domingo, agosto 22, 2004

Punto de inflexión

Finalmente se produjo el punto de inflexión, que ya tardaba. El viernes pasado me llamaron de Rancagua, comunicándome que empiezo a trabajar en El Teniente el 1° de septiembre. Pero vamos paso a paso. He dejado de escribir hace un tiempo ya, careciendo enormemente de la motivación necesaria, puesto que el tedio de las jornadas constantes me fue aplastando, y ya no pude inspirarme para escribir.

Entre tanto, recibí mi diploma, aprovechando de reencontrarme con mis amigos de la carrera, amigos que no veía hace un tiempo bastante largo... desde el día que defendí mi tesis. Lamentablemente, por una omisión sin importancia, la Viviana no pudo asistir, aunque le hubiera gustado. También a mí. Antes de eso, pude hacer un viaje a Concepción a ver a Viviana, que estaba con una gripe horrible; aprovechando esto, pude asistir también a una reunión de titulados, previa a la ceremonia de entrega de diploma.

Lamentablemente, no pude quedarme por el fin de semana, porque, por la misma gripe, viajó también la mamá de la Vivi, preocupada. No hubo argumentos para convencerla de quedarse en Talca, así que para mantener el decoro me regresé con ella a Talca. No me aventuré a quedarme para no causarle problemas a la Vivi, pensando que el siguiente fin de semana, al venir a la titulación, nos podríamos ver por más rato, lo que en la práctica fueron unas pocas horas en dos días.

A comienzos de julio también estuve por Concepción: era el cumpleaños de mi querida Vivi. Salió muy entretenido, pues además de la presencia de la familia llegaron los compañeros de curso y los amigos que ahora están haciendo el internado en Chillán. Yo pude sorprenderla con su regalo, y además pude pasar un entretenidisimo fin de semana con ella.

Después vendrían las vacaciones, que sirvieron para alisar aristas ásperas que se habían ido formando con el tiempo, tanto por ir soslayando temas que ambos pensamos que eran de nimia importancia como por no poder disponer de ratos que fueran de ambos, y de nadie más. Y por no tener la visión de crear estos espacios. Por fortuna superamos este impasse, y retornamos a la normalidad, con mucho agrado por parte de ambos. Nuestro pololeo se vio reavivado después de esto.

El día de la titulación retiré lo que me iba quedando de cosas en el hogar, le dejé testado a Carlos lo que no me traería, y aproveché de compartir un agradable rato con Carlos y Mauricio, como pasajeros en el asiento trasero, al regresar a Talca. Nunca pensé, cuando recién empecé mi paso por el Valentín 2, que al irme, ya en forma definitiva, me sentiría triste.

Durante las vacaciones, las de la Vivi, se entiende, me llegó un mail de mi jefe comunicándome que existía una posibilidad de un puesto de trabajo en El Teniente, y que yo podría ser candidato. A no ser que ya estuviera trabajando, lo que en mi caso era falso. Así que fui a reunirme con el Superintendente, en la Casa 13 de El Teniente, en Rancagua. Fui vestido como correspondía a la situación, llevé varias copias de mis CV debidamente actualizadas, y comparecí ante las autoridades de la Superintendencia.

Al parecer había otro candidato, y como además me dieron la respuesta estándar ("te estamos llamando, ah?") temí en algún momento que me quedara tan sólo en la entrevista. Mis temores se acrecentaron a medida que pasaba el tiempo y no recibía noticias de Rancagua; claro que estas cosas, me decían, toman algo de tiempo. Entre tiempo, para no perderme en la vida, envié unos (últimos) curriculums a algunos puestos algo esquivos, que salen publicados en el Mercurio.

La semana pasada, el día jueves, en una tertulia del Colegio de Ingenieros (entre tanto me colegié y me entregaron las credenciales) conocí a varios ingenieros, relativamente jóvenes, egresados de mi Universidad, que tienen sus empresas de ingeniería en Talca. Al enterarse de mi situación, me ofrecieron trabajo, con una baja remuneración (obviamente: son empresas chicas) por mientras encontraba trabajo en una empresa grande, donde tuviera mayores posibilidades de progresar. Para mí, en el momento, un buen trato: trabajaría en Talca, tendría un ingreso, ejercitaría lo aprendido y combatiría el tedio de la mejor manera.

Alejandro Pozo, el colega del trato, me dio entrevista el viernes en la mañana; fui, conversamos, arreglamos el mundo con un café, y quedé citado para el siguiente martes: inicio de labores provisorias. A la hora de almuerzo recibí la noticia de que empezaría a trabajar en El Teniente, y que mañana, lunes, debía ir a firmar el contrato.

Además deberé encontrar vivienda en esta semana que va quedando, además de amoblarme con lo indispensable; por lo pronto tendría un microondas y un refrigerador. Además, ya preparándome para mañana, tengo un mapita de Rancagua que imprimí desde internet, datos de dos corredores de propiedades y de un departamento que se ve muy bien, pero en foto.

Por ahora no tengo más novedades!... pero ya vendrán más.

Amazing

No soy un fanático del tenis, aunque he aprendido a entender las reglas y la forma de puntuar, con el tiempo. He aprendido a disfrutar de un buen match. Recuerdo que uno de los partidos que más gocé, y que más sentí la tensión del momento, fue aquel en que Ríos, derrotando a Agassi, se encumbró como número uno del ranking ATP. Ese debe haber sido uno de los partidos que más disfruté. Hasta hoy.

Hoy en la tarde el tenista chileno Nicolás Massú, en un esfuerzo sobrehumano, se tituló campeón olímpico de tennis singles. Ayer, en compañía de Fernando Gonzales, había logrado ser campeon olímpico de tennis dobles. Entre ambos partidos mediaron algo así como 15 horas, a lo que, restando la rueda de prensa, el test anti-doping para el que fue elegido, el masaje post-partido, pudo dormir algo así como 6 horas. Tal vez.

El equipo olímpico de tennis chileno es pobre, no da para tener tenistas exclusivos para dobles o singles, así que Massú & Gonzalez debieron hacerle a todo, así que el desgaste se iba acumulando, lógicamente. Es por eso que la ya gran hazaña de lograr ganar el título de Campeón Olímpico en este caso es aún más digna de admiración.

En mi vida había estado tan emocionado con un partido de tennis, ni había visto que los comentaristas rompieran a llorar. No me hubiera imaginado ver a mi papá con los ojos brillantes partir al baño a sacar papel para secarse los ojos. Probablemente los míos también se humedecieron.

En algún momento pensé que Massú se iba a rendir y que se iba a retirar. Lo veía tan disminuido anímica y sobre todo físicamente; era evidente que las fuerzas ya no le acompañaban y que las piernas a ratos se negaban a responder. Además el rival estaba descansado y en buena forma, aunque en igualdad de condiciones no sería rival para Massú: en tres sets lo hubiera liquidado. La pérdida de fé se justifica, ya que la ex primera raqueta y ex ídolo Ríos, en una situación similar, sencillamente se dedicaría a paletear para terminar luego con el trámite.

Pero Massú no se rindió jamás: corría a todas las pelotas como si fueran recién los primeros minutos de partido y no casi cuatro horas de intenso tennis, después de otro partido de más de tres horas y media, el día de ayer. Cuando todos pensamos que no daba más, que el partido era del gringo, Massú remontaba. Cuando pensamos que Massú estaba muerto, daba señales de vida y a poco andar se paraba y caminaba. Viviana me había dicho que Massú quería ser campeón olímpico: y lo fue, pero olímpicamente.