lunes, enero 24, 2005

Vacaciones

Llegó y pasó mi cumpleaños. Tomé algunos días de vacaciones, así que pude estar en casa unos días (que se terminaron haciendo cortos). Tuve sorpresas, regalos y visitas.

19 - Amor, dulce de amor

Me fui a casa el mismo miércoles 19, a las 18:25. El tren llegó con una hora de atraso... el domingo, al venirme a Rancagua, también me vine con 50 minutos de retraso. No importó; como de costumbre me timbraron el pasaje para sacar un pasaje gratis. Así lo hice, y el miércoles viajé con el pasaje garantizado, sin contar con el atraso.

Una vez arriba, aunque correspondía que me timbraran el pasaje garantizado, el conductor no quiso, porque a su juicio me convertía en pasajero de segunda categoría al viajar con un pasaje garantizado (es decir, gratis), no importando si iba atrasado. ¡Una frescura! Insistí un poco, por joder, y al bajar (me esperaba mi Vivi) fui directamente donde la Jefa de Estación, le explique la situación y antes de terminar me decía tiene derecho a garantizado sobre garantizado mientras buscaba el timbre para marcar el boleto.

Viviana me llevó a su casa con el pretexto de ir a buscar sus regalos; yo, inocente, fui con ella. Recibí los saludos de su familia, intercambié saludos con la Fran (hermana del medio) que había cumplido años el día antes, y entre cansado y acalorado e impaciente me senté a la mesa a tomar jugo. La mamá de Viviana me sirvió un pedazo de torta que no pude rechazar. Y así me fui atrasando, inocentemente.

Los regalos que me esperaban era una torta (hecha por la Vivi) y un macetero con una palmera de interiores. De la torta sólo había visto la caja, por fuera, atada con una cinta dorada, al igual que la maceta. La palmera iba acompañada por un ossito clavado en la tierra con un palito, unos globos de colores y un gorrito de cumpleaños. Hubo que hacer un comando para subirse al auto con todo eso, considerando que la palmera podía voltearse y que la torta debía permanecer horizontal en todo momento.

Cuando llegamos a la casa, estacionada al frente estaba la camioneta de Néstor, un buen amigo y médico personal de mi papá. Me pareció natural, pues era mi cumpleaños, y Néstor es un amigo de la familia; sin embargo me pareció extraño ver las luces de la casa apagadas: las visitas siempre se quedan en el living-comedor porque es la habitación más amplia de la casa. No alcancé a sospechar nada porque mi papá salió a abrir, y le pasé la torta, tomé el macetero y entré.

Me encendieron las luces, y me aturdieron con trompetas de cartón y matracas de plástico; mi mamá sacó fotos mientras me daba cuenta que no sólo estaba Néstor, sino que Carlos y Marielena, Domingo y Cecilia, y la Jica Popola con la Joanna, su mamá, nieta e hija de Domingo, respectivamente. Faltó Ramiro, hermano de Carlos, que no pudo llegar.

Viviana me confidenció que la sorpresa se le había ocurrido a mi mamá desde la semana anterior, y que su misión era recogerme en la Estación, distraerme y retenerme lo suficiente para que llegaran todas las amistades. Mi mamá la había incluido en la conspiración el viernes anterior, cuando salimos todos juntos al Mano Morena, y Viviana se sumó alegremente a la operación.

Después de los abrazos, vinieron los regalos: una botella de vino blanco, una petaca y un lápiz Parker. Los regalos de los viejos quedan pendientes hasta que los encuentre. El pisco sour de mi mamá, insuperado por ninguno que haya probado, sea este chileno o peruano; después, a la mesa, a comer un rico asado a la olla, hecho (¿por quién?) por la vieja... se deshacía en la boca.

Pero la segunda sorpresa de la noche, una muy dulce, fue la torta que me hizo Viviana (voy a emplear lenguaje de fast food): "un suave bizcocho humedecido con auténtico jugo natural de naranja y limón, cubierto por el más delicioso chocolate blanco, decorado con rejillas del más fino chocolate negro y exquisitas confituras de naranjas seleccionadas a mano". ¿Suena rico?

Estaba deliciosa. A diferencia de las tortas de naranja que se venden por ahí que son dulces, en la de la Vivi tenía el toque justo de dulzor y se sentía el ácido de la naranja, y no sólo su sabor. Para mí, el sabor de los cítricos es indisociable de lo ácido, por lo que esta torta será para recordar, y creo que holgadamente ocupa el lugar de una de las mejores tortas que he probado.

Tres días se demoró Viviana en hacerme este regalo, y vaya que fue esfuerzo! Lo aprecio como tal, y porque fue hecha pensando en mi gusto por los cítricos. Así demuestra Viviana su cariño, con cosas hechas a mano por ella: en navidad, el delantal de cocina bordado por ella, la torta para mi cumpleaños, las tarjetas hechas a mano, el minidiario de un verano en el sur, una foto juntos enmarcada, por un aniversario. Todos ellos son regalos valiosos que guardo (excepto la torta, obviamente; la guardo en el kilo de más que me traje) y llevo conmigo de un lugar a otro.

Haciendo su tradicional discurso, mientras públicamente reconocía el afecto que le ha tomado a Viviana, mi viejo se emociona, se le traban las palabras, se le corta la voz y se le llenan los ojos de lágrimas y como a buen entendedor, pocas palabras, concluye dándole un beso en la mejilla en un gesto de cariño que, conociéndolo, salió del fondo de su corazón. Siendo como es, muy celoso de su hijo (e.d., yo), es un gran avance el que se abra para que reconozca en publico que le ha tomado cariño y que acepta a la mujer que quiero.

Ya el viernes anterior se notaba cierto progreso, porque en una salida conversó, bromeó y fue como es siempre que está cómodo: él mismo. Imposible que fuera fingido, porque mi papá tiene muy poco apego a la diplomacia: llega y la tira sin importar -o sin pensar- si lastima o incomoda, y cuando está incómodo, se le nota desde un parsec de distancia. En varias ocasiones anteriores al salir los viejos, la Viviana y yo, él simplemente estaba a la mesa sentado con nosotros, no estaba con nosotros. De ahora en adelante será mucho más agradable salir con él.


20 - 1 cm menos

Di curso al trámite de cortarse el pelo, para reparar el despiporre que me dejó la "peluquera" del mall de Rancagua; el primer intento fue fallido, así que cruzamos la calle y visitamos las galerías de arte de la casa central de la Universidad de Talca. Nos separamos para almorzar, y en la tarde por fin me pude cortar el pelo como la gente.

Fui con la Vivi y su hermanita Jesu a revelar las fotos del 19. Después un rato de piscina, a recoger las fotos y al cine. Ocean's Twelve bien podría haberse llamado Ocean's Six, tanto por lo lenta, como por el porcentaje de protagonismo de los personajes de la Ocean's Eleven. No mucha acción, pero entretenida a pesar de todo. Al dejar a la Vivi en su casa, la despedida clásica: conversando un rato largo, bien laaargo. A las 3 am, a la cama.

Durante el día me preguntaba una y otra vez que sería de Compañero y Figura, invitados a un asado en casa con bastante anticipación y que no habían dado aún señales de vida.

21 - Carlos, ten Fé

El día anterior, por culpa del calor se me quedaron varias cosas en el tintero, y en la tarde, después de almuerzo, fui a buscar a la Vivi para terminar con los trámites, y al momento de salir, justo llama Carlos-Compañero avisando su inminente llegada a Talca, lo que nos daba margen para vitrinear en busca de los regalos de los viejos (que por supuesto no encontré y tendré que ver por estos lados). Nos tomamos un jugo para combatir el calor, con el tiempo justo para buscar a Carlos al terminal.

¡Un agrado ver a mi amigo! Claro, ahora su aspecto se asemejaba al de Fidel Castro, el día que entró en la Habana... Barba larga, pelo largo, tenía todo el aspecto de haber salido de una de las guerrillas de las FARC. Después del abrazo del reencuentro, nos fuimos a comprar lo esencial para el asado del día siguiente, con tanta fortuna que encontré entraña para asar. Lo que se conoce como entraña es el diafragma vacuno, y tiene un sabor especial, un poco más potente que los demás cortes. El regalo de Carlos: una de pisco.

El programa que habíamos ideado con Viviana para la visita de Carlos y Figura era llevarlos a nuestro pub favorito: el Fé. Hacía muchísimo tiempo que no íbamos, desde mediados de 2005. Lo que más nos gusta de este pub es la decoración minimalista, la música (electrónica), el pinguino rojo (mineral con granadina) y el que es el único lugar de talca que ofrece sushi y gyozas en su carta. Aunque sólo estaba Carlos, seguimos con el programa como lo habíamos planeado.

Pasamos a buscar a Viviana y su mamá salió a conocer a Carlos, del que sabía de oídas, de anecdotas que he ido contando y de una que otra foto que ha visto. Así que nos quedamos conversando un buen rato en casa de Viviana, hasta que la hora ya avanzada nos hizo pensar en que tal vez nos quedaríamos sin lugar en el Fé.

Ya al bajarnos del auto se notó algo raro, que analizado minuciosamente fue una combinación de dos o tres factores: (1) la música tenía canto y guitarra acústica (2) aunque era relativamente tarde estaba recién empezando a llenarse (3) las pantallas de las luces, antes blancas, ahora tenían un color rojo. Defintivamente había algo raro, porque a las dos de la mañana no estaba lleno; antes, los grupos entraban y salían, incluso habían unos que esperaban para poder entrar.

Nos sentamos sin problemas en el sillón, que antes había que reservar, y pedimos sushi, para introducir a Carlos a este plato. ¡Para qué decir que Carlos es muy mamá para comer! No le gustó el wasabi, no le gustó el jengibre encurtido, no le gustó el pescado ahumado, no le gustó la kanikama, no le gustó el nori... por poco no le gusta el nescafé que le sirvieron y por suerte le gustó el arroz. Y a todo esto, es la primera persona que veo que acompaña sushi con café en polvo.

22 - Reuniendo el clan

Y después de despertar, desayunar, escuchar varias de las canciones que solíamos compartir en el hogar, ducharse, vestirse y almorzar (invitados por la mamá a la comida china), fuimos a recoger a Mauricio-Figura al Terminal.

Después: pasar al super a comprar lo que faltara, recoger a la Vivi, llevar a la mamá al Fleming, esperarla y partir a la casa, reposar un poco y empezar a montar todo el tinglado para el asado de la noche. Venía el Chico Olate y los suyos. Mauricio prendió el carbón con un fósforo, el Arrugadito se comío un filete de entraña que robó desde la mesa, y risas más risas menos, conversaciones vienen conversaciones van, terminamos como a las 4 de la mañana y sólo porque hacía frío. Hasta se nos olvidó jugar nuestro tradicional UNO. Por suerte el asado quedó muy bueno, y la carne que compré estaba justa para el número de personas.

23 - Yuxtapuestos

Y llegó la hora de partir. Después de trasnochar varios días seguidos, y de levantarse temprano (por culpa de los hijos del vecino de atrás, y su taca-taca navideño), el sueño atrasado pesaba como un plomo. Creo que habrá que cambiar la estructura de las futuras juntaciones con los muchachos, para que rinda mucho más la reunión.

Pudieron irse juntos, sentados al lado, y yo quedé con la pena, porque fue poco lo que estuvimos juntos, para todo el tiempo que nos habíamos dejado de ver. Y con pena me fui a hacer una escala donde la Viviana, y no hay pena que un piscinazo no cure: la casi hora de jugar a pillarse con la Jesu en la piscina ¡agota a cualquiera! Después vimos una película y por fin pude meterme a la cama el mismo día que la había abandonado.

24 - Regresando

Hora de partir, para mí. Hice unos trámites en la mañana, pude dormir un rato y almorcé con los viejos. Después de las tres me iba donde Viviana, y aproveché el intertanto para terminar los bolsos y separar las películas que le presté. Ya en casa de ella, el silencio y el cansancio me jugaron una mala pasada: tuve dos lapsos en que me quedé dormido sin darme cuenta. Después a casa, a la Estación, el tren que llega a la hora, a la hora en el depa, y temprano a la cama, no sin antes anotar lo que me toca hacer el día siguiente, que es poco pero el calor hace que parezca más.