martes, enero 18, 2005

¡Maremoto!
Sudeste asiático, 26.12.2004

Después de un terremoto de 8.9° en la escala de Richter en alguna parte bajo el mar, éste se recogió sólo para regresar con furia en forma de muralla de agua, arrasando a su paso cuánto ser vivo terrestre bípedo o cuadrúpedo y cuánta construcción humana encontró a su paso por el sureste de Asia.

Lo malo las construcciones humanas arrasadas son (eran) hoteles y casas. Así, Indonesia, Thailandia, las Islas Maldivas y Sri Lanka, balnearios todos, hoy son un análogo de Hiroshima, sin la radiación pero con el olor a cuerpos putrefactos incinerados flotando en el viento. Hasta la fecha, el recuento de muertos debe ir ya cerca a los 175.000... monstruoso. Incluso, para deleite de los noticiarios hambrientos de rating, habían chilenos entre los temporalmente desaparecidos, incluso unos con nacionalidad sueca! Horror.

El caso emblemático del maremoto (así como en la teletón), el de la parvularia F. Cooper, desaparecida durante su luna de miel, unos pocos días antes de cumplir años, aparecía por lo menos tres veces diarias por canal: no estoy seguro si también en todos los avances noticiosos. A la fecha en que escribo esto ya se encontró su cadáver, y ya ha regresado, en forma de cenizas, en una urna que cargaba dentro de una maletita negra su papá o su suegro, no recuerdo bien.

Por las noticias se pudo ver el desfile de las casi desesperantes imágenes de la ola invadiendo lo que al parecer era la terraza de un buen hotel, arrastrando a algunos turistas que no alcanzaron a escapar. Imágenes repetidas al infinito, junto con el retrato de la Cooper, la única víctima chilena. Víctima fatal, se entiende. Antes de morir era sólo una parvularia más; ahora es conocida por todos.

En los diarios pude leer que EE.UU., dejando de lado por un rato los planes para "dominar el mundo" (diría Cerebro a su deficiente mental Pinky) comprometió como ayuda una sumita, algo así como una pequeña fracción de su presupuesto militar o de defensa. Famosos llamaron a la solidaridad; otros solidarizaron metiendo la mano a sus chequeras; otros solidarizaron aún más, viajando a donde sus manos fueran útiles: el lugar del desastre.

Entre los vapores de la muerte fresca empezaron a proliferar las alimañas: los violadores, los tratantes de blancas, los pedófilos, los comerciantes de niños. Tambien aparecieron los otros, la Cruz Roja, los médicos turistas o locales, algunos turistas sobrevivientes que prefirieron quedarse para sumarse a la ayuda antes que a volver a la tranquilidad de sus paises.

Cómo diría un consternado redactor o periodista en un arranque de lirismo: "verdaderamente el maremoto ha impactado en más de un aspecto la vida en las islas, transformándose en una tragedia a todo nivel". Pues sí. El gran problema es que la información, como se estila en el mundo moderno, aparece sesgada, miope o por lo menos turnia e incompleta.

Poco a poco, sin embargo, fueron surgiendo pequeños agregados en los diarios online y columnas varias dando cuenta de lo poco equitativa y preferente que está siendo la ayuda. Por ejemplo, en lun.com me encontré con la siguiente noticia:

Ayuda sesgada
Trágica coincidencia con el Titanic
Martes 4 de enero de 2005

El sino de la tragedia no es lo único que liga al hundimiento del Titanic y el maremoto que asoló las costas asiáticas. Si en el mítico accidente los primeros lugares en las balsas fueron para los pasajeros de clase alta, en las costas de Tailandia las posibilidades de sobrevivir a la tragedia también aumentan para quienes tienen un perfil concreto: extranjero y huésped de uno de los hoteles cinco estrellas de la costa oeste.

Un corresponsal del diario español "El Mundo" hizo esta constatación. Según él, la ayuda y la búsqueda de los desaparecidos se han concentrado en zonas turísticas como Phuket o Krabi. Mientras, aldeas pobres donde miles de personas podrían haber muerto, han quedado en el olvido.

Según este testimonio, los hospitales de Phuket ofrecen las mejores habitaciones a los extranjeros. Incluso, los pacientes más graves son trasladados a Bangkok -tal como aconteció con el enólogo chileno Aurelio Montes-, una opción que no se da a los habitantes locales.

En The Clinic, el ficticio columnista Lenin Peña, desde la clandestinidad, advierte que hay (por lo mismo) maremotos para ricos y para pobres; enumera una serie de guerras, invasiones y demases que en suma causan muchas más muertes; tragedias comparables al maremoto, que por suceder en lugares que no son destinos turísticos y causar sólo víctimas locales, no son dignas de recibir cobertura alguna.

Por poner un ejemplo, todos los dias muere gente en Irak y Palestina; eso no es noticia porque no son los balnearios preferidos por los famosos y ricos del planeta; no es noticia porque la muerte la causan otros hombres, y no un inocente terremoto submarino, un minúsculo tiritón en el maltratado cutis de la Tierra.