viernes, abril 22, 2005

Bajo la espada de Damocles

Me siento como una hormiga. Soy nadie. Soy gris. Atravieso un momento muy difícil, mis horas más oscuras. Vuelvo a sentir algo que no pensé volver a sentir. ¡Cuánto soñaba en haber desterrado los días grises! Y en verdad estaba soñando, pero ahora el despertador está sonando.

Qué extraña es la vida. Hasta el miércoles en la tarde me sonreía, y repentinamente empezó a mostrarme los colmillos. Llego a casa, tras una reunión, tras un fallido intento de cambiar mi celular, y llamo a Viviana, mi extrañada, mi amada Vivi, para contarle las peripecias de mi semana, ya que no conversábamos desde el domingo.

Y la conversación siguió un derrotero normal (qué haces, como te ha ido, yo hice esto, viste lo otro, en fin, ponerse al día) hasta que me pidió por favor que le recordara que me tenía que decir algo cuando nos viéramos, para el día de la madre. Sé que las pocas veces que me ha dicho algo así es importante, así que insistí en que me dijera. ¿Es sobre nosotros? pregunté. Era. Pero no te lo puedo decir por teléfono, me dijo. Mi alarma interna se volvió loca.

Vámonos al chancho, le dije, jugando con lo imposible, tirándolo como broma: quieres terminar conmigo. Cuando me dijo que sí, me tomó un instante largo creer lo que estaba oyendo. Me había caído un balde gigante de agua fría encima.

Me dijo que se sentía bien sola, que no siente estar enamorada de mí, que no sabe si alguna vez lo estuvo, que no se siente capaz de igualarme en sentimientos. Hasta que me costó hablar no me di cuenta que estaba llorando. Han pasado dos días de ello, y aún estoy muy frágil; pensamientos negativos rondan mi cabeza todo el día.

Me dijo también que no era yo, que yo estoy bien y que no tiene queja de mí; que el problema es ella. Es tragicómico: me quiere dejar porque estoy bien y no hay quejas. Me dice que necesita un tiempo sola, que siente que hay rutina entre nosotros, que sabe que me tiene pero allá lejos, que me quiere mucho y que soy su mejor amigo.

Terminaremos de hablar esto cara a cara recien en dos semanas más; antes no puedo, no he podido viajar por los malditos Moretti, que nunca viajan. Además la Vivi tiene sus estudios, y eso es prioritario. Mientras tanto creo que así debe sentirse un condenado a muerte, sabiendo que en dos semanas más lo ejecutan.

Y después de vernos, y de intercambiar los regalos de aniversario que están pendientes desde entonces, sabré de cuánto es el tiempo que Viviana quiere tomarse. Que nos tomemos. No sé si funcione, ella me dijo que no se cierra a ninguna opción. No sé si funcione en el sentido de seguir juntos, me explico.

Tengo miedo de que después del tiempo no quiera seguir conmigo. Eso me hace sentir como un punto. De nada me sirve ser como soy, si no soy capaz de retener a mi lado a la mujer que quiero. De nada me sirve destacar por una u otra razón, si ella no quiere estar conmigo. ¿De qué me sirve ser todo lo que soy, si no puedo mantener a mi lado la mujer que amo? Cualquier atorrante de mierda logra tener a su lado la mujer que quiere.

(amargamente) Conozco a la mujer que más se acerca a mi ideal, nos enamoramos, somos felices, y con ella conozco alturas de felicidad como nunca antes. Tanto que se me nota sin esfuerzo. Vivo feliz, alegre, la vida es una maravilla, con altibajos; muy altos los altos y poco profundos los bajos. Mi vida era una maravilla, yo creía que tenía una relación estable, sólida, consistente con mi querida Vivi.

No sé que hacer; pienso cuando dejo de pensar, pienso que lo más probable es que me deje. Lo creo así porque me dice que ya no está enamorada de mí. Que me quiere mucho, pero que ya no está enamorada de mí. Que realmente necesita tiempo sola, para ver si esto es real o es sólo algo pasajero.

Quisiera dormir todo el tiempo que me queda para vernos; quiero dormir, sin soñar, sin pensar, y eso que ya estoy durmiendo bastante: me acuesto temprano, tan temprano como sea posible, y duermo a la subida y a la bajada del trabajo, me da sueño cuando no hago nada. El apetito desapareció, y la ya nada apetitosa comida del casino me sabe a cartón con agua. La leche tiene gusto a agua, los panes a polvo, la cama se me hace inmensa y fría.

¿Será esto algo pasajero, y después nos esperará un futuro feliz? Es mi sueño. ¿Qué haré si esto no es así? Para mi cumpleaños, tanto Carlos como Mauricio me dijeron que era el único que tenía el futuro claro. Mírenme ahora. Ya se me forma una confusión terrible, no sé si hablar de nosotros o de yo, en presente o pasado.

He quedado vacío de toda alegría y entusiasmo, mis naturales impulsos; sólo me va quedando la inercia. ¿Qué hacer con todo este amor que tengo por ella? ¿Qué hacer con las ilusiones? ¿Qué hacer con los sueños? ¿Qué hacer con todo este dolor que siento, que me atraviesa en todos los planos existenciales? No quiero quedarme solo. No otra vez, no cuando creí que tocaba el cielo. No me gusta la soledad. Tocaba el cielo y me estoy precipitando, con las alas quemadas, al fondo del dolor.

La sensación de la espada de Damocles balanceándose lentamente sobre mi cuello es insoportable. Creí que ya no lloraría más por amor. Pero ahí está: hace dos días que me voy a la cama y me quedo dormido llorando, llorando por ella. No sentía un dolor así hace muchísimos años. Tengo muchísima pena.