin y al cabo. Después de un tiempo el viejo lo llevó a una relojería, lo arregló, le añadió una cadena y me lo regaló.

Ahí le empecé a tomar el gusto. Me di cuenta que atraía miradas y que bien podría ser tan viejo como mi papá. Pero, ¿cómo saberlo? Lo llevé, al pasar, a una de las relojerías de Talca, para que me lo tasaran cronológicamente. Ni siquiera se dieron el tiempo de mirarlo, me mandaron a otra de las relojerías top de Talca. Aunque en justo rigor, ambas son joyerías que también venden relojes, aunque no son su especialidad.

Recordé que en la contratapa el reloj trae grabado el logo de la compañía y un número. Después de meditar un rato pensé ¿quién mejor para resolver esta duda sino el mismo fabricante? Navegué en un rato de ocio el sito web del fabricante, y en alguna parte había una sección Vintage. Completé los datos que pude, puesto que no tengo acceso a otros que están, según entiendo, grabados en el mecanismo y dentro de la carcasa. Claramente no tengo acceso a ellos, por lo que únicamente quedaba a mano el número grabado en la contratapa.

Esta semana me llegó un correo de Omega contándome que el reloj que yo pensaba era no más nuevo de los ’50, era un venerable que cumplirá 95 años en noviembre.

domingo, agosto 28, 2005

Pollo a la sal

No sé que tan apto sea este plato para los hipertensos, pero la verdad es que lo único con exceso de sal es el nombre. Hace muchos años, en casa de una compañera de curso, creo que aún en los ’90, preparé algo por el estilo. Pero fue recién hace uno o dos años que pude prepararlo como pensaba que debía hacerse, en casa de la ex.

Ingredientes
Pollo, según el gusto y número de comensales
Sal marina
Sal fina
Especies al gusto
Opcionales: aceite de oliva, vino blanco

Utensilios
La bandeja del horno

Antes de empezar, encender el horno, extender la sal marina sobre la bandeja formando una cama.

Preparación básica (con pocos medios): Extender las presas de pollo sobre la cama de sal, salar o salpimentar el pollo. Llevar al horno a fuego máximo por una hora y servir. Esta fue de las primeras preparaciones, ajustadas a un presupuesto de estudiante y a la inexperiencia.

Preparación soñada (con varios medios): preprarar una marinada con el vino blanco, el aceite de oliva, pimienta negra molida, ajo rallado y un poco de curry y merquén. Bañar por una hora u hora y media el pollo en esta preparación. Nótese que no se ha salado aún el pollo! Después de este tiempo, extender las presas de pollo sobre la cama de sal, espolvorear con curry y sal fina, llevar al horno. Reservar la marinada e ir rociándola de vez en cuando sobre el pollo. Después de una hora, apagar el horno y dejar reposar por 10 minutos.


Ambas preparaciones pueden servirse con lo que sea, desde una ensalada sencilla, pastas o el puré aromatizado con ajo.

Puré aromatizado con ajo

Hace un tiempo que leí una receta, que adapté un poco a mis gustos. Mientras que a unos les gusta un puré gomoso, casi liquido, sin textura, yo prefiero el puré rústico, es decir, papas machacadas a mano, y como resultado se obtiene un puré con trozos de papa adentro, de una consistencia que permitirá moldearlo en el plato, evitando que inunde y cubra el resto de los alimentos puestos en el plato.

Ingredientes (para una persona)
200 g de papas (2 o 3 papas medianas)
5-6 dientes de ajo
Sal
Pimienta blanca
½ taza de crema espesa
Aceite de oliva, margarina o mantequilla

Utensilios
Una cacerola
Una sartén
Un cuchillo afilado
Un tupper hermético o una bolsa ziploc
Tenedor
Una tabla

Poner a calentar la sartén a fuego medio. Una vez que esté caliente, poner los dientes de ajo sin pelar y dejar en la sartén hasta que se empiecen a dorar o hasta que empiecen a verse manchas oscuras en la chaqueta del ajo. A fuego medio ocurrirá en unos 20 minutos aproximadamente. Inmediatamente trasladarlos al tupper o a la bolsa ziploc, cerrar herméticamente y llevar al congelador por unos 5-10 minutos. Es indispensable para no dejar malos olores y para facilitar el pelado del ajo que el recipiente en el que los ajos vayan al congelador sean herméticos.

Mientras se doran los ajos, pelar las papas y picar en cubos de 1-2 cm de lado. Poner a cocer con un poco de sal en la cacerola, y una vez que hierva, ir probando con un cuchillo el punto de las papas, en fin, cocer las papas para hacer un puré. Una vez cocidas las papas, machacar con un tenedor, hidratar con mantequilla o margarina o aceite de oliva.

Sacar los ajos del congelador. La condensación formada por el cambio brusco de temperatura facilitará la tarea de pelarlos. Una vez pelados y cortado el extremo duro, moler en un mortero o picar a cuchillo y mezclar con la media taza de crema espesa. Llevar al microondas a media potencia por 2 minutos; esto es sólo para calentar la crema de modo que no enfríe el puré. Mezclar con el puré hasta conseguir una distribución homogénea. Salpimentar a gusto y voilá!

Podrá dar la impresión de que la preparación resultante es un poco fuerte, pero no es así: el hecho de pochar los ajos (que es como creo que se llama al proceso de cocer a fuego lento los ajos con chaqueta) transforma su sabor de algo agresivo y prepotente con los otros sabores, en un gusto y aroma mucho más elegante y discreto.

sábado, agosto 20, 2005

La vuelta a las teclas

Ha pasado un buen rato desde que me serví la plateada del kiosco de Maitenes, en que no he escrito nada, aunque las ideas me han rondado la cabeza en varias ocasiones. Me ha nevado y llovido, pero tambien he tenido un sol fuerte, y también mucho trabajo.

Lo que me ha tenido ocupado es el trabajo. Me he tenido que partir en tres a veces, y no siempre el tiempo da para hacer todo lo que debo... así no falta el cachito que queda para el otro día, y para el día siguiente, y así. Además, empezamos con el horario de viernes inglés hace como un mes.

Esto significa que trabajo 10 horas de lunes a jueves, y los viernes sólo 5: en promedio, 9 horas al día, como manda la ley. Así ya no tengo que hacer muchos malabares, como antes, y los viernes voy a Coya, para salir a las 12. Así llego a Rancagua antes de la una, y no cerca de las 2. Y viajo más temprano. No sé de que me servirá ahora que cumplo cuatro meses desde que estoy solo... tengo mas tiempo libre, es todo...

Claro, madrugar los viernes se ha vuelto una tarea de titanes, pues ya me acostumbré a levantarme a las 6 todos los días, mientras que los viernes la campana suena a las 5:15, y entre que me arrastro de la cama y todo, despierto como a las 8, por completo. Y eso que entro a las 7.

En fin, todo sea para tener algo mas de tiempo libre, incluso a expensas del sueño que se pierde... y después una cabezadita en el tren y algo se recupera. Pero en fin, que me he propuesto sacarle el jugo a este british friday que se ha presentado, y ya tendré algo que relatar, más allá de haber ido al cine, haber hecho algunas nuevas amigas, haber recuperado otras que no veía hace 7 años, ver otras que no veía hace tiempo.