miércoles, abril 13, 2005

10 x 35 mm

Acostumbrado como estaba a viajar tranquilamente en los buses al subir y bajar de Coya, me he dado de narices con la discriminación evidente y abierta de algunos trabajadores tenientinos hacia los trabajadores contratistas. Hay buses en los que los contratistas suben con autorización, otros son exclusividad de los tenientinos; los buses sólo para contratistas son, obviamente, los más viejos y sucios.

Termino bastante cansado todos los días, así es que llego como trapo a la casa; para venir a Colón, salgo a las 6:35 de casa, y tomo el bus unos 15 minutos después. A veces viene lleno y me tengo que ir de pie (a veces van de pie hasta 10 pasajeros) para hacer transbordo en el Cruce Nogales, un importante nudo, porque casi todos los buses tienen forzosamente que pasar por ahí.

La bajada resultó ser un problema: salgo a las 16:45 del trabajo y los buses inician su recorrido a las 16:55, más o menos. Como no tengo autorización para subirme a ninguno, porque son todos para personal teniente y damas y estudiantes con contrato, me tengo que quedar esperando el siguiente turno de buses.

Hay varios contratistas que tienen contratos de estudiante falsificados para poder abordar los buses correspondientes a los estudiantes: un papel impreso doblado se desliza debajo del pase, y como los conductores no tienen el tiempo para revisar contrato por contrato, pasan sin problemas.

Como me parece poco ético falsificar un contrato de estudiante para bajar más temprano, me quedaba esperando 45 minutos a que pasara el siguiente turno de buses. Les pedí, por lo mismo, a mis jefes que me consiguieran una autorización para viajar en los buses para personal Teniente (sin restricción; los hay con restricción, que son exclusivos para personal Teniente - y damas), con lo que me ahorraría los malditos 45 minutos de espera. A causa de la espera, al bajar, el cansancio más que físico termina siendo sicológico.

Me molestó la segregación de los tenientinos hacia los "colaboradores" como nos llaman eufemisticamente a los contratistas. En el bus de Coya, un viejito al que llaman Plátano y que participa en el Comité Paritario cambió el recorrido del bus para que pasara justo al frente de su casa, sentándose en un grupo de 3 o 4 compañeros de trabajo (todos contratistas), que ahora deben esperar el bus dos cuadras antes o después del paradero anterior.

Me contaron por ahi, como rumor, que los viejos Teniente de Coya quieren moverse con un minibus que los pase a buscar y dejar a la casa (como ahora son menos...). No creo que sea para no compartir los buses con los contratistas, buses que van llenos al 40% y en los que es raro ver que alquien tenga que compartir lugar: siempre hay asientos vacíos.

Tal vez esta especie de tenientino sabe que son dinosaurios: tienen miedo que la empresa los incentive a retirarse, y su lugar lo ocupe un contratista que esté mucho mejor capacitado; entonces tienen que hacer notar la diferencia, no trabajando más, ni mejor, ni estando mejor capacitados, sino que transformándose ellos en gringos y los contratistas en negros: separando horarios, separando buses, separando ambientes.

Esta discreta política de discriminación los transforma en malas personas: en las mañanas, los buses Teniente con restricción pasan medio vacíos por el Cruce Nogales cuando muchos esperamos un bus con asientos desocupados para ir a trabajar... y no llevan a nadie. De subir, subo, y de bajar, desde esta semana podré bajar en bus Teniente, con otro poco de suerte, en los escasos buses nuevos.

Esta es otra historia: la empresa que transporta al personal de El Teniente en febrero anunció que renovaría completamente su flota de buses. Parte de la flota ha sido renovada con unos buses espectaculares: aire acondicionado, calefacción, excelente insonorización y suspensión; nuevos y apretados, no hay nada suelto que traquetee todo el camino.

Estos buses los he visto con carteles de restricción, o para personal Teniente y autorizado. Para el resto, buses de 15-20 años. Para el segundo turno de bajada, buses de 20 años, ruidosos, lentos, sucios e incomodos; total (dijeron en la empresa de transporte), son para la fauna: los obreros.

El lunes, aprovechando que pedí permiso para renovar mi cédula de identidad, fui a buscar el sticker, la autorización para viajar en buses Teniente sin restricción. La autorización es una minúscula cintita adhesiva plateada de 10 x 35 mm, que dice en letras negras: BUS TENIENTE. Para acomodarme a esta nueva situación, averigué los horarios y recorridos de los buses para la bajada (adiós a los 45 minutos de espera); después me dije: averigua también para los de subida. Lo hice, y sorpresa-sorpresa!!!

Uno de los buses en los que puedo trasladarme (el denominado Velasco-Poniente, 003-1) pasa justo por mi calle; no tiene paradero establecido, lo que significa que puedo tomarlo en la esquina de mi casa. Como inicia su recorrido a las 6:40 debe pasar como a las 6:50 por mi esquina, lo que me permite unos 15 minutos adicionales de sueño por las mañanas, como un plus al hecho que no tendré que volver a hacer transbordo. A esto le llamo mejorar la calidad de vida.