martes, enero 27, 2004

Sweet 27 & primera semana

En rigor debería escribir estas líneas en gris, pues ese fue el color de la semana pasada. Empezó bien, mi mamá se graduó de un postgrado en nutrición el 16, con distinción. Claro, como la ocasión ameritaba, la acompañamos a la solemne ceremonia en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Aproveché el viaje a Santiago para regalarme algo por mi cumpleaños.


A vuelta de la capital pasé unos últimos momentos con Viviana, comiendo humitas con harto hollejo. Pero harto. Muy ricas, pero si, por lo que me dijeron, estas estaban más o menos no más, realmente anhelo probar las que, a juicio de ellas, salgan bien. Los últimos momentos antes de que Viviana saliera de vacaciones, en la mañana del 17. Ahora está en La Serena, pasando unas vacaciones que ya me las quisiera yo, más aún considerando que no tengo posibilidad de salir de vacaciones este año, al igual que el pasado. Pero ¡ya regresa!, espero con todas mis ganas que vuelva temprano el sábado; si no, la veré recién el domingo. Se me hace eterno!

Además de las humitas, recibí mi regalo adelantado: Once Episodios Sinfónicos, en DVD. No lo veo aún (lo tengo pendiente) pero lo he hojeado y tiene una cantidad impresionante de extras: entrevistas, reportajes, bonus tracks. Otro de los regalos: una tarjeta que me escribió mi Vivi, que me emocionó a la primera leída. Me emocionó, me infló el corazón y los pensamientos, me dio alas y sonrisas.

Al día siguiente, sin que contara entre mis deseos (hagan como quieran), se organizó una parranda en mi casa, para celebrar mi cumpleaños, donde hice un asado para agasajar a los invitados. Yo no invité a nadie, pues quiero que el grupo esté completo, y que ojalá no falte nadie. Sin embargo, como nada es absoluto, me acordé repentinamente que un compañero de hogar estaba en Talca, haciendo un intensivo de alemán, con vistas a una pasantía en Alemania, en algún momento durante agosto. Así que lo invité a que se sirviera su carnecita.


Salió bastante bueno, sobraron risas y carcajadas, ya que vino el Chico Olate, que además de conocer a mi papá como del Cuaternario, es muy gracioso, y las bromas no fallan. Vino una amiga de la familia, que ayudó a poner el hombro, y que es casi - casi enfermera. Como a mí, sólo le falta cumplir con el trámite. Se formó un grupo bastante animoso, pero faltaba Viviana para que mi felicidad fuera completa, y no hubieran espacios.

El lunes pasado pasé el 19.1 más horrible de mi vida. Lejos de todo y todos a quienes quiero y considero especiales. Viviana en el norte, Carlos y Mauricio en sus casas, yo en Coya, los viejos en la casa, sólo por mencionar a los especiales que viven en Chile. ¿Cómo reunirlos a todos, siendo tan dispares las distancias?

A comienzos de año planeaba tomarme libre la semana del 19, para estar con Viviana, poder invitar a mis amigos a Talca para pasar un rato juntos, rato que no hemos podido pasar últimamente, tomar un pequeño break de Coya. Pero el viaje de Viviana cambió el panorama, y aún no he rearmado el castillo.

Puesto que la gente de la oficina estaba sobre aviso, me saludaron las secretarias, los amigos me dieron abrazos. Para endulzarlos a todos estuve regalando chocolates a quienes se me cruzaran por el camino, celebrando, tratando de estar alegre, sin tener más que el dudoso motivo de cumplir años.

Estuve triste en crescendo el 19: empecé el día bien, con el ánimo alto. Pero avanzada la tarde me fui dando cuenta del día que era, y de dónde estaba yo; quienes me acompañaban eran mis (a ratos) aborrecibles compañeros de oficina, vecinos de edificio y piso, comensales al almuerzo, coequipos del bowling: compañeros de Coya (por suerte no comparto con ellos la habitación!). Para ser justos con la verdad, nunca antes había sentido tantos deseos de no estar. Sólo quería irme. O evadirme durmiendo profundamente y sin sueños, por unas 10 horas.

Pasé un cumpleaños de mierda, triste, sin torta pero con guinda: mi celebración (por el momento) fue una Stone con un paquete de galletas de nombre olvidable, mirando una película, que creo era la Caluga o Menta de Justiniano. Mal corolario para un mal día. Entre otras cosas, llamé a Viviana para consolarme, para insuflar un poco de energía a mi moribundo ánimo, sin muy buenos resultados: creo que mi ánimo por el resto del día estaba ya con el aceite y los sacramentos listos, sólo faltaba el puñado de tierra.

El resto de la semana no sería diferente: casi todos los días las ganas de irme (más que de irme, de no estar) me atosigaban, como hace tiempo no sentía la sensación. Desde el jueves, sin embargo, al imprimir lo avanzado de mi memoria, tuve una repentina inyección de stamina: realmente es más fácil apreciar en papel el avance, y éste era considerable. Terminarla es inminente! y eso me motiva bastante. (El viernes podría decirse que, en vez de irme, huí de Coya.)

Es por ello, entre otras cosas, que hoy estoy motivado/inspirado para escribir; la semana pasada estaba demasiado low para hacerlo, aunque mi cabeza bullía con ideas y frases, listas para el papel. Además ayer, en entrevista con el profesor, resulta que el avance de la memoria es bastante bueno. Por otro lado, gracias al viaje de ayer, la semana se ha acortado bastante, y no pasará mucho tiempo antes de volver a estar en brazos de mi Vivi: la siguiente nota que escriba será de color rosa.

Il consigliere


Quienes han visto El Padrino, o por lo menos la han leído, recordarán que el consigliere de Don Corleone, Tom Hagen, fue recogido de la calle con una infección en los ojos por Santino, el primogénito de Don Vito, cuando eran niños. Don Vito lo adoptó, y no permitió que Tom cambiara su apellido. Así, con los años, Tom se hizo abogado y reemplazó en sus funciones a Genco Abbandando, el original consigliere siciliano de Don Corleone.


En este caso, la historia se extrapola a dos perros: El Arrugadito/Goku y el Misu (Mee-shoo), mi primer perro. El Arrugadito es un perro que tiene un ojo perdido, ya que tiene un terigium, un carnosidad sobre el ojo derecho, y muy probablemente una infección, ya que siempre tiene los ojos con secreciones. Para efectos prácticos, este perro es tuerto. Pues bien, el Misu se hizo amigo del Arrugadito, y no tardamos en conmovernos con este perrito, lleno de cicatrices, de la cola quebrada en un extraño ángulo, y tuerto para más remate. El Arrugadito lo esperaba en la puerta para que saliera a jugar, y lloraba cuando el Misu entraba.

Poco a poco le fuimos dando cariño, y este perro se fue dando. Por sus innumerables cicatrices y por sus costillas marcadas pudimos darnos cuenta que era callejero, que pasaba hambre, y además, debido a que la primera reacción del perrito al estirar la mano es agachar la cabeza, como si fuera a esperar un azote, creemos que era azotado a menudo, y desde temprana edad.

Averiguamos entre los vecinos quién podría ser el dueño de este animal, y despues de unas cuantas conversaciones averiguamos más datos, como su edad (dos y medio, muy por debajo de los 10 que le pusimos) y su verdadero nombre: Goku, como el de los monos animados, mestizo de Shar-Pei con Labrador.

También averiguamos un poco de la historia canina de nuestro nuevo consigliere: la primera familia que lo tuvo no podía cuidarlo, así que lo regaló a los anteriores dueños; estos, a su vez, al no poderlo cuidar, lo echaron a la calle. Es desconocido para nosotros cuál de las dos familias era la que azotaba al animal, que tiene tantas cicatrices como Rambo. Conversamos con el último dueño para hacer oficial el traspaso, y así fue como llegó a vivir con nosotros.

Pienso que la forma en que se trata a las mascotas, a los animales en general, refleja la forma de comportarse de las personas. Alguien dirá: cuidar un perro cuesta caro, no es fácil de mantener; de acuerdo. Pero entonces, regálenlo, no lo echen a la calle!!! No faltará quien quiera hacerse cargo de un perrito, que además es sumamente manso.

Ya hace una semana que nos estamos haciendo cargo del nuevo miembro de la familia, oficialmente, ya que hace tiempo que nos estabamos encargando del Arrugadito. Ahora ya duerme en la casa, juega con su amigo, y los viejos y yo vamos viendo como se recupera este ex-callejero, como se va animando y como se va dando cada vez más. La analogía llega hasta ahí, claro, porque lo de estudiar derecho y ser consigliere... bueno... imposible.