jueves, diciembre 16, 2004

El hombre es un creador

Leyendo uno de los artículos relacionados con la creatividad que he ido traduciendo me han saltado a la vista los conceptos de motivación y estímulo. El artículo es por lo demás muy claro, ya que a partir de los ejemplos que entrega me fue fácil extenderlos a situaciones que conozco, con similares resultados.

El artículo en cuestión se titula How to Kill Creativity, de Teresa M. Amabile (¿M de Molto?), publicado en un Harvard Business Review on Breaktrough Thinking por la Harvard Business School Press, publicado en 1999. El artículo expone el resultado de una investigación de 22 años y versa sobre las distintas formas que tienen los administradores o empresas para, sin querer, matar la creatividad de sus empleados. Lo hacen, eso sí, en busca de productividad, eficiencia y control. Todos imperativos legítimos en los negocios.

Es más fácil caer en prácticas que forman barreras a la creatividad que adoptar en forma consciente aquellas que la fomentan y apoyan; para ello, los administradores o gerentes (o aquellos que tienen capacidad de toma de decisiones) deben cambiar su forma de pensar. Aunque el artículo se orienta evidentemente a la creatividad en los negocios, pueden extraerse ideas aplicables al uso cotidiano, como por ejemplo en la formación de personas creativas.

Motivación

La creatividad se compone de tres partes: experiencia, pensamiento flexible y motivación. Las dos primeras pueden influenciarse, pero hacerlo es costoso y toma demasiado tiempo. Es más sencillo influenciar la motivación de las personas.

Exísten dos clases de motivación: extrínseca e intrínseca. La motivación extrínseca proviene de una persona externa, y la motivación puede ser una zanahoria o un látigo. Si se promete una recompensa o un castigo, obviamente se estará motivado a cumplir con una meta.

En el caso de los estudiantes, la motivación es extrínseca: pasar todos los ramos (la zanahoria) o reprobarlos (el látigo). Así, los estudiantes que bajo una motivación extrínseca estudian para pasar, no para aprender, que es el fin absoluto por el que se va a la universidad. De ahi el famoso dicho materia pasada, materia olvidada.

La motivación intrínseca está relacionada con la pasión y el interés, con el deseo interno personal de hacer algo. Cuando el profesor es un motivador, interesando intensamente a sus estudiantes en la materia, nadie estudia para pasar, sino por las ganas de saber más y obviamente la recompensa es mayor. Como dice la autora,
"Las personas serán casi creativas cuando se sienten motivadas principalmente por el interés, satisfacción y desafío del trabajo en sí – y no por presiones externas."

Impulsando la creatividad

Para impulsar la creatividad, dice, pueden entregarse desafíos acorde con las capacidades de la persona, de forma que extienda sus capacidades. El desafío no debe ser tan pequeño que aburra ni tan grande que pueda perderse el control.

Otro de los impulsos recomendados es entregar libertad acerca del proceso, más no del fin. En otras palabras, decir qué, pero no cómo. Esto probablemente se sienta como una pérdida de control en la jerarquía superior (ya sea gerente, jefe, profesor o padre).

Otras dos palancas que pueden accionarse para impulsar la creatividad, sobre todo en la universidad, son los recursos y el trabajo en equipo. Con amplitud de recursos la energía se concentra en desarrollar algo creativo y no en conseguir recursos adicionales, mentras que el trabajo en equipo se compone de tres componentes: entusiasmo compartido por la meta, disposición a la ayuda mutua y reconocimiento del bagaje único de cada miembro.

Una última palanca para impulsar la creatividad (una de las más importantes para mí) es el estímulo. Dice la autora:
"La mayoría de las personas necesita sentir que su trabajo importa a la organización o a un grupo importante de personas. De otro modo, podrían hacer igualmente bien el trabajo en casa, para su propio provecho."
Un amigo nuestro, maestro de mi papá en la Facultad de Medicina de Bucarest, doctor Eugen Bratucu, empleaba un sistema diferente al que expone Amabile y que consiste principalmente hacer hincapié en los errores cometidos, por pequeños que sean. Los aciertos se ignoran, porque hacer lo correcto es lo que debe hacerse, entonces no hay nada importante que destacar.

Este sistema, al centrarse en los errores, los vuelve importantes; entonces la persona se enfoca en no equivocarse, para evitar la reprimenda o la reconvención por el error. Cuando hace las cosas bien, se le ignora, restando importancia al logro y no recibiendo ningún mérito por el acierto.
"Una cultura de evaluación obliga a las personas a enfocarse en las recompensas y castigos externos asociados con sus resultados, y crea un clima de miedo, lo que afecta la motivación intrínseca."
Cuando se mantiene alta la motivación intrínseca entre las personas, la creatividad prospera, logrando resultados inmediatos. Para lograr que las personas sean creativas, no solamente basta con garantizarles los cuatro primeros impulsos mencionados; además es necesario estimularlas, reconociéndoles sus logros, y no sólo los errores, haciendo un esfuerzo consciente para fomentar la creatividad.