martes, enero 13, 2004

No way out


Son alrededor de las 19:20, y he estado tratando de llamar a Viviana, pero en su casa nadie responde, mientras que a su celular me sale la vocecita que me recomienda dejar un mensaje en el buzón de voz. Lo malo es que Viviana no puede rescatar los mensajes de voz, no sé si por un defecto de su teléfono o porque no tiene activado el servicio. Bueno, me dije, total, en esta era de las comunicaciones, de acrónimos (LAN, WAN, ISP, Wi-Fi, 802.11a/b/g, USB, AGP, CDMA, TDMA, CCCP, GPS, IRC, MSN, ICQ, CPU, HD, LCD, PDA, VoIP, SMS, WTC), puedo conectarme a internet y mandarle un mensaje de texto al celular. Para eso somos una generación conectada.

Normalmente no le envío mensajes de texto a no ser que los mande de mi propio celular (ya que Bellsouth cobra al destinatario por cada mensaje enviado por internet); pero en ciertas y contadas ocasiones puede justificarse semejante abuso: yo mando y ella paga.

Me conecto a internet y me doy con la sorpresa de que no hay... Respecto de internet en las oficinas, se supone que solamente los viejos Teniente (contratados por El Teniente) de cierto rango tienen: los jefes; los contratistas, no. En el edificio son dos los jefes, pero son más de dos las personas que tienen internet; como todo, las contraseñas de internet también se trafican, aunque no creo que sea ni por plata ni por favores sexuales, sino como gestos de amistad.

Estas caídas súbitas de internet dejan fuera de la red tanto a los usuarios legítimos como a los clandestinos, y dejan todo de cabeza, ya que para una generación como la nuestra, quedar súbitamente off-line, sin acceso a algo que hoy es omnipresente entre nuestros coetarios, tal como la red o los mensajes de texto o las llamadas al celular, genera una sensación de aislamiento a la que no estamos acostumbrados... no en el sentido de un mail que rebota, ni en el sentido de un celular sin cobertura; es el NO acceso, cuando debería haberlo, el que estorba. Cuando se masificó el teléfono, muchos deben haber sentido de igual manera al quedar sin teléfono por una u otra razón. Cuando digo teléfono, me refiero al de red fija. Decimos que no hay salida, lo que no quiere decir que no podamos irnos.

Hoy, cuando las comunicaciones son parte de la cotidianeidad, el que falten repentinamente nos hace volver algunos años atrás, cuando internet no estaba en los diccionarios ni en el habla casual, ni existian celulares que sonaran inoportunamente en cualquier parte. Regresamos a los '80, cuando la vida parecía ser más tranquila.

ps.-

22:00: ya regresó internet, ya mandé el mensaje, y me imagino que Viviana no está en la ciudad, o no tiene prendido su telefono. Intentaré comunicarme mañana, nuevamente.

Lo escrito anteriormente es consecuencia de esta vida on-line, donde el hecho que una persona no esté ubicable se ha vuelto algo extraordinario. Ya no se dice, como antes de los celulares, que la persona simplemente no está; ahora se dice dónde estará, o qué estará haciendo; queda sobreentendido que al tener celular la persona no tiene justificación para no estar, porque lo lleva consigo a todas partes. No he escuchado a nadie decir que el celular está ahí para conveniencia del que lo tiene, no del que llama.