viernes, octubre 15, 2004

En la capital

Me reuní con mi mamá en Santiago, que asistía a un curso. Aproveché de juntarme con mi amigo Coché, tomarme algún traguito, conversar y ponernos al día. No nos veíamos desde comienzos de abril. Faltaron Andrés y la Katita, que por trabajo y distancia no pudieron juntarse. A uno de ellos no lo veo desde más de un año, aunque no hemos perdido el contacto.

Ya que estaba en Santiago, aproveché de gastarme el cupón de descuento por apertura de cuenta en Ripley: renové un porcentaje importante de mi guardarropa. (No hace falta decir que por muy pijecito que ande ahora, sigo llevando bajo la piel la tenida de universitario: jeans, polera, zapatillas y un sweater o un polar; además aún siento la mochila a la espalda, como si fuera ayer.)

También visité a mis amigos de toda la vida, a quienes no veía desde el 18 de septiembre (claro que sólo a Julio & Maru, los padres). A la Milli & Santi, los hijos, no los veía hace mucho más rato: a Santiago desde hace dos años mientras que a Millarai desde noviembre del año pasado. A Santiago seguiré sin verlo: escapó antes de que llegara. Escapó a un carrete, con la polola, obviamente.

Tuve el honor de conocer al pololo de la Millarai, que hasta me cayó bien: silencioso y pura risa. Pasé un rato agradable, lleno de risas y recuerdos que dan risa; valió la pena extender la estadía en Santiago. Dormí como santo esa noche, y desperté lúcido, como hace tiempo que no lo hacía: ahora siempre despierto con los ojos rojísimos y con mucho sueño, y por qué no decirlo, un poco de frío. Ese sueño que me queda sobrando no lo desperdicio y duermo una media hora durante la subida. El trauma es cuando hay que despertarse para abordar el enlace!