miércoles, abril 13, 2005

Fin de semana para ¿des?cansar

Tras el enojo tectónico con mi viejo, fui a Santiago, a reunirme con mi mamá, aprovechando que estaba en un curso, y renové guardarropa. Ya había tomado antes la decisión de no viajar a casa el siguiente fin de semana, así que me quedé, sobre todo para descansar, porque el enojo se me había pasado hace ya rato y había llegado a casa muy cansado en la semana.

Vaya que me aburrí! A pesar de que arrendé una que otra película para pasar el rato, y de que me acosté sin poner despertador, me aburrí. La primera noche que dormí sin despertador amanecí un poco antes de medio día; el domingo, sin embargo, amanecí poco antes de las ocho de la mañana.

Me harté de ver TV y de leer. Incluso, presa del aburrimiento, me dejé caer en el cibercafé de la cuadra a leer ¡en internet! las mismas noticias que vería después en el noticiero de la noche. El colmo del aburrimiento. Las calles vacías, el mall lleno - ahí fui a dar, con un libro y un café, el sábado a la noche. Desayuné tarde el sábado, y no almorcé, pero cené. El domingo desayuné temprano, almorcé tarde y tomé once. Como para hacer algo distinto, digo yo.

Claro, estaba en la casa, mi casa, pero faltó compañía para pasar el fin de semana agradablemente. Descansé, pero parte del descanso se fue rápidamente con el tedio de no tener con quien conversar, de estar solo; al caminar, vaya paseo: a cada paso una pared graffiteada, suciedad, y calles vacías, un paisaje árido. Echaba de menos tener a mano el Parque Ecuador de Concepción, para pasear como tantas veces paseamos con Viviana, aprovechando el gentil sol de esta época y el privilegio de su compañía.