sábado, julio 02, 2005

…al otro 20

Es inevitable a medida que va pasando el tiempo ponerse hitos que recuerden el camino recorrido, que en el fondo queden como testigos de que hubo movimiento y no me he estancado en las aguas pantanosas de la pena y de la autocompasión. El dolor persiste, porfiado, bajo la superficie. El enorme sufrimiento no está lejos, y a veces aflora sin concesiones.

Por diversas circunstancias el 19 fue el punto bajo de este mes; la suma de varios rollos, propios y ajenos, me estuvieron molestando varios días seguidos; creo que sentí la soledad y la falta de afecto como un manto negro, cubriéndome las esperanzas con oscuridad. Como conclusión, el 2005 parece que es un año horrible, no sólo para mí: para muchos. Nunca había pasado un año que empezara así de bien, con tantos buenos augurios, mucha felicidad y entusiasmo, ilusiones y planes, para que sin saber cómo ni cuando se vaya todo de golpe a la mierda; que lo construido en mucho tiempo se derrumbe justo cuando más fuerte parecía.

Me he cansado de buscar respuestas que no tengo. Me he cansado de buscar la responsabilidad que me atañe en este episodio negro; es imposible que no la tenga, mas tengo la tranquilidad de haber sido correcto, invariablemente correcto. Me he portado bien, y a veces por lo mismo siento que no merecía esta Bomba-A que cayó de la nada. Nadie se merece algo así. Tal vez un balazo a quemarropa hubiese sido más compasivo, pues no importa qué tan avanzada esté la ciencia, aún no hay procedimiento quirúrgico que sane corazones rotos.

Dos meses grises, como hace muchos años no he vuelto a pasar; me esperan aún varios más. Pero ¿no es así la vida? Una suma de sabores y sinsabores, altos y bajos, claros y oscuros. Hoy toca bailar con la fea. Mañana será otra cosa. Ya en estos dos meses la pena y el dolor no han desaparecido (muy optimista sería) pero ya no parecen ser tan intensos; se han retraído un poco, dando paso a las reflexiones sombrías que corresponden a la situación. A los temores que recién ahora cobran volumen y palpabilidad. Lamentablemente, no puedo recurrir al servicio de los especialistas de Eternal Sunshine, y borrar los recuerdos dolorosos de mi memoria.

He vuelto a mi posición inicial, mi configuración por defecto, la que me acompañó varios años. He regresado a foja cero, tendré que volver a comenzar, otra vez más. Lo veo difícil, pero ¿qué ha sido fácil en mi vida? Constantemente me ha tocado camino cuesta arriba, constantemente me ha tocado meter la vida a la maleta y partir, dejando atrás la vida misma. Empiezo a envidiar a quienes llevan largo tiempo clavados en un mismo lugar, quienes tienen raíces. El desarraigo parece ser mi único equipaje del destierro, parece ser lo único que me llevo de un lado a otro: de Bucarest a Lima, de Lima a Conce, de Conce a Talca, de Talca a Rancagua.

¿Volveré a amar? Sin duda. ¿Volveré a amar sin reservas como la amo/amé a ella? ¿Seré capaz de soñar o de ilusionarme como antes, sin temor a las Bombas-A? ¿Podré volver a enamorarme, sin miedo? ¿Cuándo deje de estar solo, seré feliz? ¿Tardará mucho en llegar, la felicidad? ¿O a lo mejor es sólo canto de sirenas? Cuando sanen mis heridas ¿sanará mi memoria? ¿o quedará toda cubierta de cicatrices? ¿o sencillamente todos estos tres años – para mí – hermosos, caerán en el olvido sin remedio? ¿y no quedará vestigio de este amor que me llenó inflándome de luz y entusiasmo por la vida? ¿Cómo será mañana? ¿y cuándo será? No muy pronto, al parecer.

Incluso en Hiroshima debe crecer alguna que otra flor.