martes, diciembre 23, 2003

Fiesta/Alegría



Es 23. Y yo aún veo lejana la partida de acá. Lejana, pero en menos de 20 horas estaré en mi casa. Tengo unas ganas terribles de salir de aquí, distenderme en un ambiente familiar y dormir en mi cama, no en la batea que hace el somier vencido de la cama que tengo aquí. Tengo ganas de estar con los amigos que he visto poco, muy poco este semestre.

Tengo ganas de escribir una novela. Tengo ganas de cocinar algo rico y servirlo presentado como lo hacen los grandes chefs. Tengo ganas de terminar de una vez la memoria y comenzar la siguiente etapa de esta vida (buscar trabajo, moverse con una beca). Quiero ir al cine. Quiero comer buena comida.

Quiero poder ir al centro a tomarme un helado o un jugo con Viviana. Quiero poder hacer un break y destrozar la guitarra como descanso. Quiero poder ver las noticias por las noches. Tengo ganas de salir al campo, a la playa, al sur. Quiero salir a caminar con mi amor por la calle, a cualquier parte.

Quiero un tiempo para relajarme de esta jodida rutina de oficina-choca-oficina-choca-oficina-dormir. Quiero evadirme un poco de Coya, de las bajadas los viernes, de los viajes en tren, de tener tan poco para hacer cuando se está hastiado.

Ya me he empezado a aburrir de ver siempre el mismo panorama desde mi ventana; lo puedo solucionar girando mi mesa-escritorio hacia la pared. Me he empezado a aburrir también, supongo que por la convivencia forzada, de mis compañeros de oficina.

Quiero volver a tener las sobremesas interminables con Carlos y Mauricio, mis amigos/compañeros. Sobremesas que reunían a veces un montón de oyentes/opinantes alrededor de la mesa convertida en un foro. Sobremesas que daban para varios días de conversación. No tengo cerca tampoco a los amigos de la carrera, con quienes podría hablar por mucho rato de temas interesantes; amigos de la carrera que forman parte de los lugares comunes.

Lo más cercano que tengo es la Navidad, fiesta que es comercializada como una gran fecha de alegría y felicidad para todo el mundo, en cuotas, claro; empiece a pagar su felicidad en marzo. Pobres, no saben que la felicidad es gratis! Basta con tener un poco de suerte, alguien que prodigue amor y energía, metas alcanzables en un corto plazo y algo secreto de lo cual colgarse para volar. Me basta estar enamorado y sentirme querido, me basta saber que mañana me voy a casa.

Felices fiestas a los ausentes.