sábado, marzo 27, 2004

Aventura de una entrega

Mi profesor me entregó las correcciones al Trabajo. Consistentemente con la historia del Departamento de Ingeniería Eléctrica, después de la amanecida en Coya para darle el formato al texto, la principal observación al Trabajo decía que el formato no corresponde. Curiosamente, para darle el formato, me ceñí al librito de Reglamento de Memoria que me entregó la secretaria.

En fin, le volví a dar formato al dichoso Texto. Otra noche de acostarse tarde: es un poco difícil cuando se ha perdido la práctica. Al día siguiente el plan era más o menos como sigue: me levanto temprano, a las 9:00 estoy donde la Viviana, imprimo el segundo borrador, luego saco fotocopias para entregar. Entrego antes de las 12 y estoy listo.

Obviamente, no fue así. Al terminar la impresión, como a las 11:30, me pongo a revisar El Texto, y me doy con la sorpresa que Word, porfiadamente, arregla el formato según le da la gana, y no según me da la gana. Maldito Bill (ca)Gates y sus secuaces. Tenía títulos de figuras en páginas diferentes, tablas corridas de página, hojas en blanco... En fin... Me resigné (con cierta desazón) a tener que imprimir las hojas que salieron mal y a entregar antes de las 18:00. Después me daría cuenta (con un gemido de decepción) que tendría que imprimir todo el Trabajo de nuevo.

Ahora se pondría en mi contra la tecnología: el computador se colgó varias veces, tanto así que después revisé la versión digital unas 3 o 4 veces antes de imprimir. Después (a último minuto) me di cuenta de un detalle que haría tambalear el índice. Así que a volver a imprimir el índice, y a las 18:45 salí a fotocopiar las 4 copias que tenía que entregar. Entregué mi Original, y regateé infructuosamente una rebaja en el precio final.

Tras la hora de espera, fui a buscar, acompañado por Viviana, mis copias. Al llegar a su departamento, nos ponemos a revisar las copias. Eran una mierda!!! Lo veía y no lo podía creer. Los gráficos apenas si se veían, las fotos eran peor que fotos de afiche de elecciones de Federación de Estudiantes, algunas hojas estaban torcidas, otras estaban dobladas... No se pueden imaginar el mix de sentimientos: cansado, decepcionado, molesto por el desperdicio de dinero, resignado (en la medida de lo posible). Quemado, en resumen.

Menos mal que tenía a Viviana conmigo, que me convenció de imprimir no sólo las hojas que salieron mal en las fotocopias, sino que todo el Trabajo. Imprimir las 4 copias, cosa que debí hacer en un principio. El argumento más sólido (como granito, en realidad) de su razonamiento decía que, al ser este El Trabajo de fin de carrera, no importaba el gasto; más aún, no podía entregar la mierda de fotocopias que tenía en mis manos a la comisión, pues causaría una horrible impresión. Tenía razón.

Me acompañó a comprar otra resma más de hojas y me hizo compañía mientras imprimía las 4 copias. Después, ya cerca de la 1 de la madrugada del día siguiente, puse mis copias perfectas (sin que Word pensara diferente) en unas vistosas carpetas amarillas, las eché a un bolso que me prestó Viviana, y me fui a descansar merecidamente al hogar.

La sucesíón de anécdotas no termina ahí: al llegar al día siguiente a entregar mis 4 copias, la secretaria me dice que son sólo 3. Rayos y centellas. Inicio después los trámites para certificar que no tengo deuda de materiales con el Departamento, y me doy con la sorpresa que en pañol tengo deuda. Una deuda arrastrada desde el 2001. Una deuda de materiales que estoy seguro devolví ese año. Como no pensaba hacerme problemas, venga, a pagar calladito la deuda (como no significa una cantidad monstruosa de dinero... a lo mucho 10 viajes en colectivo). Estos trámites, a todo esto, consisten en obtener autógrafos hasta del auxiliar que barre los pisos del departamento.

Después en la biblioteca del Departamento, resulta que también tengo deuda. Deuda de un libro que nunca pude sacar, ya que estuvo siempre prestado. Es más: al revisar con Romerito (junior del departamento, encargado no-oficial de la biblioteca porque la verdadera encargada, la secretaria de postgrado, solo puede disponer de una hora al día para atender a los estudiantes) las fichas de préstamo, las correspondientes al libro que no adeudo, comprobamos que mi nombre no estaba en ninguna de ellas. Los últimos préstamos registrados corresponden al año 2000, a un colega conocido como Guasón.

Como se ve, nadie crea que el camino hacia la titulación es un camino con alfombra roja; está cubierto de piedras/piedritas/peñascos, algunas de las cuales forman parte normal del camino, mientras otras las ponen los de la Facultad, y otras las he tirado yo mismo. Sin embargo, no me caí (aunque me golpeara con las piedras) porque tuve a Viviana para apoyarme en los momentos de desequilibrio.