viernes, octubre 01, 2004

Luis Advis (1935 - 2004)

El 9 de septiembre, a causa de una insuficiencia renal que padecía desde hace dos años y un cáncer recientemente detectado, falleció en su casa en Santiago el maestro chileno Luis Advis Vitaglich, compositor clave en la música chilena.

Breve Biografía

Luis Advis nació en Iquique el 10 de febrero de 1935. Es Licenciado en Filosofía, titulado de la Universidad de Chile. Ejerció como docente en diversas casas de educación superior del país. En 1979 publicó el libro "Displacer y trascendencia en el arte", texto al que se sumaron diversos artículos especializados.

Luis Advis nunca tuvo estudios formales en el conservatorio. Si bien reconoció predilección por la música docta, cultivó tanto el estilo selecto como el popular, en obras de gran envergadura (cantatas y sinfonías) y también en otras formas musicales.

Destacan en su repertorio la "Cantata Santa María de Iquique" (obra cumbre del movimiento Nueva Canción Chilena), el "Canto para una semilla" (pieza con poemas de Violeta Parra) y la sinfonía "Los tres tiempos de América", estrenada en Extremadura por gestión del gobierno extremeño. La comisión del mismo gobierno le encargó una obra para la celebración de los 500 años del descubrimiento de América, que fue estrenada en 1993 con el nombre de "Cantata Murales Extremeños".

Advis cuenta con numerosas piezas para teatro, cine y televisión. Creó la música de la teleserie "La sal del desierto" e hizo las musicalizaciones de las películas "Julio comienza en julio" y "Coronación"; en esta última obtuvo el premio a la mejor banda sonora en el Festival de Trieste. En el teatro realizó la música de la "Princesa Panchita", entre otros.

Entre sus aportes musicales más recientes está la musicalización de las piezas de "Del salón al Cabaret la Belle Epoque Chilena", recreación teatral, musical y coreográfica de los estilos de ese periodo, realizada por 70 músicos y actores. Además, compuso "Cinco danzas breves" para el Cuarteto de Saxofones Villafruela, las que fueron registradas en "Saxofones de Latinoamérica".

Luis Advis fue fundador, presidente y director del Comité Editorial de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor.

Querido Lucho, homenaje de Eduardo Carrasco

Tengo que decirte en primer lugar que el Ministro José Weinstein me encomendó representarlo en este homenaje y decir algunas palabras en nombre del Consejo Nacional de la Cultura y del Consejo de Fomento de la Música. Ya sé lo que me vas a decir: ¡Qué tienen que ver estas cosas con tu muerte! Nunca creíste mucho en los discursos. Detestabas las falsas solemnidades. Pero créeme que esto es sincero. En el Consejo de la Música hay, además, muchos amigos tuyos, Fernando García, El Loro Salinas, Eduardo Gatti, Enrique Baeza, Guillermo Rifo. Son tus pares y todos ellos hubieran querido decirte algunas palabras de adiós.

José estaba muy conmovido con la noticia. Va a comprender que te hable en forma personal. Y tampoco yo deseo hacer un discurso de circunstancias. ¡Cómo se te ocurre! No, no te preocupes, no voy a leer tu currículum. Tampoco voy a decir que fuiste la mejor persona del mundo. Todos te conocemos aquí. Fuiste el que fuiste y los que te quisimos, te quisimos así, con tus grandezas y con tus defectos.

Desde que te conocí lo que más me impresionó de ti es que eras una suerte de síntesis entre la ingenuidad del niño y la sabiduría del anciano. Un día llegaste a mostrarnos la Cantata, ¿te acuerdas? Te sentaste al piano más desafinado de Chile y te pusiste a cantar con esa voz destemplada que era la tuya. Nosotros hacíamos chistes. Y tú no entendías cuando el Willy te decía que no agarraras papa. ¿Agarrar papa? ¿Qué es eso? Nos preguntabas extrañado. No habías escuchado nunca una expresión como esa. Y seguías cantando.

Así escuchamos por primera vez tu obra. A pesar del piano y de tu canto, nos entusiasmamos con ella y nos pusimos a montarla. Fue extraordinario. ¿Te acuerdas como nos enseñabas lo que teníamos que hacer, voz por voz y guitarra por guitarra?. Como no cabíamos en tu departamento esperábamos nuestro turno en el pasillo. Después cantábamos todos juntos en las escaleras. ¡Cómo sonaba! Estábamos emocionados. ¿Y te acuerdas cuando la grabamos? ¿Y cuando se nos perdió un pedazo de cinta que finalmente descubrimos en un basurero? Esa noche, en el Chez Henry no sé qué celebrábamos más, si haber terminado de grabar o haber encontrado el maldito pedazo de cinta. Y con esa obra le devolviste la memoria a tu ciudad y también a Chile. Y enriqueciste su patrimonio y le diste voz a los que no la tuvieron. Y ahora eso es para siempre. ¿Te das cuenta,Lucho? Para siempre.

Despistado total de todo lo mundano. Ni un pelo tuviste de farandulero. No estoy cien por ciento seguro de que hayas sabido nunca quién es el Quique Morandé. Pero sabías muy bien quién es San Juan de Cruz o la Gabriela Mistral. Y René Char y Paul Eluard ¿Te acuerdas de esas cartas donde me explicabas por qué había que leer a Zurita? Fuiste un gran artista, no cabe duda. Sensible, culto, intransigente en la autenticidad y en la inteligencia. Más de algún tonto te odia, porque le dijiste alguna pesadez. ¡Qué le ibas a hacer! No los soportabas.

Pero dejémonos de cuentos. Fuiste una gran persona. Sí, trataste de desengañarme cuando yo te hablaba de lealtad. Me decías que hay que ser lúcido y que la verdadera amistad no es de las cosas mejor repartidas en el mundo. Tratabas de enseñarme a que no confiara demasiado en los demás. ¿Pero viste como fuiste tú mismo?. Hace pocos días, cuando me contaste que te quedaban pocos días, me lo dijiste sin el menor dramatismo. Mírame, estoy tranquilo - me dijiste - Yo sé que todo es fugaz, que todo se acaba. Nadie se escapa de esto. No te quejaste. No. Miraste cara a cara a la vida y a la muerte y a ambas les dijiste: estoy reconciliado con ustedes. A ti, vida, te confieso que no siempre me trataste bien. Por eso no te amo demasiado. Siempre supe que eras una amante infiel y que de todos modos me abandonarías. Y a ti muerte, no estés tan contenta con tu triunfo. Te llevas mi cuerpo pero queda mi música, y a esa no te la vas a llevar nunca. Así que estamos en paz.

No siempre fuiste justo. Hasta te enojaste conmigo por la cuestión de los derechos de autor. ¿Te acuerdas? Al final todo se arregló. También fuiste injusto con la Cantata. Te molestaba que te vieran como el compositor de una sola obra, o que te tomaran como un militante político, que nunca fuiste. Y tenías razón. Tu obra es múltiple y ninguna puede opacar a las demás.

Tu sensibilidad iba mucho más allá de una mera reivindicación política. Querías que nos diéramos cuenta de que el mayor valor de tu música era que estaba escrita directamente desde tu alma y que se dirigía también directamente a nuestro corazón. También tenías razón en esto y eso lo vas a conseguir, Lucho. Te lo aseguro. Tu obra tiene todavía mucho camino que recorrer.

¡Y con que pasión te lanzaste en cada cosa que hiciste! De repente te bajó el amor por el Brasil y te pusiste a aprender portugués y no cejaste hasta hablarlo perfectamente. Hasta cambiaste de país por unos días y compusiste un discocompleto con canciones brasileñas. ¿Y te acuerdas en Buenos Aires cuando sorpresivamente me dejaste parado en una esquina y te fuiste corriendo a tomar la micro, porque tenías que recorrer exactamente el itinerario del personaje de “Sobre Héroes y tumbas” de Sábato? ¡Y como andabas de contento en Mérida cuando fuimos a cantar por primera vez La Sinfonía! Te importaba un pito la Paloma San Basilio. Lo único que querías ver eran las ruinas romanas. ¡Y con qué cariño recorriste América Latina, que en definitiva fue siempre tu verdadera patria!

Me sorprendiste tan gratamente en estos últimos meses. Enfermo y todo, no se de dónde sacaste fuerzas para entusiasmarte de nuevo. Te llevé unos textos y ahí mismo te pusiste a componer como malo de la cabeza. Te olvidaste que habíamos ido a visitarte ¿Te acuerdas como salió la cueca larga? Y los Preludios? ¿Y hasta el Oratorio, en los últimos, últimos, días de tu vida? No te derrotó tu enfermedad. Solo te derrotó la muerte. Y al dolor lo combatías con la música. ¡Claro que sí! Tu redención fue la música, tu causa fue la música, tu religión fue la música. En muchos, muchos años más, cuando ninguno de los que aquí estamos, sigamos vivos, alguien estará cantando tus canciones.

Te fuiste a tu modo. Quisiste desaparecer, tal como te volatilizabas en los cócteles o en las ceremonias, cuando te cansabas de las mundaneidades. De repente te buscábamos y nadie te podía encontrar. Ya sé como pasó todo. La muerte golpeó tu puerta. Te vino a buscar. No te resististe. Sabías que era inútil. La tomaste del brazo y te alejaste caminando con ella. Tranquilamente, serenamente, valientemente. Así te fuiste.

Y ahora, perdóname, tengo que callarme, porque me pidieron que no hablara demasiado largo. Después te escribo más largo. Adiós amigo. No te voy a olvidar. No te vamos a olvidar. Gracias por tu música. Gracias por tu vida.

Eduardo Carrasco
12 de Septiembre de 2004

Textos originales en quilapayun-chile.cl