viernes, octubre 15, 2004

Tren al sur

Viajé a ver a los viejos, y fue una verdadera aventura. Como en el trabajo he tenido (y tengo) que machacar números para comprobar la facturación de energía que entrega PHC, terminé el viernes sumamente cansado, y aunque llegué con tiempo a mi depa a hacer el bolso, aproveché el sobrante de tiempo para descansar, y salí con tiempo de sobra para llegar a la estación.

A mitad de camino me dí cuenta que me había dejado los pasajes en la casa! Me bajé del colectivo y busqué casi con desesperación un taxi, porque el tiempo apremiaba, y el dinero escaseaba; en la primera cuadra encontré uno, y partimos. Llegamos con buen tiempo al depa a recoger los pasajes, pero por Ley de Murphy, al regresar me pillaron todas las luces rojas y todos los transportes escolares de Rancagua.

Finalmente llegué a la Estación, dos minutos tarde: el tren había sido puntual esta vez. Mala suerte! me dije, y compré para el siguiente tren a Talca, una hora después. Me tocó viajar en el moderno tren que va a Temuco: otro nivel! Puertas automáticas, una cafetería de lujo, 4 baños por vagón, entre otros.

Para mi mala suerte, el tren quedó varado en Curicó (a 40 minutos de Talca!), y mientras los pasajeros nos íbamos preguntando que pasaba, nos enteramos que al modernísimo tren le había fallado la locomotora, que había perdido tracción. El personal de Ferrocarriles demoró más de una hora en reparar el desperfecto, y pude llegar sano y salvo a mi casa casi dos horas después de lo que habría llegado de no haber perdido mi tren. Menos mal que el pasaje me lo timbraron por lo que tengo un pasaje gratis en el mismo recorrido.

Mientras, Viviana iba camino de Antofagasta, a un congreso de estudiantes de medicina. Me tenía prometida una visita para el regreso, y a mi se me empezaba a hacer bastante largo el tiempo que faltaba para tenerla nuevamente a mi lado.