viernes, marzo 04, 2005

Largo fin de semana

Vuelan mariposas, cantan grillos,
la piel se me pone negra
y el sol brilla, brilla y brilla,
y en las tardes cuando vuelvo
en el cielo apareciendo
una estrella.
Víctor Jara
Tenía unos días de vacaciones que podía disponer, así que me los tomé. Con ello lograba un fin de semana de 6 días. Es una delicia poder ver a Viviana bien seguido, cada fin de semana; no es tan seguido como me gustaría, pero como dicen ahora, es lo que hay, no más. Por ende, aproveché al máximo este remanso de paz e hicimos muchas cosas. Salimos con los viejos y con un amigo del colegio de mi papá, que siempre lo busca cuando viene a Chile (ahora vive en EEUU). Fuimos a la piscina dos veces. Almorcé en su casa una vez, fuimos al cine, vimos películas por un lado y por otro. Una delicia!

El lunes que daba comienzo al fin de semana laaaaaaaargo vine desde Talca en la camioneta; Viviana se ofreció a acompañarme, así que a las 4:30 de la madrugada la pasé a buscar. Así pudo conocer en persona (los conocía por foto) a don Hernán y la Patty, al Emilio (y comprobar la labia incesante de éste - un tema que da para otra nota), y visitar el campamento, ver por dónde pasaba mis días cuando hice mi tesis. Lo único que no pudo conocer por dentro fue la habítación que ocupé en la casa 14.

El tiempo se hizo corto, pero alcanzó para que Viviana dejara rastros de su paso: en la pizarra dejó grabados unos discretos mensajes, tanto, que me demoré algunos días en percatarme (valga como descargo que mi pizarra está muy atiborrada con unos antiguos cálculos que, dicho sea de paso, deberé en algún momento copiar). Fue una linda sorpresa revisar la pizarra y sin querer encontrarme con estos pequeños regalos, sopresa que me dejó sonriendo ampliamente de lado a lado.

Me traje el regalo de cumpleaños que me hizo (mi palmerita de interiores), y de bajada pasamos al depa: Vivi a dormir un rato y yo a ordenar porque tenía bastante revuelta la casa; en las prisas del viernes anterior, no alcancé a hacer nada: tenía quince minutos para ir a tomar el tren.

Después a comprar algunas cosillas para los viejos (té verde para la mamá y galletas italianas para el papá) y para la Jesu (unos huevitos Kinder), y a regresar. Tomamos un tentempié durante el camino, para no desfallecer. No recuerdo haber estado tan cansado en mucho tiempo! Me derrumbé en cama, literalmente, esa noche. Más aún considerando que empezaba mi resfriado.

Fea cosa, empezar las vacaciones enfermo (con fiebre y todo!). El martes era para ir a la piscina, pero no pude. Me sentía molido, con un poco de fiebre; así que cambiamos la piscina por una tarde de cine en casa, regada con abundante líquido y salpicada de uno que otro escalofrío, después de dormir una pesada siesta en cama de la Jesu - que era la más fresca a esa hora en toda la casa. Al día siguiente sí, yo era otro. Me sentía millones de años luz mejor y con infinita energía, que gasté con generosidad en la piscina. Hasta pude reemplazar mi clásico bronceado de fluorescente por el más saludable de la piscina.

Lo pasamos de maravilla, así que dos días después regresamos con la mascota: la Maria Jesús, Jesu, Mary Jesus o Radio Famosa, la hermana menor de Viviana, que cuando mencioné que podríamos ir a la piscina y que podríamos llevarla dijo sí! sí! con una sonrisa interminable. Nos divertimos de lo lindo, a pesar de que la Jesu aún no cumple 12, y que yo podría ser su padre (hablando melodramáticamente, claro). Además porque es la hermana que mejor se lleva con Viviana, y que mejor relación tiene conmigo, porque a mi no me da mayor vergüenza jugar con ella, hacerle gracias o bromas, o tal vez ayudarla con la tarea cuando lo necesita, supongo.

Esos días pude descansar harto, tanto por disfrutar de la compañía de mi Vivi, como por poderme acostar un poco más tarde de lo usual a dormir (pasada la medianoche), y de despertarme unas tres cuatro horas después de lo normal (es decir, 8-9 de la mañana). Siempre recarga mis baterías el estar con la Viviana, sobre todo cuando el tiempo es tiempo de calidad, donde hacemos muchas cosas juntos, conversamos largo y tendido, y nos acompañamos en cuanta cosa cotidiana tenemos que hacer.

Así que regresé al trabajo con la aguja de energía apuntando al color verde, un poco más tostado en las partes usualmente blancas, como la marca del reloj, y contento de llegar a un departamento ordenado que se corresponde más con mi forma de ser, que el departamento que encontré el lunes.

Hoy regreso a Talca, y por primera vez me estará esperando Viviana, por lo que a una hora de salir y poco más de dos de viajar, y casi cuatro de verla, la impaciencia hace presa en mí y quisiera abordar ya el mitológico Tren Instantáneo de Parra.

La locomotora del tren instantáneo
está en el lugar de destino (Pto. Montt)
y el último carro
en el punto de partida (Stgo.)
La ventaja que presenta este tipo de tren
consiste en que el viajero llega
instantáneamente a Puerto Montt en el
momento mismo de abordar el último carro
en Santiago.
Nicanor Parra