martes, marzo 22, 2005

Alturas

Es la segunda semana que vengo a trabajar al Área Alta de El Teniente. Trabajo en la Subestación Minero, que creo debe ser una de las más modernas de Chile, y que conocía de cuando hice la práctica el 2003, cuando la subestación estaba por entrar en servicio.

¿Cómo llegué acá? Pues el volumen de trabajo en Coya había disminuido rápidamente, y por lo mismo, mi jefe decidió que la capacidad sobrante fuera empleada en favor de la Superintendencia, apoyando a otras unidades. Mi compañera de trabajo daría apoyo al Área de Protecciones y yo, un nivel más arriba, en UDyP, la Unidad de Distribución y Protecciones Eléctricas.

Así pues, acá estoy, adaptándome al cambio que significa estar aquí arriba. Es más estimulante porque hay más trabajo; el inconveniente es que he perdido el privilegio de salir temprano los días viernes. La ventaja es que ya no me tengo que levantar tan temprano, y creo que incluso las 5:50 es una hora adecuada para entrar a la ducha.

Ahora saldré temprano un único viernes al mes, en principio. Es que en el Área Alta se trabajan turnos de 9 horas, y como esto está más lejos y más arriba que Coya, el viaje dura casi una hora. Hace justo una semana me percaté de que habían pasado once horas justas desde que me subí hasta que me bajé - al regreso - del bus.

No me parece una pérdida irreparable lo de los viernes, pues le saqué el jugo durante el verano, aprovechando de ver a mi Vivi en sus vacaciones. Ahora que ella ya no estará en Talca todos los viernes, llegar temprano significaría para mí la ineludible posibilidad de aburrirme como ostra hasta que los viejos regresen del trabajo.

No me desprendo por completo de Coya, ya que seguiré yendo los lunes cada semana, y un viernes al mes, los dos primeros y los dos últimos días de cada mes sin excepción, y por supuesto debo estar disponible en caso de que se me necesite.

El paisaje aquí arriba es distinto al del valle, obviamente: una ausencia casi total de vegetación que ni te imaginas. Sin embargo este paisaje casi lunar tiene su encanto: en los montes se pueden ver las vetas milenarias de las diferentes eras geológicas, marcadas como líneas de distintos tonos de ocre. Y en unos meses más llegará la nieve, que reformará el paisaje por un tiempo, añadiéndole un encanto navideño.