miércoles, setiembre 29, 2004

Armas, Cosas, Caras

Carmen de Patagones

Pude ver anoche en las noticias con sorpresa la noticia que sucede en una escuela de Argentina ayer en la mañana. Revisando en el diario Clarín de Argentina pude ver detalles mayores a los que los diarios nacionales han entregado hasta ahora. Por lo pronto puedo ver que en Argentina asemejan esta matanza a la de la escuela de Columbine, en EEUU; al parecer habrían mostrado esta película unos pocos días antes en la escuela.

¿A quién se culpa? Tal vez a la exhibición del filme, a un compañero que lo molestaba continuamente en la clase de educación física, a una condición patológica no detectada a tiempo... dicen que le dijo al auxiliar de la escuela que ese día iba a ser un gran día, y vaya que lo fue.

Como en una historia de Stephen King, un niño tranquilo e introvertido (o tímido y retraído) como Rafael puede incubar en su mente el peor de los infiernos (posiblemente con un grave padecimiento psíquico, una paranoia no diagnosticada en una sociedad paranoizada) aunque no lo demuestre.

No faltarán los inevitables diputados chilenos que aprovechen esta negra noticia para tener tribuna, para seguir dándole al interminable cuentito de la violencia y del miedo para ganarse unos votos inmerecidos; no faltará el político que pida transformar las escuelas en un Santiago en miniatura, con detectores de metales, botones de pánico, guardias municipales, circuitos cerrados de televisión y con leyes que fijen la responsabilidad penal en 5 años.

Ni toda la policía del mundo, ni el ajuste del sistema judicial, ni la intención de convertir a las escuelas en un panóptico en el cual los niños siempre estén siendo observados pueden contener la irrupción de la destructividad en una sociedad donde lo normal es muchas veces la psicopatía, locura o perversión. Un estado policial no podrá evitar hechos como el de Carmen de Patagones.

En Argentina lloran la entrada al primer mundo por la puerta de los aspectos más siniestros y destructivos; acá aún no tenemos claro si hemos franqueado esa puerta.

Boyfriend arm pillow

En Japón las japonesas se sienten solas, y como Japón es el país del consumo y de cosas tan tecnológicamente avanzadas o exóticas que en nuestro lado del mundo ni siquiera tenemos los elementos básicos para verlas en un sueño, les ha creado esta extraña almohada. No hay aún versión para solteros.

Esta es una almohada con brazo incluido, que incluye un despertador en el interior, un par de camisas para reemplazarlas a medida que se ensucian; obviamente la forma y la textura son similares a la de un gentleman. No es barata (80 dólares), pero es una alternativa para la japonesa que está sola y no tiene los medios para pagar los servicios de un gigoló.

"Tu caracho penca"

Esta es una frase que usamos como saludo con los amigos de la universidad, pero en estos casos vaya que vendría bien! En el sitio Awful Plastic Surgery, pueden verse varios carachos penca, post cirugía plástica. Como la mayoría de los carachos pertenecen a famosos del stardom gringo, obviamente las cirugías deben haber costado sus buenos miles de dólares, y estos esforzados artistas tendrían todo el derecho a sentirse estafados por quedar más parecidos a un Gollum que a una versión 2.0 de ellos mismos; para muestra baste este botón. En todo caso, ¿a quién le importa?

lunes, setiembre 06, 2004

Sobremesa

He almorzado recién, una pasable colación hipocalórica (quién sabe cuánto de hipo tendrá), y para pasar este almuercito un té de durazno. Mi oficina aún no es mi oficina; durante la semana se desocupará la oficina que ocupará el ocupante de esta oficina. He tomado, eso sí, posesión de mi casco: me conseguí una etiquetadora 3M, de esas que marcan a presión las letras en relieve en una cinta y ahora mi casco ostenta mi nombre en la delantera.

La lluvia a su vez ha tomado posesión de una gran parte de Chile, y aunque anoche llegué a Rancagua sin preocuparme de la lluvia, al despertar en el silencio de las 5 de la mañana pude oír el ruido blanco de la lluvia al caer densamente en la placilla al lado de mi depa. Por suerte, al salir a tomar el bus pude recorrer mis tres cuadras sin tener que mojarme; al esperar el bus me tuve que resguardar del viento que en esos momentos hacía volar unos papeles huachos por esta avenida cuyo nombre desconozco aún. Tal vez el viento en sí no era tan fuerte, pero era cordilleranamente frío.

En la acostumbrada semiinconsciencia del viaje de subida, arrastrando la añoranza del sueño pendiente pude percibir unas ocasionales gotas de lluvia; como tenía los ojos cerrados no pude saber qué tan mojados estaban los que iban subiendo al bus. Pero no bien entré al edificio y empezó empeñosamente el agua a caer. Todos los que llegaron después que yo entraron mucho más salpicados: una ducha antes de salir, otra antes de entrar.

Al almuerzo la lluvia hizo un alto al fuego y cruzamos ida y vuelta sin tener que enarbolar nuestras banderas blancas, pero ahora, que regresamos todos al abrigo del techo, la lluvia se reanuda inclemente. No sé aún predecir el estado del clima en Rancagua según el clima de Coya; espero que al bajar haya lluvia, porque esta precipitación se me hace ideal para acompañar una melodía triste de Yann Tiersen.

domingo, setiembre 05, 2004

Dos semanas

Vísperas

Y llegó el día. El lunes me fui con mi papá a Rancagua a conversar con mi futuro empleador: Arcadis/Geotécnica; se suponía que la idea era firmar contrato y recibir mis implementos de seguridad. También pude conocer al administrador de contratos de Geotécnica, y éste me pareció buena gente, un guatón simpático.

Salimos a almorzar con mi viejo al Mall de Rancagua, y entre lo que pudimos observar en nuestro paso y nuestro recorrido por esos lados, es que la ciudad no es una gran ciudad... las calles son angostas, y según dicen los lugareños, se mantienen con las mismas dimensiones desde la época de la Colonia, sobre todo en el casco antiguo de la ciudad. Además de que no hay una sola calle que tenga un cartelito con el nombre! Hay que saberse las calles de memoria para poderse orientar.

El resto de la ciudad es de baja estatura, porque el desarrollo urbano se ha ido dando lateralmente, y no hay muchos edificios que digamos. Hay algunos, pero son bajos, de no más de 6 pisos. En el centro hay dos o tres, hasta cuatro diría yo, que son verdaderos rascacielos en comparación con el resto.

La idea de este día era poder encontrar donde quedarme, en una ciudad que apenas si conocía, ya que mientras que estaba haciendo la tesis bajaba esporádicamente de Coya a Rancagua, así que no me ubicaba. Por otro lado, mi amigo Pato Warrior emigró a Valdivia, al sur, a trabajar; el único referente extrarancaguino se había ido. En preparación a este viaje me había dateado por internet de algunos corredores de propiedades y me había impreso un mapita/collage para orientarme.

Como yo iba manejando, mi papá se dedicó a mirar por la ventana, y pudo ubicar varios edificios. Con esa referencia, después de almuerzo salimos a caminar (de paso a bajar el almuerzo) y empezamos a interrogar a los conserjes de los edificios que tenían ventanas sin cortinas. Entre los conserjes y los corredores de propiedades, el mejor dato lo obtuvimos de un conserje. Así fue como llegué a mi departamento micromachine. No estaba completamente amoblado, pero tenía una cama (gran avance) y dos veladores, además de una cocina eléctrica y un termo eléctrico, en vez de calefont.

Al conversar con Geotécnica por teléfono se me había dicho que este mismo día me iban a hacer entrega de mi equipo de seguridad y firmaría contrato, también. Cuando me presenté en las oficinas (es un decir, ya que es un departamento en cuyo living funciona la oficina; muy decadente por lo demás) no se conversó nada de firmar contrato, y de los implementos de seguridad solamente tenían en existencia un buzo naranja, que además no era de mi talla. Considerando el aspecto de la oficina, no me extrañó. Aunque había ido casi exclusivamente al trámite con Geotécnica, el viaje no fue perdido, porque me sirvió para encontrar departamento.

Al día siguiente me di una vuelta a la ACHS para hacerme los exámenes prelaborales. En ayunas por unas 13-14 horas, cansado como mula, me sometí a todas las examinaciones necesarias para trabajar en altura: exámenes de sangre y orina, espirometría, exámen físico y parámetros vitales. Anecdóticamente, cuando me sacaron sangre, al momento de retirarme la ligadura, me desmayé: lo único que recuerdo era que estaba tan cansado y que apoyado contra la pared me sentía tan bien... Después la paramédico me despertó con unas cachetaditas en la cara, y yo, desorientado al máximo, como despertado bruscamente de un sueño profundo (juraría que hasta soñé), le pregunté que había pasado. Para mi propio asombro, me había desmayado sin darme cuenta.

Recuerdo que la misma paramédico me había tomado antes la presión y me había comentado que la tenía un poco baja, probablemente por el ayuno que estaba sosteniendo; tal vez la presión me bajó aún más al momento de extraerme la sangre. Esto son sólo elucubraciones mías; quienes sepan más que yo de fisiología (como mis viejos o la Vivi) podrán decir algo concluyente.

En fin, para restablecerme de este relajante desmayo (verdaderamente siento que descansé como nunca mientras estuve inconsciente) fui a la cafetería interna de la ACHS a tomar algo azucarado y caliente... antes de entrar metí la mano al bolsillo y me di cuenta que no tenía casi nada de dinero. Menos mal que la cocinera comprendió maternalmente mi desamparo y por una suma casi simbólica me sirvió un pancito con mantequilla y una tacita de leche caliente (a la que, por supuesto, le puse mucha azúcar).

Después regresaría a Rancagua, al día siguiente, con mi amigo Lucas llevando el refri, parte de mi ropa y el microondas, más una estufa y el televisor que me regaló mi mamá. Quedó el depa más o menos a medio armar. También entre mis pertrechos estaba un juego de loza verde, que me prestaron los viejos.

En lo que quedaba de la semana tenía planes, entre ellos ir juntando y haciendo la lista de las cosas que me llevaría a mi nueva casa (sacando cuentas esta es la casa n° 9 en que vivo, considerando mi paso por los Valentines y mi depa de Concepción), encargando las cortinas, dejando todo preparado para poder ir a Concepción a ver a mi Vivi. El jueves las amistades del Fleming me celebraron este logro, y como regalos de buena fortuna obtuve un ron, una botella de champagne y un tinto de 1997. Todo ello sumado a algunas botellas de tragos que me han ido regalando en mis cumpleaños me permitiría irme armando desde ahora una pequeña cava. Yo, el que más toma.

Intermedio

Así pues, el viernes, después de una agitada semana, y coronando un agitado día en el que casi tuve que correr para poder comprar mi pasaje al sur, y correr después para no perder mi bus, además de completar la siempre importante logística de conseguir una alternativa para poderme alojar en Conce, por si hubieran moros en la costa. En el departamento de la Vivi, mejor dicho.

De todas maneras tenía que pasar por el hogar, ya que en el apuro (si se me permite llamar apuro a mi papá apurándome injustificadamente) olvidé ciertas cosas que no formaban parte de la herencia de Carlos, y que me serían necesarias en Rancagua. Al llegar pasé al hogar a recoger la llave de mi expieza, a saludar al administrador y a ver con cuáles de mis amistades me podría encontrar. Lamentablemente, de mi círculo más cercano no encontré a nadie, y partí al centro.

Por suerte para nosotros, no hubieron moros en el depa, el fin de semana con la Vivi fue maravilloso, yo pude descansar los trajines de la semana y aunque me hubiera encantado no fui capaz de levantarme y acompañarla al entrenamiento de volley: estaba muerto. Muerto de tanto viaje! En ese fin de semana pude comprobar que después de nuestro impasse nos hemos reoxigenado, y que nos hemos fortalecido como pareja: después de estar lejos de mi Vivi por tres semanas, esos pocos días en su compañía fueron para mí como una entrada a pits.

Brisas frescas entraron por mis ventanas cuando me dijo que también se alegraba de que hubiera conseguido trabajo, y un buen trabajo; además dijo que aprovecharía el Congreso en Antofagasta para hacerme una visita y acompañarme a comprar plantas para mi depa. Entre otras cosas, es posible que en el verano la tenga de visita por esos lados! Y es una idea que me encanta.

Pero como cuando se pasa bien el tiempo vuela, tuve que regresar a Talca, y a preparar mis maletas para el día siguiente, en que viajaría para pasar mi primera semana en mi nueva casa.

Cuando voy al trabajo

Llegué tarde de Concepción, y madrugué para dejar listas las maletas para el día siguiente. Como siempre que regreso de algún viaje, no importa lo cansado que esté, converso con mi mamá, me enteré que habían salido en la tarde a comprar: los cubiertos, ollas, vasos, cuchillería y tabla, los taburetes para el mesón, entre otras cosas. Mientras me dediqué a armar los bolsos con mi ropa, algunos libros, CDs y DVDs, agregando unos tarritos con Mp3.

A la mañana siguiente con sorpresa pude darme cuenta que, aunque el portaequipaje del auto es grande, se hacía chico para tanta cosa que tenía que llevar. Finalmente cupo casi todo, mientras que algunos colgadores con ropa fueron de pasajero en el asiento trasero. El día fue bastante ajetreado, y creo que sin la ayuda de mis viejos aún estaría terminando de ordenar. Y de comprar: para dejar el depa preparado hacía falta tener útiles de limpieza y comestibles.

Como la mayoría de los artefactos son eléctricos, armé el depa con ampolletas de bajo consumo, que si bien son caras, consumen un 80% menos que las incandescentes. Y así y todo trato de prender lo menos posible las luces para que a fin de mes no me salga exageradamente cara la cuenta de la electricidad: desde ahora soy yo el que paga las cuentas! A pesar de todo, lo que más aumenta la cuenta es la ducha diaria, porque el depa está equipado con termo eléctrico.

Lo anterior sucedió un día lunes, en el que además firmé el contrato; el martes en la mañana fui a ponerme la soga al cuello con la AFP; en el plano de la salud, por este mes seré obligatoriamente Fonasa, y al mes siguiente estaré en libertad de ponerme la soga con cualquier ISAPRE. En la tarde del mismo martes fui a recibir mi Charla de Hombre Nuevo en Geotécnica (que está a una cuadra de mi depa) y a que me entregaran mis implementos de seguridad: casco, guantes, lentes, protección auditiva, buzo y botines (que para variar no correspondían a mi talla).

El día miércoles me tocaba presentarme a las 8 de la mañana en la Superintendencia, así que me levanté a las 6, me afeité, y mientras me terminaba de afeitar, me llamó Viviana para desearme suerte. Salí caminando de mi depa y fui a pie hasta la Casa 13, en la que funciona la Superintendencia de Servicios y Suministros, SSU abreviadamente. Llegué adelantado en 5 minutos, y me caería de sopetón la noticia que aunque originalmente trabajaría en Rancagua (que es más cómodo, porque la entrada es a las 8, y está todo más cerca, y no hay que perder tiempo en los traslados) mi lugar de trabajo iba a ser, cómo no, Coya.

Mala noticia, por un lado, ya que en vez de levantarme a las seis y media me tendría que levantar (como lo he estado haciendo) a las cinco, para tomar el bus a las 6 y entrar a trabajar a las 7. La buena noticia es que entro a trabajar con gente que conozco y con la que hay amistad, gente que conozco desde que hice mi práctica en el verano del 2003. Otra buena noticia es que al parecer el jefe está negociando un desplazamiento de la jornada, para lograr entrar a las ocho en vez de a las siete, y como el equipo definitivo seremos cuatro personas, probablemente la subida sea en camioneta y no en bus. A esa hora el grueso de los buses que llevan a los trabajadores a la Mina ya ha subido, y uno puede hacer el camino en 20 mintos, en vez de los casi 40 que demora el bus.

Mañana, lunes, me instalaré en mi oficina, y me continuaré empapando de la labor que iré desarrollando en Coya. Ahora el edificio 267 lo compartimos con Pacific Hydro, el actual propietario de las centrales Coya y Pangal; entre los ingenieros de Pacific conocí un rumano, Olimpiu, y he tenido el gran placer de hablar rumano en estos tres día que llevo trabajando. Otro de los ingenieros de Pacific es papá de una amiga de la hermana de Viviana, mientras que en Agrosonda trabaja el papá de otra amiga. El mundo es un pañuelo, nunca mejor dicho.