sábado, junio 18, 2005

Adiós Nonina

Ya había regresado de Buenos Aires, y se me ocurrió llamar a casa de Viviana, para ponerme de acuerdo y visitarlos ese fin de semana. Hacía ya tiempo que no nos veíamos, y entre tanto había cumplido años la Jesu, la menor de la casa. De Argentina le traía como regalo una caja de dulces (que a la fecha debe haber pasado a mejor vida), y unos posavasos tangueros para la familia. Después de un par de repiques, responde en medio de las lágrimas la mamá de Viviana.

Pude conversar con la Francisca y entonces supe que durante la tarde había fallecido la Nona, la abuela. En un principio pensé que era el Nono, porque hace tiempo que está mal de salud, pero para sopresa de todos, la Nona fue la que partió primero. Al parecer al ver que el Nono estuvo internado algunos días entró en una depresión, sin comer ni nada. Nadie sospechó nunca, ni por asomo, este desenlace.

Pregunté entonces por la Vivi, y me dijo que le estaban dando la noticia en ese preciso instante. Apenas colgué llamé para allá, y entre lágrimas me dijo que estaba a punto de llamarme para contarme. Una vez más operó nuestro clásico enlace satelital, claro que no en la situación más oportuna.

Decidí acompañarlos al funeral. Y creo que estuvo bien haber ido, pues si de algo serví fue de apoyo, sobre todo a Viviana que varias veces se apoyó en mi hombro para llorar. Como todos los funerales, éste fue triste; más triste porque a lo largo de estos poquito más de tres años que nos conocemos, les he tomado cariño y empaticé fuertemente con el sentimiento reinante.

Nos volvimos a ver tres semanas después del Viernes Negro, y lamento que hubiera sido en esta triste circunstancia. Así pues, más tarde la Vivi me acompañó a la estación con sus hermanas, me agradeció por haberla acompañado (ni lo menciones le dije) y emprendí el regreso a casa.