martes, diciembre 14, 2004

El cuento del tío

Como hubo cambio de planes, después del trabajo bajé en camioneta, y me bajé en la Fusat. Tomé un colectivo a la estación, hice el desembolso correspondiente y me aseguré con los pasajes de aquí a fin de año. De regreso pasé a la lavandería (las delicias de la independencia) y me instalé a ver uno de los capítulos de Los Simpson que no he visto. Al comercial, bajé a comprar algo para tomar.

Ahora que el calor que incluso pone lenta la banda ancha ha bajado un poco, dije voy a bajar a meter unas lineas al blog. Al tomar el telefono para echármelo al bolsillo, veo que tengo una llamada perdida, y de un número desconocido. Debió sonar mientras estaba abajo. Yo, inocentemente, remarco.

Como nunca me llaman a cada rato, sino que personas puntuales, yo pensé que era alguien que conocía, aunque no tuviera el número en la agenda. Total, ya me aburrí de estar pasa que te pasa números de un celular a un papel y después al celular otra vez, cuando toca cambiar de equipo. Así que la última vez pasé los números a mi T3 y al celular sólo los más importantes, que no serán más de una docena.

Respondo, y en un ambiente ruidoso me empiezan a hablar. ¿Con quién haulo? dijo el Interlocutor. Yo respondí ¿Con quién desea hablar? y la conversación se desarrolló más o menos así.

I: ¿Quién haula?
Como me pareció la voz congestionada de mi amigo Andrés, y pensando en una broma, le dí mi nombre al gangoso.

I: (con tono ejecutivo) Lla, le comunico inmeiatamente, ¿no me cuelgue? (...)
Y: (expectante) ...
I: (con energía) Estimado don César, por el sólo hesho de remarcar se ha ganado usté un teléfono ¡Sony Ericsson TXD-28-mil-shorrocientoh-milloneh (sonando a muy avanzado), con cien mil pesoh en llamadah! (no sé si se supone que creyera que hubo cambio de interlocutor después de la pausa, porque la voz era la misma)
Y: (divertido) ...¿Ah sí?
I: (entusiasmado) Así eh, y ahora podrá usté competir por ¡un millón de pesoh!
Y: (sarcástico) ¡Excelente!
I: (más entusiasmado): De inmeiato le comunicaré con (...) (comosellame, pero de nombre pintoresco y con apellidos alcurniosos), sssicóloga titulada en (...) (digamos que dijo en el MIT, para impresionar), nuehtchraa asesora en ehmárcon, para que converse con usté del concurso en el que va a participar ahora, por ¡un millón de pesoh!
Y: (calculador) ...
I: (amigable) Y dígame, caallero ¿va a querer participar?
Y:
(sarcástico) Ya, y ¿cómo se hace eso?
I: (casi paroxísticamente entusiasmado) ¡Usté solamente tie...
Y: (interrumpiendo, con tono de eres-o-te-haces) ¿Tengo que comprar tres tarjetas prepago de diez mil pesos, rasparlas y darte el número?
I:
(tras una pausa, molesto) ...¿y entonceh para qué me hacíh haular máh 'e la cuenta?

¡Eso se llama ser caradura! Además de ser poco original y de quererme contar el cuento del tío más añejo (desde el año pasado que salió en las noticias), ¡se enoja porque lo agarro para el hueveo!

Preguntas

¿Cómo sabía mi teléfono?
¿Cómo sabía que estoy en Smartcom?
¿Será trabajador o familiar de trabajador de Smartcom?
¿Será un ex-ejecutivo de cuentas, en bancarrota?
¿O un estafador cualquiera que se estaba quedando sin minutos en su prepago?
¿Cómo denunciar algo así, y a quién?
¿Por qué no le habré seguido el juego hasta el final?

Para hacer bien este cuento del tío, siga estos consejos

Suene educado; emplee trato business, no de Vega Central.
Llame desde un lugar silencioso; procúrese un ambiente como de oficina, no llame del boliche de la esquina.
Una sicóloga no tiene nada que ver en un concurso; use los cargos de gerente, director o jefe de Relaciones Públicas de la empresa.
Sea impersonal en su trato; nada de llamar caallero, compare o socito al que se quiere estafar.
Sea frío; no demuestre su entusiasmo enfatizando con exclamaciones lo que sea que ofrezca como anzuelo.
Apréndase bien los equipos que ofrece la empresa a la que usted dice pertenecer; Smartcom no tiene teléfonos Sony Ericsson.

Sea realista; los prepagos a lo más vienen con treinta y tantos mil en llamadas, súbale a cincuenta para hacerlo especial.
Sea moderado con las ofertas; no ofrezca tanto dinero, que haga sospechar a la víctima.
Si lo descubren, sea caballero; pida disculpas y agradezca por el tiempo, nada de echar la
choreá: ya perdió, cuelgue y llame al siguiente.