miércoles, marzo 30, 2005

Superstar

Llegó viernes santo; lo peor del día fue la espera solapada y subterránea de no saber que pasaba con el Misu, saber si se habría mejorado o no. Hubo compras que hacer, siesta que dormir y once que tomar.

Después de almuerzo salimos en familia, pasamos a Casa de Santander a recoger a la Vivi. No estaba, así que su papá nos invitó a entrar. Ahora la Marijesu, o Mary Jesus para los amigos, es paciente de mi mamá. ¿Será a causa de esa misteriosa aura que proyecta mi mamá que hace que los niños la adoren y se sientan en confianza frente a su delantal blanco?

Completadas las compras, regresamos a casa. Entre risa y risa (que se acercaban más a la sonrisa, dadas las circunstancias y el estado del Misu) llegó la hora de tomar el té. Ya en la mesa mi mamá avisó que su curso de este fin de semana en Santiago iba de todas maneras. El plan era que nos reuniéramos el viernes en la tarde en la capital para poder pasar un tiempo juntos, visitar a algunos amigos y hacer algunas compras para renovar mi guardarropa, que dadas las circunstancias está algo escaso de ropa práctica para trabajar. Como de vez en vez me toca salir a terreno, no me sirve de mucho un pantalón y una camisa elegante.

En ese momento mi papá se bajó del plan, ya que tiene un misterioso y secreto trámite el 15, también en Santiago. Traté de insistir, de presionar un poco para que viajara con nosotros, pero su enigmático Contacto en Santiago le demandará varios días seguidos en la capital. Y capital dos veces en un mes está por sobre los bajísimos niveles de tolerancia al tumulto que tiene mi padre.

Al insistir por última vez, y ya en son de broma, recibo por toda respuesta un Pobre mi hijo... con tono de tan grande y que no haya aprendido nada de la vida, todavía es tontito. Uf. Primera estocada. Y delante de Viviana. Normalmente ante tales descalificaciones tengo bastante tolerancia, pero me molestó bastante que se deschavetara así por nada, como en otras ocasiones.

Es un rasgo que he visto repetirse varias veces, y cuyo origen desconozco: al verse arrinconado ante su propia negativa a decir alguna cosa, ¡puafff! va y suelta cualquier estupidez hiriente, con tal que lo dejen de incomodar. Y a la mierda su pretendida sutileza y diplomacia. El detalle es que esto se produce con la familia solamente, mientras que para los extraños la diplomacia y sutileza alcanza de sobra. Este episodio tendría su continuación al día siguiente, el sábado.

Terminé el día en casa de Viviana, viendo las modernísimas películas de semana santa, estrenos todas ellas y haciendo planes para el día siguiente. Me invitó a tomar once con ella al día siguiente y a acompañarla a la misa de Vigilia, parece que se llama. Lo más moderno que se transmitió era del año '73, aunque no por ello menos entretenido: Jesus Christ Superstar, con las líricas de Tim Rice y con la música de Andrew Lloyd Weber, los mismos de El Fantasma de la Ópera.