viernes, diciembre 10, 2004

11/12

Ya se han cumplido un poquito más de once doceavos de este año. Hoy quedan algo así como dos semanas para navidad, tres para año nuevo. Quedan dos días para que regrese la mamá del Perú. Quedan unas horas para que termine el día, y la semana. Vuelven a quedar dos semanas para volver a ver a Viviana. Quedan casi tres meses para el cambio de contrato. Queda un poco más de un año para -por fin- tomar las vacaciones que me debo desde invierno 2002 y con un poco más de ganas, desde abril 2004.

Hoy se va don Juan Marín, después de 15 años trabajando aquí. Claro, se va a trabajar a Contraloría, en Rancagua. Ya no tendrá que levantarse a las 5 de la mañana para entrar a las 7; ahora podrá levantarse a las 7 para entrar a las 8. Por ahí dicen que sería temporal lo de la Contraloría, que después don Juan iría al Concentrador o a la Fundición; cómo jubila en marzo o abril de 2005, para la pensión tiene más peso el sueldo algo mayor por trabajar lejos de Rancagua.

Así pues, los que nos quedamos le haremos un asado de despedida, para desearle lo mejor, y para pasar la pena de irse, claro, después de trabajar una pila de años aquí. Se entiende: yo dejé atrás el Valentín (el del barrio, no el del cerro) con un nudo en la garganta. Ni que me hubiera tragado la corbata. Me pregunto -y le voy a preguntar, si se da el caso- qué planes tiene para cuando pase a retiro: pasear, renovar la casa, el auto, disfrutar de los nietos (¿tendrá?), cultivar una chacrita...

Lo mejor en mi experiencia es no hacerse muchos planes, ni adelantarse mucho a las circunstancias. Hacer camino andando. Por ahí a fines de enero, a mediados de febrero, viendo ya cerca el fin de mi memoria, pensé en las ansiadas vacaciones. Cuzco sería ideal, dije, porque mientras estuve en Lima no había plata para pegarse el viajecito. Pensé en las ansiadas vacaciones porque serían las últimas vacaciones que podría tomarme por un tiempo relativamente variable (más de los usuales 10 días), sin tener que pensar que se me acaban las vacaciones o que si me paso de un número acotado de días el ingreso disminuye. Las últimas vacaciones antes de los próximos 40 años de trabajo non-stop.

Pero, como decía antes, no se saca nada planificando con tanta anticipación, con tanta ilusión. Mis ilusiones se diluyeron durante los 5 meses más aburridos de mi vida, y tal como pronosticaba en momentos de desesperanza, encontré trabajo antes de poder salir de vacaciones. Y quién sabe también, si llego a tener vacaciones 2006...

Para don Juan sin duda serán vacaciones 2005. Creo, y esto ya entra en el terreno de la especulación deductiva, que una de las primeras cosas que hará don Juan para sus vacaciones 2005 será cambiar el auto. Pienso que sí, porque todas las veces que me ha tocado ser copiloto mientras don Juan maneja, siempre sale con algún comentario de los autos: que si tal o cual marca es mejor que otra, que si tal o cual auto rinde más o menos que otro, que esto y lo otro y que el precio y la comodidad. Y con auto nuevo, ¡vivan las vacaciones 2005!

Ps.-

Tomando en cuenta mis no-vacaciones 2004, mis 5 meses de tedio, mis ex-ilusiones de viaje a destinos arqueológicos (como llamó eufemísticamente mi colega Rodrigo Mundaca al Cuzco) o a grandes capitales, o a cualquier parte de Chile, es decir, el intervalo post-memoria-pre-teniente, y dado el primer extremo de la carrera, me extraña haber esperado algo diferente para el otro.