martes, noviembre 09, 2004

El fin de un romance

Hace un poco más de un año, me encontré con un ex-compañero de hogar, el Canario, que me contó que había implementado un grupo internet con sus compañeros de colegio. Tomé la idea y creé un grupo, esta vez para ir reuniendo a los amigos/compañeros del Valentín Letelier, el del cerro y la laguna Las Tres Pascualas, quizás con la idea de volver a reunirnos más adelante, y generar lazos entre los Valentowerianos-profesionales y los Valentowerianos-futuros-profesionales, como un medio de meter la cuña para encontrar trabajo. Mantener y crear.

Es natural que después de pasar muchos años juntos se echara de menos a los compañeros, y que a través del grupo nos reunieramos a pesar de estar geográficamente distantes. El grupo ha ido creciendo, se han ido sumando los compañeros, y aunque durante el verano la profusión de mensajes naturalmente bajó, se ha recuperado visiblemente. Con la llegada de uno de los miembros más nuevos se descubrieron las encuestas, y muchos quisieron participar, hasta que en una de ellas se me llamaba retardado mental, o débil mental. Como me molesté, obviamente, se lo dije al autor, y borré la encuesta, que él volvió a publicar en una versión 2.0, mejorada y más ofensiva si cabe. También la borré, y tras contarle al grupo mi molestia, he tomado palco para observar las opiniones, para poner un poco en perspectiva las cosas.

Entre las opiniones centradas está una que recomienda no tomárse a la mala los insultos, porque son en plan de hueveo; pero el hueveo tiene un límite, y el límite pienso que está en el punto en que el hueveado (i.e., yo) se siente ofendido o insultado. Entiendo que el huevear a alguien sea una válvula de escape, pero creo que debe ir controlada por un cierto criterio.

Una de las opiniones menos coherentes (que hay que leerla varias veces, tomando nota, para poder descrifrar la idea subyacente) dice que ya que en el hogar se hueveaba, el grupo es una extensión al hueveo; que si el otro está saltón por circunstancias que no me incumben, es normal que se desahogue hueveando, y que lo más fácil es huevearme a mí. Que si antes hueveábamos mucho, ahora debemos seguirlo haciendo como una forma de demostrar que somos los mismos (como si el tiempo no hubiera pasado). Otra opinión sugiere que el hogar se definía a través del hueveo (que es, en parte, cierto) y que si antes se hueveaba, ahora también.

Ya habiendo pasado de la platea al balcón puedo ver que el grupo tiene participantes casi todos bordeando los 25 años, pero que los intercambios de ideas bordean los 14. Ahora entiendo la nula participación de algunos miembros mayores (post-30, creo) y la cancelación de las suscripciones de algunos. Como se me corrió el velo, cambié la suscripción a resumen diario en vez de mensajes separados, finalicé mis encuestas y he minimizado mi participación a uno que otro reenvío. Me he desencantado del Valentower.