martes, marzo 09, 2004

Al borde del día



Son alrededor de las cinco y media de la mañana, el pan del desayuno está en el hornito eléctrico, la tetera sobre la cocinilla eléctrica, la impresora echa humo, el computador y yo también. Empecé a imprimir mis casi 120 páginas de memoria (53, en rigor; el resto son anexos, índice y tapa, etc) casi a las 4 de la mañana; aún estamos en la página 84-85. Creo que me he pasado de abusivo con la pobre impresora de red (o tal vez con la red) al haber tenido el atrevimiento de poner tanta tabla inserta en mi trabajo.

En el intertanto al ir a buscar el té y mi pan del desayuno, me golpee con el canto de una puerta y me quemé los dedos con té verde caliente... Rayos... y en el mismo instante, la impresora empieza a volar; acaban de sonar los pitos del fin de la impresión. Y ya casi me voy a la cama.

Para no quedarme dormido, he echado mano de la música: vamos poniendo heavy para alborotar los ojos soñolientos y las ojeras terribles: soy un mapache. Un mapache contento, señor, contento porque el borrador de mi memoria está impreso, esperando que llegue el día para ser perforado, encarpetado y entregado al jefe que lo corregirá inmisericordemente.

Con un poco de suerte, como el jefe ha estado al tanto del desarrollo del trabajo, tal vez no haga falta una revisión tan profunda (y por ende, larga) y pueda ir a Concepción a entregar la segunda revisión del primer borrador el jueves. Y ya echar a andar el fin del proceso de titulación tan ansiado.

Y ya se viene el día en que regreso al alma mater, soñado por algún tiempo. A reunirme con mis grandes amigos; a ver alguno que otro compañero de la facultad; a ver a Viviana. A preparar la presentación del trabajo. A ensayar la presentación del trabajo.

Es extraño que la inspiración me haya llegado a horas tan inciertas y tan oscuras: aún no amanecerá por unas dos horas y media más. Y arrullada por Iron Maiden. Alimentada por un pancito con queso y regada por un té verde (del otro no me queda ya: parece que en mi ausencia alguien se pasó de listo, pero no estoy muy seguro).

Falsa alarma: los pitos que tocaba la impresora era porque se había quedado sin papel; justo faltaban dos hojas para completar el texto. Y además está de bromas la impresora: imprimió algo que no recuerdo haberle pedido. (Sabrán disculpar culpe a la impresora de un posible error propio; a esta hora, uno no tiene la culpa.)

Marzo será mes de conclusiones (espero). A fines de mes, compareceré ante la comisión, vestido en un impecable terno, luciendo un impecable corte de pelo y un impecable nerviosismo. Después, sea cual sea la nota (por lo menos aprobado - no he visto nunca que reprueben la memoria a alguien, aunque indudablemente ese alguien lo merecía, en opinión de sus compañeros de curso/carrera) vendrá la ceremonia de los abrazos, y finalmente podré saber qué es lo que le dicen los profesores al recien titulado en la soledad del auditorio. Ya me lo imagino:

- Joven, ahora que ya está titulado ¿piensa venir a especializarse en nuestro programa de magister y o doctorado?
- Es una alternativa para tener en cuenta. (Para sí mismo: 'Tai má' loco, después de lo que me costó salir!)
- ¿Qué le parecería un puesto en mi consultora? Justo tengo una vacante que se ajusta a su perfil.
- Lo pasaré a ver a su oficina durante la semana para conversar esto en detalle. (Seguro, una vacante! Tenís 10 titulados trabajando por un sueldo que no cobran ni los auxiliares de la facultad, y por una jornada que no permitirías que tu hijo cumpliera.)
- Muy bonito su terno, ¿lo compró en Patronato? Mis Gianni Morelli los compré ahí.
- Esos son muy distinguidos también. (Ya me preguntaba yo dónde vendían los ternos del Guasón que te ponís de repente.)
- ¿Qué tiene pensado hacer ahora?
- Pretendo celebrar con mi familia este logro importante.
- Esperamos que le vaya muy bien, y esperamos tenerlo de vuelta pronto.
- Gracias, seguro me van a tener bien seguido por aquí. (Seguro...)

¿Será algo así? Ya contaré después si acerté. Por ahora, la única parte donde quiero acertar es justo en la mitad de la cama, porque son las seis de la mañana, y aun me queda un poco de sueño, que me da pena desperdiciarlo quedándome despierto. Thank you Maiden por la cafeína sonora.