sábado, junio 18, 2005

Pudo ser

Ayer a medio día, Andrés, colega y compañero de curso me llama para contarme que le llegó una carta de Codelco, avisándole que no había sido seleccionado para el puesto de Ingeniero Trainee para la Fundición. La primera noticia de esta postulación fue una llamada de otro de mis compañeros de curso, contándome que lo habían llamado a una entrevista en RRHH de Teniente. Durante la tarde llega un correo de otro colega y excompañero que ahora trabaja en el sur, y que me daba, en esencia, la misma noticia. Estaba claro que los llamados de estos dos ingenieros fueron a raíz de los antecedentes que hice llegar en su tiempo a RRHH. Entre ellos los míos, pero no se me mencionaba.

El correo que el Suiza me enviaba me daba las señas de la persona de RRHH de Teniente que lo había contactado. De puro interesado llamé por teléfono a esta persona, tanto para saber de qué se trataba la selección, como para averiguar por qué no se me había considerado, siendo que mi curriculum había sido enviado a RRHH a los pocos días de empezar a trabajar en El Teniente. Como no estaba en la base de datos, le envié una copia actualizada, y con muy buen resultado: un par de horas después me llamaron para concertar una entrevista para el día siguiente.

La entrevista se suponía era con el sicólogo, que salió a recibirme y a hacerme pasar a la oficina; nunca pensé que iba a ser la entrevista con cuatro personas a la vez, tres de ellas peces gordos de la Fundición: el gerente, el superintendente y el superintendente de mantención. Entre los cuatro me pimponearon un rato con preguntas personales, para posteriormente quedar los viejos de la fundición a cargo del interrogatorio y pelotearme entre los tres.

Me hicieron preguntas tramposas, me pusieron en situaciones hipotéticas en las que nunca he estado; vaya que me puse algo nervioso! Comparando respuestas con mis dos compañeros me di cuenta que no había ninguna respuesta correcta o equivocada, todas podían servir. Antes de que me pareciera larga, la entrevista terminó. En realidad fue larga, pero como las preguntas se sucedían una tras otra el tiempo se comprimió rápidamente.

Al día siguiente me tocaban los exámenes médicos. Aprovecharía este día de salida temprano para irme a Santiago a juntarme con mi mamá, a ver algunos amigos. Estos exámenes no tuvieron nada que ver con los exámenes que me hicieron antes: para empezar, no tuve que pasar por la espirometría, pero si por una audiometría y por un test de la vista. El resto, igual: radiografía, ECG, muestra de orina y de sangre, con lipotimia incluida, igual que la vez anterior.

Al siguiente martes regresé a Santiago a rendir el test sicológico, con media hora de adelanto. Me volví a encontrar repentinamente con Andrés, en la sala. Hubo varios tests: situaciones de liderazgo, escribir un cuento basado en una imagen, complete la serie, marcar las cualidades que más y menos me caracterizan, a mi juicio; y para terminar, la entrevista personal con la sicóloga.

¡Esa sí fue una entrevista sicológica! Empezó como una conversación común y corriente, pero poco a poco fue profundizando más y más hasta un punto en que se fue desarrollando algo así como Pregunta, Respuesta, ¿Por qué?, Respuesta, ¿Y qué más?, Respuesta, ¿Por qué?, Respuesta, ¿Nada más? Uffff... y así como por cerca de una hora o más. Esta sí que más que entrevista fue interrogatorio. Preguntas surrealistas: Si no fueses tú, ¿quién serías?; ¿Qué objeto te gustaría ser?; ¿Qué no te gustaría ser?; ¿Quién no te gustaría ser? todo ello seguido de las contrapreguntas ya mencionadas. Casualmente me ahorré el test de Rorschach: está claro que te va a salir una depresión, pero como hemos conversado harto ya sé de dónde viene me dijo la sicóloga.

Salí con tiempo, pasada la hora de almuerzo. Era cerca de las tres de la tarde, y había empezado a las diez y media. También, circunstancialmente me encontraba cerca al Liguria, conocido punto de reunión de artistas/intelectuales y lo que va quedando de la colonia italiana de la capital, famoso últimamente por los escándalos de tenistas menguantes meando mesas y famosillos de la tele peleando a combos. Ya que andaba por ahí, pensé en sumarme a la bohemia diurna, y pasar a almorzar al Liguria y conocer este clásico bar por dentro.

Como no me gusta almorzar solo, empecé a llamar amistades a ver si podía juntarme con alguno; el intentó fracasó estruendosamente, aborté la misión y me fui rápidamente a la estación de trenes en metro a tentar la suerte, a ver si podía pillar el metrotren para regresar a Rancagua en pocos instantes más. Tuve suerte y en vez de almorzar en el Liguria de Providencia, terminé almorzando una McShit en casa, solo frente a la tele.

A la noche de la llamada de Andrés, me llaman de casa para contarme que la misma carta que recibió mi colega me había llegado a mí. De nuestra consideración, blablabla, que no calza en nuestro perfil, blablabla, lo hemos incoroporado a nuestra base de datos. Aún queda un ex-alumno del DIE en competencia, ta vez le vaya bien y empiece a trabajar en la Fundición.

ps.- Entre el momento de escribir este post y publicarlo, Felipe también recibió la misma carta que yo, casi en el mismo día, según me contó por teléfono.